México: Grandes Fortunas, Desigualdad, Subdesarrollo y Dependencia

México: Grandes Fortunas, Desigualdad, Subdesarrollo y Dependencia

México, primordialmente desde la era neoliberal, ha sido un caso ejemplar de que el PIB puede crecer sin aumentar la calidad de vida de sus habitantes.

El país, figura en las estadísticas comerciales internacionales, como potencia exportadora. Estamos entre las 13 economías más grandes del mundo. Se acaba de desplazar a China como el principal país al que los Estados Unidos le importan productos. Ya somos el país al que más le compran y con el que tienen una balanza comercial deficitaria.

¿ Estos indicadores permiten concluir que ya somos un país con una economía desarrollada?.

Es evidente que no: Porqué nuestra economía nacional no cuenta con una industria consolidada que haya transitado por una etapa de desarrollo normal de su economía en sus diferentes fases, pasar de la industria ligera a la producción de maquinaria pesada; no somos promotores de la ciencia y la tecnología; tampoco figuramos en el padrón de propietarios y generadores de patentes.

Sólo somos maquiladores no creadores. Ensámblamos productos, no los diseñamos, ni programamos su producción en gran escala. Hemos consentido pasivamente ser país maquilador, con obreros calificados en algunas ramas punta a los que se les pagan salarios por abajo de la media mundial. Muchos de los productos registrados en nuestra balanza comercial como exportaciones nacionales son en realidad de capital y tecnología extranjera.

En resumen, no podemos clasificarnos como una economía desarrollada, porque no contamos con una industria y un ciclo económico interno realmente propios.

Definitivamente seguimos siendo un país subdesarrollado y dependiente. Antes nos llamaban tercermundistas, ahora somos parte del Sur global. Cómo señala la columnista Irene Vallejo en un artículo que data de algunos años. ”El sur se ha convertido en categoría ideológica, más que cartográfica, el modo en que los centros de poder describen la periferia”. (Milenio 26/08/23)

El debate sobre las vías del Desarrollo Económico en México y Latinoamérica se remontan a mediados del siglo pasado, la percepción de las potencias económicas acerca del análisis de los estudios sobre el desarrollo económico de los países atrasados eran visiones lineales y estáticas, basadas en modelos subjetivos destinados a recomendar a estos países cómo alcanzar supuestamente el crecimiento . Un caso destacado es el del economista Sueco Gunnar Myrdal, premio Nobel en 1974, se interesó por el tema del Desarrollo, incorporó aspectos sociales y políticos al análisis como era la pobreza, la relación entre patrones y sindicatos y el rezago de las naciones pobres, sin embargo llego a la conclusión de que éramos “países en vías de desarrollo”, que en 50 o 60 años llegaríamos a ser total y plenamente desarrollados. Lo insostenible de su teoría queda en evidencia. Ya cumplimos ese plazo y continuamos “en vías de desarrollo”.

Visiones de ese corte sirvieron como punto de partida de estudios críticos, como el de Andre Gunder Frank, estadounidense de origen, que en 1966, publica el libro “El desarrollo del subdesarrollo”, donde sostiene que poco podemos esperar que los países metropolitanos aborden objetivamente la problemática del subdesarrollo, cuando su historia es precisamente que ellos crecieron a costa del subdesarrollo de nuestros territorios. Gunder Frank, desarrollo también la tesis de que en America Latina, lo que existía era una “lumpenburguesía y un lumpendesarrollo”, haciendo referencia a que solo nos tocaban los despojos del desarrollo y que nuestra burguesía era parasitaria y de visión muy limitada.

El tema, despertó gran interés en la región y generó el análisis y la diversificación de su estudio. Le siguió la teoría de la “Dependencia” vertiente creada principalmente por Ruy Mauro Marini, intelectual brasileño, quien sostiene que para abandonar el atraso, era necesario romper la dominación que ejercían los países centrales sobre las economías periféricas, porque de continuar con esta dinámica lo único que iba a desarrollarse era mas subdesarrollo.

Retomando nuestro tema original acerca de caracterizar la economía del México actual. Podríamos acaso afirmar que hemos caminado en la senda de buscar superar nuestra dependencia estructural ?; asegurar que los vehiculos automotores, los artículos de alta tecnología electrónica y los modernos aparatos médicos, que producen nuestros trabajadores son parte de un proyecto nacional que emprendieron gobiernos y empresarios mexicanos?, que estamos avanzando en el desarrollo de una ciencia y tecnología propia ?, que vamos rumbo a lograr un desarrollo económico verdadero, cuando menos en parte, de nuestra histórica dependencia?

¿ Cuantos pasos se han dado en este sentido en los últimos años ?.

Debemos reflexionar acerca de que ha ganado México al procrear a 18 de los hombres más ricos del planeta? Qué proyecto futuro de país proponen estos magnates a la nación, de la cual han obtenido su riqueza ?. Debemos evaluar el costo social que por cada nuevo potentado que agregamos a la lista de súper millonarios, se aumentan 4.5 millones de nuevos pobres en el país?. En qué invierten estos señores, que no crean empresas productivas que le den empleos bien remunerados y dignos a miles de jóvenes mexicanos?.

¿ Muy pocos ó ninguno ?.

Porque, en lo fundamental son rentistas, solo realizan negocios en el sector servicios, poco productivos, de bajo riesgo, no invierten en grandes proyectos industriales, mucho menos en innovación e investigación científica y tecnológica.

¿ Será que tiene razón André Gunder Frank, que tenemos una Lumpenburguesia y un Lumpendesarrollo. ?

Por eso, en la etapa reciente, el modelo de desarrollo impuesto por esta oligarquía parasitaria y las políticas neoliberales sólo sirvieron para empobrecer a millones de mexicanos, arrebatar empleos a los norteamericanos, y todo esto, a cambio de enriquecer a unos cuantos, que sólo buscan aumentar el tamaño de sus fortunas, sin preocuparse por la sociedad que los volvió súper millonarios.

Es urgente desarrollar miles de negocios y cooperativas locales de carácter productivo, que generen empleos e ingresos dignos para terminar con la fórmula perversa de que en México, para vivir bien tienes que ser político saqueador, miembro de alguna banda del crimen organizado, ó ser parte de esta casta de empresarios parásitos y rentistas.

Todos los mexicanos debemos tomar conciencia de esta situación y buscar transformarla a fondo de forma verdadera, que nos permita superar el histórico atraso económico.

Urge más que nunca reorientar el rumbo de la política económica del Gobierno: dejar de seguir apostando a la inversión extranjera como vía única de desarrollo nacional; de empujar exclusivamente a la aprobación del T-MEC, del Plan México; y vuelta a retomar nuestros valores originales de desarrollo industrial y agrícola local, para darle un profundo sentido social, en beneficio de nuestra gente.

velagj@economia.unam.mx

Joaquín H. Vela González

Joaquín H. Vela González

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