Carlos Ancira, más que un loco

Carlos Ancira, más que un loco


“Un actor que ama su profesión difícilmente puede aburrirse de lo que hace. Para mí, cada representación es un estreno, he ahí la forma de evitar la rutina.”

Quizá para las nuevas generaciones el nombre de Carlos Ancira no les diga mucho… quizá nada. Pero hablamos de un actor en toda la extensión de la palabra, tal vez el mejor que México ha tenido.

Carlos Ancira, más que un loco.

Antes que un pajarraco gigante con plumas muy extrañas y cabeza que se adivina muy pesada, de nombre “Montoya”, Plaza Sésamo tuvo como mascota a un dragón que me dicen, por entonces mi tv era monocromática, era color rosa; se llamaba Abelardo. Y Abelardo junto con dos señoritas (una de ellas la excelente actriz Luisa Huertas) y un joven frecuentaban la tienda de Don Ramón. No, no ‘Ron Damón’, el personaje de Ramón Valdés; Don Ramón, el tendero de la Plaza Sésamo. Estamos hablando de 1972, y este fue mi primer contacto con el trabajo del que fue actor, escritor, dramaturgo, maestro, director y productor teatral: Carlos Ancira (1929-1987).

En 1974 se presentó en Aguascalientes, en el marco del programa cultural de la Feria de San Marcos, la Compañía Nacional de Teatro, con la obra de Fritz Höchwalder, “Así en la tierra como en el cielo”, con una pléyade de nombres famosos de la televisión, entre los que recuerdo a Miguel Córcega, Augusto Benedico o Miguel Maciá; y en un papel, más bien pequeño, aparece un actor a quien reconocí de inmediato: era el “Don Ramón” de Plaza Sésamo; Carlos Ancira. Era más que evidente que jamás se le vería como galán en ningún proyecto: calvo prematuro, de estatura poco menos que regular, lejos del estándar de guapura que exigen la televisión y el cine… sólo quedaba un camino: ser un buen actor. Y Carlos Ancira rebasó por mucho ese título. No se quedó en buen actor, sino que además de ser excelente como tal, formó a generaciones de nuevos actores en la escuela de actuación de la ANDA. Baste decir que fue maestro de Héctor Suárez.

Fue dos años antes que Carlos Ancira leyó el cuento, más bien un relato corto, de Nikolai Gógol, “El diario de un loco” que sin ser un texto dramático, Ancira lo imaginó de inmediato en un escenario. Carlos Ancira no sabía entonces que su idea lo haría un actor muy apreciado y respetado en la ex Unión Soviética, y que instauraría en México la escenificación de los monólogos, que en realidad son obras unipersonales, dicen los expertos, porque el diálogo existe entre el actor y sus parlamentos, y las reacciones del público. Al día de hoy son muchos los actores que se han enfrentado al reto de este tipo de obras: Ari Telch, con “El contrabajo”, Mario Iván Martínez, con su versión de “Diario de un loco”, César Bono, con “Defendiendo al cavernícola”, o Alberto Mayagoitia, con “Mi Cristo roto”, entre otros. Por cierto, hay mucha diferencia entre el mencionado trabajo de Mayagoitia, y el texto que en su momento declamara tan magistralmente José Antonio Cossío.

Carlos Ancira era primo de Jorge Negrete, pero jamás hizo mención del parentesco, quizá porque las épocas de uno y otro están muy distantes y no venía al caso, aunque la primera aparición en cine de Carlos Ancira es de 1948.

Hay discrepancia del lugar donde vino al mundo Carlos Ancira el 20 de agosto de 1929, Monterrey, NL o el Distrito Federal. En todo caso, su carrera teatral lo hizo ser reconocido en todo el país, pero, claro, no fue tan sencillo.

Cuando en 1974 estrenó “El diario de un loco”, él y su esposa, la actriz Karina Duprez, hija de la eximia actriz Magda Guzmán, pusieron todo lo que tenían para el montaje, y lo perdieron todo. El público no estaba acostumbrado a ver este tipo de espectáculos unipersonales, y no acudían a verlo. Carlos Ancira se puso entonces en contacto con las autoridades culturales rusas, para hacerles saber que tenía esta puesta en escena de uno de sus máximos literatos. Seis meses después le contestaron que si alguna vez iba por Europa, se considerara invitado a la Unión Soviética. Entonces Ancira pidió prestado, fue a Europa y presentó en el corazón de Rusia su “Diario de un loco” siendo aclamado por el público y autoridades soviéticas. Este hecho no pasó desapercibido en México, y entonces el público mexicano, quizá por curiosidad, empezó a interesarse por aquel monólogo que antes despreciaron. Las funciones semanales de la obra empezaron a congregar más y más público, y se hizo necesario empezar una gira por el país. Giras, habría qué decir, porque en los 25 años que tuvo esta pieza en escena, recorrió el país entero en varias ocasiones. Veces hubo en que se hizo necesario poner algunas sillas sobre el escenario mismo para satisfacer en lo posible la demanda del público que no quería perder la oportunidad de ver al actor en escena.

En su, por desgracia, corta trayectoria, sumó más de 200 obras de teatro, 2000 programas televisivos, que incluyeron teleteatros (teatro para televisión) y unas 50 películas.

“El teatro es un juego mágico, salirse de una realidad para entrar a otra, ya que la vida es un juego en el que podemos ganar o perder. El teatro es la vida tal y como yo lo entiendo”.  

Y en efecto, si bien fue actor de cine, radio y televisión, el teatro fue siempre su gran pasión. El público, celoso del actor de carácter, nunca le permitió hacer comedia, pero estoy seguro que lo hubiera hecho con la misma dignidad y con el mismo celo con que respetó siempre el teatro clásico. El lobo solitario, de Alexandro Compeán, fue su última obra de teatro, en medio de la séptima función se sintió mal y fue llevado al hospital, donde 3 días después, el 10 de octubre de 1987 perdería la batalla contra el cáncer. 

En múltiples ocasiones, diferentes actores han tenido la oportunidad de realizar dobles papeles en una misma obra. Un bigote, una peluca, unos lentes, y demás artilugios prostéticos, y ya está: mismo actor, diferente personaje… pero misma voz, misma mirada, mismo ritmo… Carlos Ancira, no. En la que fue su última telenovela, “El camino secreto”, hizo un doble papel donde le dio a cada personaje una voz diferente, un carácter diferente, un tono diferente, un peso diferente. Por cuestiones de la historia, un personaje debe suplir al otro. Lo razonable sería que al uno tomar el lugar del otro, fuese el personaje ya creado, pero no; vemos a un tercer personaje donde el ‘suplente’ pierde por momentos compostura y lucha por no dejar salir a flote la personalidad del personaje que en realidad es. Era impresionante ver cómo su contraparte en escena no podía dar réplica por evidente carencia de recursos actorales.

Si usted lo ve en alguna película de luchadores haciendo de monstruo, o de científico loco; sí, es él. Recurría a estos papeles para financiar el buen teatro, que fue su pasión toda su vida.

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

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