La Pona no admite colores

Las fotografías captan apenas un instante, pero nunca cuentan la historia completa.
La imagen de hace unos días mostró a un gobierno entregando simbólicamente a la ciudadanía las escrituras de La Pona. Para quien desconozca el contexto, podría parecer que la conservación de este bosque urbano comenzó ahí. Sin embargo, basta mirar tres décadas atrás para descubrir una historia completamente distinta.
La Pona nació como un espacio de resistencia al sistema.
Mucho antes de que apareciera en el radar electoral, ambientalistas, académicos, colectivos y vecinos dedicaron años a defender este espacio natural de un destino que parecía inevitable: convertirse en un desarrollo inmobiliario y por consecuencia, en negocio para el panismo hidrocálido.
Promovieron recursos legales, denunciaron incendios, documentaron afectaciones, protegieron el bosque incluso poniendo en riesgo su propia integridad y sostuvieron una lucha que, por momentos, parecía asimétrica.
Por eso conviene poner las cosas en su justa dimensión.
La adquisición del predio no fue producto de una repentina conciencia ambiental del PAN ni de un acto espontáneo de buenas intenciones. Fue consecuencia de la presión constante de quienes durante años se negaron a abandonar esta causa y terminaron haciendo políticamente inviable cualquier otra alternativa.
Lo preocupante viene ahora entre líneas con la fotografía de hace días.
Una causa legítima terminó convertida en el banderazo de salida de la campaña del panista Leonardo Montañez rumbo a la gubernatura de 2027.
Las redes sociales documentaron la movilización de camiones y estructura de funcionarios estatales y municipales para llenar el evento. Lo que debió ser un reconocimiento a quienes defendieron La Pona durante décadas, terminó convirtiéndose en el primer mitin del PAN rumbo al 6 de junio de 2027.
Y ahí está el problema.
La defensa de La Pona no nació para impulsar candidaturas, y mucho menos, para reescribir la historia de una lucha ciudadana mediante un evento político-electoral.
Si el compromiso con este predio fuera tan profundo como se afirmó hace unos días, todavía quedan tareas mucho más importantes que organizar ceremonias. Falta transparentar el contrato de compraventa, hacer públicos los avalúos, concluir la adquisición de la totalidad del predio y garantizar su protección definitiva mediante una declaratoria integral como Área Natural Protegida.
Mientras esos pendientes sigan abiertos, cualquier intento por presentar esta historia como una misión cumplida resulta, cuando menos, prematuro.
Hay otro detalle imposible de ignorar. Quienes sostuvieron esta causa durante más de 30 años terminaron relegados precisamente el día en que debían ocupar el lugar principal.
La forma también comunica.
Si el propósito era reconocer a quienes salvaron La Pona, el escenario debió pertenecer a los colectivos, ambientalistas, vecinos y ciudadanos que nunca abandonaron esa lucha. En cambio, el protagonismo terminó concentrado en Teresa Jiménez y en Leonardo Montañez, quienes buscan convertir esa historia en una plataforma electoral.
La historia no recordará a quien llegó para la fotografía, sino a quienes defendieron La Pona cuando todavía no daba votos.







