Cien años después, el agua del Distrito de Riego 001 empieza a medirse gota por gota

Cien años después, el agua del Distrito de Riego 001 empieza a medirse gota por gota

Un proyecto hidráulico que nació en 1926 con la Presa Calles entra en su etapa más tecnológica: sensores, riego por goteo y telemetría buscan que cada litro rinda más para 1,700 productores de Aguascalientes.

Cuando la Presa Presidente Plutarco Elías Calles se terminó de construir, entre 1927 y 1928, en lo que hoy es el municipio de Pabellón de Arteaga, el reto de Aguascalientes era simplemente llevar agua a la tierra. Un siglo después, el reto es distinto: saber exactamente cuánta agua se usa, dónde se pierde y cómo hacer que cada litro llegue a la raíz de un cultivo en lugar de evaporarse en un canal abierto. Ese es el cambio de fondo detrás del anuncio que el gobierno de Aguascalientes hizo en Pabellón de Arteaga, donde presentó el libro Distrito de Riego 001. Innovación y Tecnificación Sustentable: Aguascalientes y afirmó que el distrito está cerca de convertirse, según sus propias palabras, en el primero del país «completamente tecnificado».

No es un dato menor ni un simple corte de listón. El Distrito de Riego 001 —conocido también como el Sistema Nacional de Riego Número 1, uno de los primeros organizados en el país tras la Revolución— es la columna vertebral agrícola del Valle de Aguascalientes. Entender qué significa «tecnificarlo» exige separar la historia de la infraestructura, la política del gobierno en turno y la evidencia técnica disponible.

Un siglo de agua por gravedad

Cien años después, el agua del Distrito de Riego 001 empieza a medirse gota por gota

El origen del distrito está ligado a la construcción de la Presa Calles, un embalse que hoy sigue alimentando por gravedad al Valle de Aguascalientes y que, de acuerdo con el Instituto del Agua del estado (Inagua), representa uno de los momentos que marcaron el desarrollo agrícola de la entidad. Durante casi cien años, el distrito operó con un modelo basado en canales de conducción y distribución en buena medida a cielo abierto, en el que las pérdidas por infiltración y evaporación son, técnicamente, inevitables.

Esa infraestructura del siglo XX transformó el Valle de Aguascalientes en una zona agrícola productiva, pero también heredó un problema: un sistema pensado para llevar agua, no para medirla ni para administrarla en tiempo real. Fue hasta décadas más tarde, y de forma gradual, cuando comenzaron las obras de entubamiento de la red principal desde la presa hasta la parcela, orientadas a aprovechar la carga hidráulica de la presa y reducir pérdidas en la distribución. Documentación técnica sobre el propio distrito señala que, antes de esas obras, la red de distribución cubría apenas una fracción de la superficie total que integra el sistema, lo que obligaba a operar con déficit crónico en buena parte del área. Ese antecedente es clave para entender por qué «tecnificar» el distrito no es un proyecto de un solo sexenio, sino la culminación de un proceso de décadas.

Qué significa realmente «tecnificar» el riego

El comunicado oficial habla de conducción, filtración, presurización y sistemas de riego inteligente. En términos prácticos, cada palabra resuelve un problema distinto. La conducción entubada evita que el agua se pierda por infiltración en canales de tierra. La filtración protege los equipos de riego presurizado —como el goteo— de partículas que podrían obstruirlos. La presurización aprovecha la energía que genera la diferencia de altura entre la presa y las parcelas para mover el agua sin depender tanto de bombeo eléctrico. Y el riego por goteo entrega el agua directamente en la zona de raíces del cultivo, en lugar de inundar el surco completo, lo que reduce la evaporación y permite dosificar con mayor precisión.

Sobre esa base se construye la capa más reciente: la telemetría. El titular de la Secretaría de Desarrollo Rural y Agroempresarial (Sedrae), Isidoro Armendáriz García, explicó que el distrito pasó primero a la tecnificación directamente en el surco mediante goteo y ahora avanza hacia la automatización con telemetría, un sistema que permite monitorear y controlar el riego a distancia. En otras palabras, la telemetría no sustituye a la infraestructura física —tuberías, válvulas, aspersores—, sino que añade la capacidad de medir consumos, detectar fugas o anomalías y programar el riego con datos, en lugar de operar el sistema «a ciegas». Eso no equivale, por sí solo, a eliminar las pérdidas de agua: depende de qué tan completa sea la red de sensores y de que la infraestructura física detrás funcione correctamente.

El dato que hay que leer con cuidado: nueve de cada diez litros

La frase más citada del anuncio fue la de la gobernadora Tere Jiménez: de cada diez litros destinados al riego, el distrito podrá aprovechar nueve. Es una cifra que suena contundente, pero que conviene precisar antes de repetirla como si fuera una eficiencia hídrica global del sistema. La declaración oficial no especifica si ese 90% corresponde a la eficiencia de conducción (cuánta agua llega de la presa a la parcela sin perderse en el trayecto), a la eficiencia de aplicación (cuánta de esa agua efectivamente entra en contacto con la raíz del cultivo) o a una combinación de ambas.

La distinción no es un tecnicismo menor. Un sistema puede tener una conducción entubada casi perfecta y, aun así, perder agua en la parcela si el riego se aplica mal; o, al revés, tener un sistema de goteo eficientísimo en el surco pero seguir arrastrando pérdidas en tramos de la red que todavía no se han modernizado. Por eso esta cifra debe leerse como lo que es: una meta que el Gobierno de Aguascalientes atribuye al proyecto una vez concluida la tecnificación, no como una medición independiente y verificada de eficiencia hídrica total del distrito completo. En otro evento reciente con la Asociación Nacional de Usuarios de Riego, el propio gobierno estatal se refirió a un salto de eficiencia de 30% a 90% en el aprovechamiento del agua para el campo, lo que sugiere que la comparación se hace frente a un punto de partida muy bajo, previo a las obras de entubamiento y presurización.

¿El primer distrito «completamente tecnificado» del país?

La etiqueta de «primero del país completamente tecnificado» también merece contexto. No existe, hasta donde permite verificar la información pública disponible, una clasificación nacional homologada y de acceso público que jerarquice a los más de 80 distritos de riego del país según su grado de tecnificación con criterios idénticos. La afirmación proviene del gobierno estatal y fue respaldada en el evento por un representante de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), que calificó la tecnificación del distrito como un hito nacional. Eso le da respaldo institucional a la afirmación, pero no la convierte en un ranking técnico independiente y auditable. Lo más preciso, entonces, es atribuir la afirmación a quienes la sostienen —el gobierno estatal y funcionarios de Conagua presentes en el evento— en lugar de presentarla como un hecho consumado y medido por un tercero neutral.

Lo que sí es verificable es la inversión: desde 2022, el gobierno estatal reporta más de 455 millones de pesos destinados a la modernización y tecnificación del distrito. El comunicado no desglosa qué proporción proviene de recursos estatales, federales o de aportaciones de los propios usuarios organizados en la Asociación de Usuarios de la Junta de Aguas del Distrito de Riego 001, un dato relevante porque los distritos de riego en México operan, típicamente, bajo esquemas de corresponsabilidad entre el Estado y los productores organizados.

Los productores: 1,700 nombres detrás de una cifra

El distrito cubre, según la cifra oficial, más de 6 mil hectáreas y beneficia a 1,700 productores agrícolas del Valle de Aguascalientes, una zona donde predominan cultivos como maíz forrajero, alfalfa y hortalizas de riego, además de la guayaba en municipios cercanos como Calvillo, uno de los principales productores nacionales de esa fruta. Para estos productores, la diferencia entre el riego tradicional por gravedad y un sistema presurizado con goteo no es solo ambiental: significa menos horas de trabajo dedicadas a distribuir agua manualmente, mayor control sobre la dosis exacta que recibe cada planta y, en teoría, menor vulnerabilidad frente a años de baja disponibilidad de agua en la presa. El comunicado oficial no incluye testimonios verificables de productores sobre su experiencia con el cambio de sistema, por lo que ese capítulo —el más humano de la historia— sigue pendiente de documentarse con nombres y parcelas concretas.

Por qué el agua es la verdadera protagonista

Nada de esto ocurre en el vacío. Aguascalientes es uno de los estados con mayor presión hídrica del país: sus principales fuentes de agua subterránea, entre ellas el acuífero Calvillo-Aguascalientes, figuran entre los más sobreexplotados de México, y datos de la Conagua ubican a los cinco acuíferos del estado en la categoría de mayor insuficiencia hídrica. En ese contexto, la agricultura de riego —que a nivel nacional consume la mayor parte del agua superficial disponible— está bajo un escrutinio creciente sobre su eficiencia. La Presa Calles, que abastece por gravedad al distrito, ha tenido en los últimos ciclos niveles de almacenamiento variables según el comportamiento de las lluvias, lo que subraya por qué aprovechar mejor cada litro entregado importa tanto como conseguir más agua.

Aquí es donde conviene distinguir tres conceptos que suelen confundirse. El ahorro de agua es simplemente usar menos volumen para obtener el mismo resultado. La eficiencia es la proporción del agua disponible que efectivamente llega o se aprovecha en cada etapa del proceso, de la presa a la parcela. Y la productividad del agua es cuánto se produce por cada unidad de agua utilizada. Mejorar la eficiencia de conducción no garantiza, de forma automática, un aumento proporcional en la cosecha: eso depende también del manejo agronómico, del tipo de cultivo y de las condiciones climáticas de cada ciclo.

Lo que la tecnificación no resuelve por sí sola

El discurso oficial conecta con razón la tecnificación con la sostenibilidad del campo, pero la infraestructura es una herramienta, no una garantía. La disponibilidad de agua en la presa depende de la lluvia; el buen funcionamiento de sensores y válvulas depende del mantenimiento continuo de la red; y el aprovechamiento real de cada litro depende, en última instancia, de cómo cada productor riegue su parcela día a día. En ese sentido, hablar de «adaptación» o de «reducción de vulnerabilidad» frente a la variabilidad climática es más preciso que hablar de que el distrito «resuelve» la crisis hídrica del estado.

El siguiente siglo se mide en datos

El mensaje detrás del centenario del distrito no es solamente conmemorativo. Es una señal de que el modelo de gestión del agua para el campo está cambiando: de un sistema que se operaba por experiencia y por gravedad, a uno que aspira a operarse con sensores, datos y control remoto. Eso no elimina los retos —la dependencia de la lluvia, la sobreexplotación de los acuíferos vecinos, la necesidad de mantenimiento constante de la tecnología instalada—, pero sí cambia la pregunta que enfrenta el campo de Aguascalientes: ya no se trata únicamente de llevar agua a la tierra, sino de administrar, litro por litro, un recurso cada vez más escaso.

Gobierno del Estado de Aguascalientes

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