DEL BIENESTAR AL MALESTAR

Bajo la retórica oficial, la promesa de la autodenominada «Cuarta Transformación» se creó sobre un pilar fundamentalque fue la supuesta superioridad moral y la erradicación de la corrupción.
A los mexicanos se nos propuso un relato en el que el país transitaba por obra y gracia de los decretos matutinos, hasta llegar a la denominación de un «gobierno del bienestar». Sin embargo, la realidad institucional, esa que se niega a disolverse entre discursos y propaganda, demuestra que todo lo pregonado, en los hechos y en las cifras pa pasado a ser un “gobierno del malestar”.
Los datos no mienten, y cuando se examinan con rigor los informes oficiales, el castillo de arena de la 4T se desploma. Tomemos como radiografía el análisis de las cuentas públicas; y es que se han hecho revisiones de informes de fiscalización y auditorías de los programas sociales y del manejo de los recursos públicos en los cuales se exhibe un boquete monumental de opacidad.
Los números son no solo escandalosos, podríamos decir que también son escalofriantes, pues solo en las llamadas «Becas del Bienestar», se han documentado observaciones por 6,609 millones de pesos. ¿Cómo se traduce esto en la vida real? Estamos hablando de más de 67,000 estudiantes «fantasma» que supuestamente reciben un apoyo, pero cuyos registros brillan por su ausencia en los padrones oficiales válidos, por este concepto se han esfumado más de 592 millones de pesos en la nada.
A esto se suman millones de pesos dispersados en tarjetas que jamás se entregaron o, peor aún, recursos destinados a estudiantes inscritos en escuelas privadas, violentando las reglas de operación de los programas diseñados, teóricamente, para los más necesitados.
Pero la crisis operativa no se detiene en las aulas; ha llegado a afectar al campo mexicano. En los rubros de fertilizantes y abasto de granos básicos, las anomalías superan los 3,000 millones de pesos observados. Se detectaron también toneladas de fertilizantes echadas a perder por no llevar un inventario eficaz; este insumo que jamás pisaron las bodegas a las que supuestamente fueron asignados, o bien la entrega se dio de manera tardía que llegaron cuando el ciclo agrícola ya había terminado.
A lo anterior se suma el quebranto en la compraventa de frijol y maíz, un golpe directo a los productores, si esto afecta a campesinos de Aguascalientes, ¿qué podrán estar pasando los agricultores de regiones altamente productoras de este grano, como es Zacatecas?, en donde han tenido que alzar la voz ante el fraude sistemático y el mal manejo de las bodegas oficiales.
Entonces, hablar de casi 4,000 millones de pesos bajo la sombra de la opacidad no es un detalle administrativo menor; es el retrato fiel de una negligencia institucionalizada.
Frente a estos actos de ineficiencia y opacidad, vale la pena mirar en retrospectiva y establecer comparativos con los gobiernos emanados de Acción Nacional, pues mientras la narrativa oficial insiste en calificar de corruptos a los regímenes del pasado, la gestión panista se caracterizó por la construcción de arquitectura institucional y padrones con reglas de operación fiscalizables, contrapesos reales y transparencia orientada a la rendición de cuentas, sentando bases que hoy se han desmantelado para operar bajo la discrecionalidad de las adjudicaciones directas y los programas sin padrones confiables.
Los gobiernos del PAN, los federales de antes y los que tenemos en los estados actualmente, como es el caso de Aguascalientes, han demostrado que es posible articular políticas sociales con orden financiero, fiscalización estricta y respeto al dinero de los contribuyentes, contrario a lo que se hace actualmente, pues en el país predomina el dispendio de recursos monumentales sin trazabilidad ni castigos ejemplares para los responsables de lo que evidentemente es un desfalco.
Nunca antes se había administrado un presupuesto tan grande bajo condiciones tan alarmantes de opacidad; sólo por ello el «gobierno del bienestar» pasará a la historia no por abatir la pobreza, sino por construir un costoso monumento al malestar ciudadano, donde los recursos de los mexicanos se evaporan entre fantasmas, burocracia inepta, nula transparencia y por ende, la sospecha permanente de la corrupción institucional.







