Nueve estudiantes de Aguascalientes, un congreso en Costa Rica y la pregunta que de verdad importa: ¿qué van a traer de vuelta?

Nueve estudiantes de Aguascalientes, un congreso en Costa Rica y la pregunta que de verdad importa: ¿qué van a traer de vuelta?

Nueve alumnos de Ingeniería en Tecnologías de la Información e Innovación Digital de la Universidad Politécnica de Aguascalientes viajan del 19 al 25 de septiembre a San José, Costa Rica, para representar a México en el IEEE CLASYPCS 2026. El congreso reunirá a jóvenes de toda Latinoamérica en torno a la ciberseguridad, la inteligencia artificial y el desarrollo profesional. La pregunta que queda abierta no es si van a viajar, sino qué va a pasar cuando regresen.

Cuando el aula cruza fronteras

Para nueve estudiantes de Aguascalientes, el salón de clases está a punto de quedar temporalmente atrás. Del 19 al 25 de septiembre, sus aulas serán conferencias internacionales, talleres, conversaciones con especialistas y encuentros con jóvenes que, como ellos, están aprendiendo a construir el futuro tecnológico de América Latina.

La delegación —integrada por Juan Pablo Muñoz Hernández, Rubén Carlos Martínez Martínez, Diego García Reyes, Emiliano Víctor Manuel Esparza Rodríguez, Daniel López Ávila, Félix de Jesús Rodríguez Rangel, Izara Viridiana Luévano del Río, Cinthya Yazmín Mora Aguilar y Valeria Gutiérrez Miramontes— pertenece a la carrera de Ingeniería en Tecnologías de la Información e Innovación Digital de la Universidad Politécnica de Aguascalientes (UPA). Viajarán a Costa Rica para participar en el Congreso Latinoamericano de Estudiantes y Jóvenes Profesionales de la Computer Society, IEEE CLASYPCS 2026, donde fortalecerán sus conocimientos en tecnología, liderazgo y desarrollo profesional, además de ampliar sus redes de colaboración con estudiantes y jóvenes profesionales de Latinoamérica. Los acompañan los docentes Juan Carlos Hernández Herrera y Melanie Mata Barbosa.

El comunicado institucional cuenta una historia de orgullo y representación. Pero detrás del boletín hay una pregunta más interesante, y menos cómoda de responder con un solo evento: ¿qué le pasa realmente a un estudiante universitario cuando pasa, en cuestión de días, del aula a un congreso donde se discuten las tecnologías que están redefiniendo el mercado laboral? La respuesta no puede darse por adelantado. Depende de lo que ocurra después del viaje —proyectos, certificaciones, contactos, aprendizajes transferidos— más que del viaje mismo.

¿Qué es exactamente IEEE CLASYPCS?

El nombre es un acrónimo que pocos fuera del gremio tecnológico reconocen: Congreso Latinoamericano de Estudiantes y Jóvenes Profesionales de la Computer Society. Este año, además, el encuentro se realiza integrado con la IEEE CS LATAMTech Summit, bajo el lema de celebrar «80 años de excelencia en cómputo», y se llevará a cabo en San José, Costa Rica, con sede en el hotel Four Points by Sheraton San José, Sabana.

El congreso está diseñado específicamente para acortar la distancia entre la academia y la industria, dirigido a estudiantes y profesionales en etapas tempranas de su carrera, y se organiza en torno a tres ejes: desarrollo de habilidades con talleres técnicos prácticos, exhibiciones de tecnologías emergentes y oportunidades de certificación técnica. Entre los invitados especiales de esta edición figura Grace Lewis, presidenta 2026 de la IEEE Computer Society. El encuentro se define como un evento especializado y de referencia en Latinoamérica para los miembros de la Computer Society, enfocado en fortalecer a estudiantes y jóvenes profesionales mediante networking, talleres técnicos, formación en liderazgo y desarrollo de carrera en tecnología.

Para un estudiante de una universidad politécnica pública del centro de México, esto significa compartir sala —al menos por unos días— con jóvenes de otros países que enfrentan preguntas parecidas sobre su formación, y con profesionales que ya trabajan en la industria que ellos aspiran a integrar.

IEEE Computer Society, la institución detrás del nombre

Vale la pena explicar qué hay detrás de las siglas. La IEEE Computer Society es una organización profesional fundada en 1946, dedicada al cómputo y al procesamiento de información, con sede en Washington D.C. y presencia en todo el mundo, con más de 373,100 miembros. Es, además, la más grande de las 39 sociedades técnicas que operan bajo el IEEE Technical Activities Board, con más de 375,000 miembros en 150 países. Opera como una sociedad profesional global, no gubernamental y sin fines de lucro, que publica 23 revistas arbitradas y desarrolla estándares técnicos de cómputo.

No es exagerado decir que se trata de una de las organizaciones profesionales de referencia en el mundo de la computación —evitando, eso sí, superlativos que no puedan sostenerse con datos verificables—, dado el tamaño de su membresía y el alcance de sus publicaciones y estándares técnicos. Para un estudiante, formar parte de sus actividades no equivale a una membresía formal ni a un aval automático de empleabilidad; equivale a un punto de contacto con esa red profesional.

Los temas de fondo: ciberseguridad e inteligencia artificial

El rector de la UPA, Otto Granados Franco, señaló que la experiencia permitirá a los estudiantes fortalecer sus conocimientos mediante conferencias y talleres en temas como ciberseguridad e inteligencia artificial, además de generar networking con jóvenes y especialistas del sector tecnológico.

Estos dos temas no son adornos curriculares: son, hoy, dos de los puntos más críticos del mercado laboral tecnológico mexicano.

  • Ciberseguridad: Un estudio reciente de IQSEC y la consultora Select, presentado en 2026, encontró que México requiere 83,000 especialistas en ciberseguridad, pero actualmente solo cuenta con 6,000, una brecha de 77,000 profesionales. El propio estudio matiza que el problema no es de cantidad de egresados en tecnología, sino de especialización: el mercado demanda 1.66 millones de posiciones digitales, pero solo 259,000 profesionales reúnen la especialización y el nivel de inglés suficientes para competir por las vacantes más complejas. Los especialistas en ciberseguridad se ubican como el tercer perfil mejor remunerado del sector TIC en México, con un salario promedio de 51,386 pesos mensuales, superados solo por quienes trabajan en inteligencia artificial (69,697 pesos) y en cómputo en la nube (62,283 pesos).
  • Inteligencia Artificial: La demanda de habilidades en IA también crece con rapidez: según PwC México, las ofertas de empleo que exigían habilidades en IA pasaron de unas 33,000 en 2024 a cerca de 68,000 en 2025, aunque esas posiciones todavía representan apenas 1.7% del total de vacantes del país. Es una tendencia acelerada, pero desde una base todavía pequeña; no equivale a decir que cualquier estudiante que tome un taller de IA quedará automáticamente calificado para ese mercado.

Aprender sobre ciberseguridad o inteligencia artificial en un congreso de una semana no convierte a nadie en especialista. Lo que sí puede ofrecer una experiencia de este tipo es una primera exposición a cómo se discuten estos temas fuera del salón de clases, y una idea más clara de qué tan lejos —o tan cerca— está su formación actual de lo que el mercado está pidiendo.

El networking: más que «hacer contactos»

Networking es una de esas palabras que se repiten en los boletines universitarios sin que casi nunca se explique qué significa en la práctica. No es simplemente intercambiar tarjetas o seguirse en redes sociales. En el mejor de los casos, puede convertirse en colaboración en un proyecto, en una mentoría informal, en una invitación a una práctica profesional, en una idea de investigación compartida, o —más adelante, no de forma automática— en una oportunidad laboral.

Nada de eso está garantizado por asistir a un congreso. El valor real del networking depende de lo que cada estudiante haga con los contactos después: si les escribe, si da seguimiento, si convierte una conversación de pasillo en un proyecto concreto. Es una semilla, no una cosecha.

Universidad pública, escenario internacional

Que se trate de estudiantes de una universidad pública participando en un foro internacional tiene un peso particular. La UPA pertenece a la Red de Universidades Tecnológicas y Politécnicas y, de acuerdo con datos disponibles, tiene una matrícula de más de 2,500 alumnos distribuidos en una licenciatura, siete ingenierías y dos maestrías.

Sobre el financiamiento específico del viaje —costos de vuelos, hospedaje, inscripción al congreso, viáticos— no existe información pública disponible al momento de esta publicación más allá del reconocimiento institucional al respaldo del Python Institute. Este reportaje no calcula ni estima esas cifras: señala la ausencia del dato como lo que es, un vacío de información pública que las autoridades universitarias podrían transparentar.

Lo que sí puede decirse es que el rector reconoció el apoyo del Python Institute, cuyo respaldo hizo posible la participación de las y los estudiantes en esta experiencia internacional. Conviene precisar qué es esa organización para no sobredimensionar el vínculo: el Python Institute (OpenEDG Python Institute) es un proyecto independiente sin fines de lucro, gestionado por el Open Education and Development Group, dedicado a promover el lenguaje Python, formar a una nueva generación de programadores y respaldar carreras profesionales en Python y tecnologías relacionadas, además de ofrecer un marco global independiente para exámenes de certificación de alto nivel. El comunicado no describe una alianza formal y permanente entre la UPA y el Python Institute, sino un apoyo puntual para esta participación; tratarlo como una alianza institucional consolidada sería ir más allá de lo documentado.

Python, por su parte, no es un lenguaje cualquiera: es una de las herramientas más usadas hoy en ciencia de datos, automatización, desarrollo de software, ciberseguridad e inteligencia artificial, lo que explica por qué instituciones ligadas a su enseñanza suelen aparecer respaldando este tipo de iniciativas educativas.

Del aula al mercado laboral: Aguascalientes en el mapa industrial

Estos estudiantes no se forman en el vacío. Aguascalientes es un estado con fuerte actividad industrial y manufacturera, y esa realidad económica es el telón de fondo de cualquier conversación sobre empleabilidad tecnológica en la región. En los últimos meses, el estado ha registrado anuncios de inversión relevantes: por ejemplo, la empresa Huatai Mould anunció una inversión superior a los 520 millones de pesos para instalar una planta en Aguascalientes, con la generación proyectada de 250 empleos, fortaleciendo la cadena de suministro automotriz de México y Norteamérica. El sector industrial de la entidad también duplicó su construcción industrial en 2026, con 260 mil metros cuadrados en desarrollo, impulsado por proyectos clase A y el auge del nearshoring.

Esa expansión industrial —automotriz, manufacturera, de centros logísticos— demanda cada vez más perfiles con formación digital: automatización, datos, ciberseguridad industrial. No hay evidencia de que estos nueve estudiantes vayan a ser contratados por empresas específicas a partir de este viaje, y este reportaje no lo afirma. Lo que sí es verificable es que el ecosistema económico donde se van a insertar como futuros egresados demanda, cada vez con más fuerza, exactamente las competencias que el congreso promete tocar.

A nivel nacional, el panorama de contratación tecnológica confirma esa tensión: el 68% de los empleadores en México reporta dificultades para encontrar perfiles digitales calificados, y cerca de 7 de cada 10 empresas enfrentan problemas para cubrir vacantes tecnológicas en 2026. El desarrollo de modelos y aplicaciones de inteligencia artificial aparece, de hecho, entre las vacantes más difíciles de cubrir en el país durante 2026, según la Encuesta de Escasez de Talento de ManpowerGroup.

Mujeres en la delegación, una brecha que sigue abierta

De los nueve integrantes de la delegación, tres son mujeres: Izara Viridiana Luévano del Río, Cinthya Yazmín Mora Aguilar y Valeria Gutiérrez Miramontes. Este reportaje no les atribuye experiencias, motivaciones ni opiniones personales que no hayan expresado directamente, pero sí puede poner su presencia en contexto.

La participación femenina en carreras STEM en México sigue siendo minoritaria pese a que las mujeres son mayoría en la matrícula universitaria general. De acuerdo con un análisis del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), en el ciclo escolar 2024-2025 las mujeres representaron 54% de la matrícula universitaria del país, pero de cada tres estudiantes en carreras STEM solo una es mujer; los hombres se inclinan de manera mucho más marcada hacia tecnologías de la información (76%) e ingeniería (68%). Otro estudio citado por medios especializados señala que el 28% de las personas egresadas de carreras de ingeniería en México son mujeres, y menos del 17% de la fuerza laboral en ciberseguridad del país está compuesta por mujeres.

En ese contexto, la presencia de tres estudiantes mujeres en una delegación de nueve —un tercio, proporción similar al promedio nacional en STEM— no es un dato menor, aunque tampoco cierra por sí sola una brecha estructural que, según los propios estudios, comienza mucho antes de la universidad.

La mirada sociológica: ¿de qué habla realmente la «internacionalización»?

Detrás de la palabra «internacionalización» hay una discusión que las universidades no siempre explican bien. No se trata solamente de que un grupo de estudiantes viaje: implica movilidad académica, cooperación entre instituciones, redes profesionales, proyectos conjuntos y, en algunos casos, dobles titulaciones. Un solo congreso de una semana es una pieza de ese rompecabezas más amplio, no el rompecabezas completo.

Desde una perspectiva sociológica, el sociólogo francés Pierre Bourdieu explicó cómo el acceso a redes, conocimientos y experiencias específicas puede funcionar como una forma de capital —cultural y social— que no está distribuido de manera pareja entre todos los estudiantes. Visto así, viajar a un congreso internacional no es solo una experiencia formativa individual: es también un acceso desigual, porque no todos los estudiantes de tecnología en México tienen la oportunidad de vivir algo parecido. Preguntar quién llega a este tipo de experiencias —y quién se queda fuera— es tan relevante periodísticamente como contar quién viaja esta vez.

Eso no significa que una experiencia internacional garantice, por sí sola, una mejora en las oportunidades profesionales de quien la vive; la evidencia académica sobre movilidad estudiantil sugiere que el impacto depende de múltiples factores —lo que el estudiante hace con la experiencia, sus redes previas, el mercado en el que busca insertarse— y no puede reducirse a una relación de causa y efecto automática.

El regreso: la parte que de verdad importa

Aquí está, quizá, la pregunta más importante de todo este reportaje, y la que un boletín institucional casi nunca responde: ¿qué va a pasar cuando estos nueve estudiantes regresen a Aguascalientes?

La información pública disponible hasta el momento no detalla si existe un mecanismo institucional formal —una charla abierta a la comunidad estudiantil, un taller de réplica, un reporte técnico, una mentoría hacia compañeros de generaciones más jóvenes— para que el conocimiento adquirido en Costa Rica se transfiera más allá de los nueve estudiantes que viajaron. Este reportaje no puede afirmar que ese mecanismo existe o no existe; solo puede señalar que, hasta ahora, no ha sido documentado públicamente, y que sería una pregunta legítima para plantear directamente a la UPA.

Lo que sí puede decirse, con base en la lógica misma de cómo funciona la transferencia de conocimiento, es que el verdadero rendimiento de una experiencia internacional no se mide en el aeropuerto de salida ni en las fotografías del viaje, sino en lo que ocurre en los meses posteriores: si nace un proyecto, si se solicita una certificación, si se mantiene un contacto, si otros estudiantes se enteran de lo aprendido.

Una reflexión final

Para estos nueve estudiantes, Costa Rica será durante unos días algo más que un destino internacional. Será un laboratorio fuera del aula: un lugar donde tendrán que escuchar, preguntar, explicar lo que saben, aprender de otros y descubrir cuánto falta todavía por aprender.

La verdadera medida de la experiencia, sin embargo, no estará solamente en las fotografías del viaje ni en las constancias de participación. Estará en lo que ocurra después: qué conocimientos regresen a Aguascalientes, qué proyectos nazcan, qué conexiones permanezcan, qué estudiantes sean inspirados por ellos y qué soluciones tecnológicas puedan desarrollar a partir de esa experiencia.

Porque la internacionalización universitaria adquiere verdadero sentido cuando el conocimiento cruza fronteras y, después, encuentra el camino de regreso.

Preguntas frecuentes

1. ¿Qué es IEEE CLASYPCS?

Es el Congreso Latinoamericano de Estudiantes y Jóvenes Profesionales de la Computer Society, un evento regional que busca conectar a estudiantes de tecnología con la industria a través de talleres, conferencias y networking.

2. ¿Cuántos estudiantes de la UPA participan?

Nueve, todos de la carrera de Ingeniería en Tecnologías de la Información e Innovación Digital.

3. ¿Dónde se realiza el congreso?

En San José, Costa Rica, del 19 al 25 de septiembre de 2026.

4. ¿Qué temas se abordarán?

Principalmente ciberseguridad, inteligencia artificial, liderazgo y desarrollo profesional.

5. ¿Quién organiza el evento?

Está impulsado por la IEEE Computer Society, en su edición 2026 integrada con la IEEE CS LATAMTech Summit.

6. ¿Qué papel tuvo el Python Institute?

La UPA reconoció su respaldo como determinante para hacer posible la participación de la delegación, sin que se haya hecho público el detalle de ese apoyo.

7. ¿Quiénes acompañan a los estudiantes?

Los docentes Juan Carlos Hernández Herrera y Melanie Mata Barbosa.

8. ¿Se sabe cuánto costó el viaje?

No hay información pública disponible sobre el costo total ni sobre cómo se distribuyó el financiamiento.

9. ¿Habrá actividades al regresar a Aguascalientes?

No se ha documentado públicamente un mecanismo formal de réplica o transferencia de conocimiento hacia el resto de la comunidad estudiantil.

10. ¿Garantiza esta experiencia empleo o éxito profesional a los estudiantes?

No. La experiencia ofrece formación y contactos, pero su impacto real dependerá de lo que cada estudiante haga con ella después del congreso.

Redacción Diálogos en Pluralidad

Redacción Diálogos en Pluralidad

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