“ILO, ILO COCODRILO” (“LYLE, LYLE, CROCODILE”)
Algo tienen los animales antropomorfos con habilidades para el canto que cautivan, y esto no es un axioma, ni siquiera una regla general pero para que ello funcione debe tener al menos un mínimo de elementos carismáticos para que el resultado final no sea un desfile de amelcochadas experiencias. Y pues eso es lo que termina siendo “Ilo, Ilo Cocodrilo”, adaptación a la pantalla grande de los textos infantiles creados por Wernard Waber a principios de los 60’s donde un afable y cariñoso reptil tiene la capacidad de interpretar canciones pero misteriosamente no la de hablar o enunciar como cualquier persona.



En ésta cinta tal discrepancia no se explica, pero sí tenemos a Javier Bardem interpretando a un vodevilesco individuo llamado Héctor quien se topa con el lagarto desde que es un cachorro. Al enseñarle todo lo que él sabe sobre los escenarios, decide realizar un acto con el cocodrilo cantante pero éste simplemente no puede entonar melodía alguna frente al público, por lo que Héctor lo abandona en el departamento donde ambos viven.
Pasados unos meses llega a ese lugar una familia, los Primm, integrado por una escritora de libros de cocina (Constance Wu), un ex luchador grecorromano que ha perdido el coraje para seguir con esa actividad (Scoot McNairy) y su hijo, un tímido jovencito incapaz de encajar en su nueva escuela llamado Josh (Winslow Fegley).
Éste último será quien descubra al cocodrilo, por cierto llamado Lilo, en el desván, iniciando una amistad que le dará al chico herramientas para socializar y sacar sus emociones, mientras que sus padres localizarán los puntos que solían hacerlos felices gracias a la intervención de Lilo. Por supuesto, historia tiene un antagonista y aquí será un vecino amargado de nombre Grumps (Brett Gelman) quien junto a su remilgada gata Loretta tratarán de deshacerse de Lilo.
De esta forma la película cumple con todos los requisitos en la historia de éste tipo de filmes para tratar de complacer y llegarle emocionalmente al público, pero el trazo narrativo es tan convencional y la dirección de Josh Gordon y Will Speck tan plana que ni la entonada voz del escamoso protagonista (a cargo de Shawn Mendez) o aquellos aspectos que se aferran al sentimentalismo como la amistad de Lilo con Josh o el crecimiento emocional de los padres (quienes jamás son referidos por sus nombres de pila) rebasan lo manido, así que “Lilo, Lilo Cocodrilo”, con todo y sus amenos pero gastados números musicales, carece de los colmillos necesarios para dejar una marca más permanente en el espectador.
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