Historias entrelazadas
De la sucesión de textos que programo su lectura, surgió un libro que, debí haber leído hace muchos años y hasta ahora lo pude hacer, después que su referencia se cruzó en mi camino. Me refiero a El corazón de las tinieblas, del polaco convertido británico Robert Conrad, un autor necesario en cualquier biblioteca personal. Incluí el libro en mis pendientes y casi de inmediato lo encontré en la librería del Fondo de Cultura Económica.
Aunque tenía libros en espera, empecé su lectura poniéndolo por delante de los demás. Fue una impactante sorpresa, no solo por la excelente narrativa del autor, sino por su temática social, actual incluso, no obstante haber sido publicada a fines del siglo XIX. Con pasajes horrorosos por los cuadros que nos describe del recorrido en el Congo. Conrad se refiere con toda crudeza al racismo y la discriminación que se vivía y que lamentablemente en la actualidad no seguimos encontrarnos.
No tengo el menor elemento corroborador, si esta pequeña novela de Conrad, pudo haber influido más de medio siglo después en la obra y postulaciones políticas del médico revolucionario Franz Fanon, básico en la formación política de muchos quienes nos reivindicamos de izquierda socialista. Por lo menos esto lo puedo deducir de dos obras hoy clásicas del Martiniqués: “Piel negra, máscaras blancas” y “Los condenados de la tierra”, que también son lecturas obligadas para toda personas cuyo corazón lata a la izquierda.
Insisto que no tengo ni conozco referencias, pero seguramente Fanon hubo haber leído a Conrad e impactádose de la crudeza de su escrito, para después trasladarlo a su lucha y aportes teóricos contra el colonialismo en el norte de África y a su vez, influir en la generación emergente de inicios de los sesenta del siglo pasado.
La segunda referencia que me saltó de la lectura de la novela de Conrad, fueron dos pasajes del relato, el primero, cuando en el trayecto por el río (de nombre ficticio), donde la embarcación es atacada con fechas y lanzas por los lugareños, matando al piloto de la embarcación. Segundo, se dirigían a buscar a un siniestro personaje de apellido Kurtz, que tenía poder en la zona y con los lugareños.
Ambos pasaje me hicieron recordar una película de finales de los setenta, de Francis Ford Coppola, con Martin Sheen y Marlon Brando: Apocalipsis now, que trataba sobre la guerra de Vietnam. En este caso el ataque de los miembros del vietcong se da a una torpedera gringa, donde un soldado negro va escuchando música de Jim Morrison y The Door. El siniestro personaje, en la película de Coppola no escenifica Marlon Brando y también se apellida Kurzt.
Por teléfono le comento a mi hijo Carlos de las referencias y ese mismo día me responde por watsap que había checado el guion de la película y efectivamente estaba basado en la novela de Joseph Conrad. Enriquecedor espacio en este periodo donde la mayoría de la gente se dedica al recogimiento espiritual… Por lo menos los católicos.

