Masacres: fundamento de la Tercera República
En tanto la Comuna celebraba un concierto “en beneficio de las viudas y los huérfanos de la Comuna … a distancia de dos tiros de fusil, la vanguardia de los versalleses [el ejército de la gran burguesía, encabezado por Thiers] entraba en París … La señal esperada se había dejado ver por fin en la puerta de Saint-Cloud. Un confidente de afición, Ducatel, que no había tomado parte en las conspiraciones, atravesaba estos barrios cuando vio todo desierto, las puertas y las fortificaciones. Trepó al bastión 64, agitó un pañuelo blanco y gritó a los soldados de las trincheras: “Entrad, no hay nadie” … (Lissagaray, Historia de la Comuna de París, p. 273).
Al enterarse de que los versalleses entraron por la puerta de Saint-Cloud a París, el Consejo de la Comuna celebra su última sesión. “Así salió de la historia y del Hôtel de Ville [sede del municipio de París desde 1357], el Consejo de la Comuna de 1871, en el instante de mayor peligro”.
El lunes 22 por la tarde … “París se yergue aprestándose para la última lucha, Versalles está loco de contento” … Thiers promete que la “expiación va a ser completa … La cámara comprende esta promesa de carnicería…” (pp. 282-284).
“Comienzan entonces las noches trágicas que habrán de retumbar siete veces. El París de la revuelta está de pie. Algunos batallones bajan hasta el Hôtel de Ville, con banda y bandera roja al frente, doscientos hombres resueltos por cada batallón … El París del 71 alza contra Versalles la Revolución social entera … Llegan al Hôtel de Ville mensajeros de todos los puntos donde se desarrolla la lucha… Por ninguna parte se ven muestras de desaliento ni de inquietud; antes, por todos lados, una actividad casi alegre” (p. 285).
El incendio y los cañones “envolvieron por completo a París”, pero “hubo noches más clamorosas, más surcadas de centellas, más grandiosas”. El error de la Comuna “consistió en creer que el ataque vendría de frente, cuando los versalleses ejecutaron en todas partes, movimientos envolventes … Jefes y soldados tuvieron miedo de París … Necesitaron toda la tranquilidad de la noche para darse cuenta de la extensión de su conquista y convencerse de que los Comités de defensa no habían previsto ni preparado nada” (pp. 286-287).
El martes 23, con la toma de Montmartre comienzan las primeras matanzas … La represión fue inmisericorde, brutal. Gracias a la ayuda de Bismarck, se facilita el embate contra los defensores de la Comuna. “… la guardia versallesa se apodera de un centinela, fusilado inmediatamente … Una veintena de guardias se niegan a rendirse. Los versalleses los fusilan” … “Cuarenta y dos hombres, tres mujeres y cuatro niños, cogidos al azar son obligados a doblar rodillas con la cabeza descubierta … Una mujer con su hijo en brazos se niega a arrodillarse. Después de esto los matan … Mayo del 71 conoció las carnicerías al antojo del soldado … los versalleses fusilaban a todo el que se encontraban … El parque Monceau es el principal matadero del distrito XVIII, En Montmartre la matanza se centraliza en el cerro … Ante un comandante versallés, el jefe de una barricada, albañil, es asesinado con un tiro de revólver en plena cara” … (pp. 288-290)
El Corresponsal del Evining Estándar en París, citado por Marx, narró en su informe periodístico en “Le Temps [El Tiempo, diario francés de orientación conservadora, órgano de la gran burguesía, se publicó en París de 1861 a 1943], “relata una historia escalofriante de gente a medio fusilar y enterrada todavía con vida. En la plaza de Saint Jacques-la Bouchérie fue enterrado un gran número de personas; algunas de ellas superficialmente. Durante el día, el ruido de la calle no permitía oír nada, pero en el silencio de la noche los vecinos de las casas circundantes se despertaron al oír gemidos lejanos, y por mañana se vio saliendo del suelo una mano crispada. A consecuencia de esto se ordenó que se desenterrasen los cadáveres… Que muchos heridos fueron enterrados con vida es cosa que no me ofrece la menor duda. Hay un caso del que puedo responder personalmente. El 24 de mayo fue fusilado Brunel con su amante en el patio de su casa de la plaza Vendôme, donde estuvieron tirados sus cuerpos hasta la tarde del 27. Cuando por fin vinieron a retirar los cadáveres, vieron que la mujer aún tenía vida y la llevaron a un hospitalillo. Aunque ha recibido cuatro balazos, está ya fuera de peligro” (La guerra civil en Francia, p. 320)
Kristin Ross, explica acorde a lo expuesto en artículos anteriores, que el fundamento de la Tercera República no fue sino el de “los cadáveres de los comuneros porque fue la masacre de la Comuna el extraordinario intento de eliminar, uno por uno y en bloque, a la propia clase enemiga”, ya que “la República Universal [de los trabajadores] presagiada y en cierta medida vivida durante la Comuna no sólo era muy diferente de la República que iba a nacer [dominada por la gran burguesía], sino que fue concebida en oposición a la República Francesa tímidamente apuntada en 1870” (Lujo Comunal, pp. 47-48).
Añade Ross que en un intento de “resucitar la Comuna para insertarla en la historia republicana nacional”, la Tercera República institucionalizó algunos logros de la Comuna como fueron “las guarderías infantiles y la escuela pública gratuita, laica y obligatoria” (p. 48).

