Río San Pedro: Aguascalientes busca recuperar uno de sus grandes patrimonios naturales

Tere Jiménez y Efraín Morales López suman esfuerzos entre el gobierno estatal y la Conagua, pero el verdadero examen de esta apuesta ambiental estará en el cauce, no en la reunión
Un río puede desaparecer de la vista mucho antes de desaparecer del territorio. Puede quedar reducido a un cauce contaminado, fragmentado por descargas y basura, convertido en parte del paisaje que la ciudad prefiere no mirar, mientras debajo de esa apariencia sigue existiendo un ecosistema que alguna vez fue central para la vida de una región entera.
Eso es, en buena medida, lo que le ha pasado al río San Pedro. Con unos 90 kilómetros de longitud, es el principal sistema hidrológico de Aguascalientes: atraviesa el estado de norte a sur, cruza la capital y desemboca finalmente en el río Santiago, ya en territorio jalisciense. Durante décadas ha cargado con un problema que distintas administraciones han prometido resolver sin lograrlo del todo: recibe una proporción muy alta de las aguas residuales domésticas, industriales y agropecuarias que se generan en el estado, lo que ha derivado en niveles de contaminación documentados por estudios académicos y por el propio Colegio de Geólogos de Aguascalientes.
En ese contexto llega la reunión del 19 de agosto de 2026 entre la gobernadora Tere Jiménez y Efraín Morales López, director general de la Comisión Nacional del Agua. No resuelve el problema del río. Pero coloca su recuperación, otra vez, en la agenda pública y en la mesa de la autoridad federal del agua.

La gobernadora de Aguascalientes, Tere Jiménez, se reunió con el director general de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Efraín Morales López, para gestionar apoyos y proyectos que permitan avanzar en la recuperación del Río San Pedro
El río San Pedro: una historia que Aguascalientes busca recuperar
El San Pedro no es un río cualquiera para el estado. Es el principal colector de la precipitación pluvial de la entidad y el eje alrededor del cual se ha organizado buena parte del territorio: pasa por al menos seis municipios, incluida la capital, y a lo largo de su cuenca viven cientos de miles de personas. Su relación con el acuífero que abastece a la zona metropolitana de Aguascalientes lo convierte en algo más que un paisaje: es, también, una pieza de la seguridad hídrica de la región.
Por eso su deterioro no es solo un problema estético. Estudios científicos publicados en revistas como Scielo han detectado en su cauce y sedimentos metales pesados —cadmio, cromo, plomo, mercurio, entre otros—, materia orgánica, nutrientes en exceso y contaminantes tóxicos, con tramos donde la calidad del agua ha llegado a calificarse como seriamente comprometida. Ese historial documental es el que explica por qué, cuando el gobierno estatal habla de “recuperación”, se refiere a un proceso de fondo y no a una limpieza cosmética.
Cuando recuperar un río significa recuperar mucho más que agua
Un río saludable no es solamente agua que corre limpia. Es hábitat, es conectividad ecológica entre distintos puntos del territorio, es regulación natural del ciclo hídrico y, en climas como el de Aguascalientes, es también un espacio de convivencia para las comunidades que viven junto a él. Recuperar el San Pedro implicaría, en teoría, avanzar en varios frentes a la vez: mejorar la calidad físico-química del agua, reducir las descargas sin tratar, restaurar vegetación ribereña, devolver condiciones mínimas de habitabilidad a la fauna local y crear espacios públicos seguros donde antes solo había un cauce evitado.
Ninguno de esos objetivos se logra con un solo anuncio. Y ahí está, precisamente, el reto que enfrenta cualquier gobierno que decida tomar en serio este proyecto.
Tere Jiménez lleva el San Pedro a la agenda federal
La reunión del 19 de agosto se realizó en las instalaciones de la Conagua, con la gobernadora exponiendo directamente ante el director general del organismo federal los avances que su administración dice haber logrado. Según la información oficial, en más de 150 días continuos de trabajo se han retirado 9,200 toneladas de residuos del cauce, se eliminaron 54 obstrucciones que impedían el flujo del agua, se limpiaron 16 kilómetros y se intervinieron 63 hectáreas.
A esas cifras se suman obras de infraestructura complementaria: dos kilómetros de trotapista ya construidos, la instalación de iluminación prevista para más adelante y el inicio de dos puntos de acceso pensados para que las familias puedan usar ese tramo del río como espacio público. Con esos números sobre la mesa, Jiménez pidió a la Conagua respaldo para fortalecer lo que ya se hace y para desarrollar nuevas acciones de recuperación y conservación del cauce.
Es importante ser precisos aquí: lo que existe, documentado por la fuente oficial, son toneladas de residuos retirados, obstrucciones eliminadas y kilómetros de cauce intervenidos. Lo que se está gestionando es el respaldo adicional de la autoridad federal. Y lo que se pretende lograr —un río recuperado en el sentido ecológico e integral del término— sigue siendo, por ahora, un objetivo y no un hecho consumado.

Río San Pedro: Aguascalientes busca recuperar uno de sus grandes patrimonios naturales
Un río no se recupera con una sola acción
Retirar basura y destrabar el flujo del agua es un paso necesario, pero no equivale a una restauración ecológica completa. Esa distinción importa porque es fácil confundir un cauce que “se ve” más limpio con un ecosistema que efectivamente ha recuperado su funcionalidad. Una recuperación integral suele requerir, además de la limpieza física, avances sostenidos en saneamiento, reducción de descargas contaminantes, recuperación de vegetación y fauna, y un sistema de vigilancia que evite que el problema regrese en unos años.
Nada de esto significa restar valor al trabajo ya realizado. Significa, más bien, situarlo en su justa dimensión: es el inicio de un proceso, no su conclusión.
El agua, el saneamiento y la salud del ecosistema
El deterioro del San Pedro tiene raíces conocidas. Estudios académicos y reportes periodísticos de los últimos años han señalado que una parte considerable de las aguas residuales domésticas, industriales y agropecuarias del estado terminan, con tratamiento insuficiente o sin él, en su cauce. Investigaciones sobre la calidad del agua en distintos puntos del río han encontrado que, incluso cerca de plantas de tratamiento, la depuración de contaminantes resulta insuficiente para ciertos usos, como el riego agrícola.
Ese es el otro frente de la recuperación, el que no se ve en una jornada de limpieza: el saneamiento de fondo, la ampliación y modernización de la infraestructura de tratamiento, y la vigilancia de las descargas que llegan al cauce, tanto de origen doméstico como industrial. Sin avances sostenidos en ese terreno, cualquier limpieza corre el riesgo de tener que repetirse cada cierto tiempo.
La coordinación entre gobiernos será clave
Uno de los elementos centrales de la reunión del 19 de agosto es, precisamente, el reconocimiento de que un proyecto de esta magnitud no puede sostenerse desde una sola trinchera. En el encuentro, además de la gobernadora y del director de la Conagua, participaron la secretaria de Sustentabilidad, Medio Ambiente y Agua del estado, Sarahí Macías Alicea, y el director general del Instituto del Agua de Aguascalientes, Noel Mata Atilano, junto con funcionarios de la comisión federal.
Morales López, por su parte, reconoció los proyectos que impulsa el gobierno estatal y subrayó la importancia de mantener la coordinación entre los distintos niveles de gobierno para seguir avanzando. Es una declaración de intención, no un compromiso de recursos o de plazos específicos; la fuente oficial no detalla montos, calendarios ni obras concretas que la Conagua se haya comprometido a realizar. Lo que sí queda establecido es la disposición a seguir trabajando de manera conjunta.
Esa coordinación importa porque el San Pedro no reconoce límites administrativos: atraviesa varios municipios, involucra a la autoridad ambiental estatal, al organismo operador de agua y a la instancia federal responsable de la política hídrica nacional. Ningún nivel de gobierno, por sí solo, controla todas las variables que determinan la salud del río.
Más allá de colores políticos: cuando el agua obliga a ponerse de acuerdo
Los problemas ambientales rara vez respetan fronteras partidistas o límites entre administraciones. Un río contaminado no distingue entre gobierno estatal y gobierno federal, y su recuperación, si llega a concretarse, tampoco podrá atribuirse a una sola sigla. En ese sentido, la disposición mostrada por ambas partes en este encuentro tiene un valor que va más allá del protocolo: reconoce, al menos en el discurso, que el agua es un asunto que exige suma de esfuerzos y no disputa de créditos.
El reto de convertir una gestión en resultados
Una reunión de alto nivel puede abrir la puerta a proyectos, respaldo técnico y eventualmente recursos adicionales. Pero la recuperación ambiental no se demuestra en fotografías institucionales ni en comunicados: se demuestra en el territorio, en la calidad del agua y en la salud de quienes viven junto al cauce.
Ese es, quizás, el criterio más importante para juzgar este esfuerzo en los próximos meses. Las cifras presentadas por la gobernadora —toneladas de residuos, obstrucciones eliminadas, hectáreas intervenidas— son verificables y forman parte de lo que ya existe. Lo que todavía no puede documentarse es si ese trabajo se traducirá en una mejora sostenida y medible de la calidad del agua, o si quedará como uno más de los episodios de atención intermitente que el río ha tenido a lo largo de distintas administraciones.
¿Cómo se podrá saber si el río realmente se recupera?
Para que la recuperación del San Pedro deje de ser una promesa y se convierta en un proceso verificable, hará falta algo más que voluntad política: hará falta un sistema de indicadores claro y sostenido en el tiempo. Entre los que cualquier evaluación seria debería considerar están la calidad físico-química y microbiológica del agua en distintos puntos del cauce, la presencia de contaminantes específicos como metales pesados, el estado de la vegetación ribereña y la fauna asociada al río, el porcentaje de descargas efectivamente tratadas antes de llegar al cauce, y el cumplimiento de metas concretas de obra y de presupuesto ejercido.
Estos no son datos disponibles hoy sobre el resultado final del proyecto: son, más bien, las preguntas que un seguimiento riguroso —periodístico, ciudadano e institucional— debería empezar a plantear en los próximos meses.

En la reunión, realizada en las instalaciones de la Conagua, también estuvo presente la secretaria de Sustentabilidad, Medio Ambiente y Agua (SSMAA), Sarahí Macías Alicea; el director general del Instituto del Agua (Inagua), Noel Mata Atilano, así como funcionarios de la Comisión Nacional del Agua
Una nueva relación entre Aguascalientes y su río
Detrás de las cifras y de la reunión hay una pregunta más amplia: qué tipo de relación quiere tener la ciudad con su río. Durante años, el San Pedro fue, para buena parte de la población, un espacio para evitar antes que para habitar. La construcción de trotapistas, la instalación de iluminación y la apertura de accesos apuntan a otra cosa: a que el cauce vuelva a formar parte de la vida cotidiana de las familias que viven cerca de él.
Eso, sin embargo, no depende únicamente de las autoridades. La recuperación de un espacio así también necesita de una ciudadanía dispuesta a cuidarlo: evitar tirar residuos, denunciar descargas irregulares y usar de manera responsable los espacios que se vayan habilitando. No se trata de culpar a la población por décadas de deterioro que tienen orígenes mucho más estructurales, sino de reconocer que ningún proyecto de este tipo se sostiene si termina siendo responsabilidad exclusiva del gobierno en turno.
El verdadero reto será mantener lo que se recupere
Quizás el desafío más grande no sea limpiar el río una vez, sino evitar que vuelva a contaminarse. Eso exige continuidad más allá de un sexenio o de una administración estatal: presupuesto sostenido, monitoreo permanente, vigilancia de las descargas y una relación de coordinación con la Conagua que no dependa de la buena relación personal entre quienes ocupen los cargos hoy.







