La salud de Aguascalientes en números oficiales, no en discursos de campaña

La salud de Aguascalientes en números oficiales, no en discursos de campaña

Los boletines epidemiológicos, los registros de mortalidad y los indicadores sanitarios de los últimos años ofrecen una radiografía que acompañará a cualquier campaña rumbo a 2027.


Mientras comienza la carrera por el futuro político de Aguascalientes, los indicadores de salud pública cuentan una historia difícil de ignorar. Porque mientras los discursos intentan explicar una realidad, los datos se limitan a registrarla. Los boletines epidemiológicos, los certificados de defunción, las estadísticas sanitarias y los registros oficiales no responden a colores partidistas ni a coyunturas electorales; constituyen, más bien, el archivo permanente donde queda escrita la evolución de la salud de una población.

Albert Camus escribió en La Peste que las epidemias tienen una característica singular: siempre parecen imposibles hasta que ocurren. Tal vez por eso los sistemas de salud más sólidos no concentran todos sus esfuerzos en atender las consecuencias de una enfermedad, sino en impedir que estas ocurran. La prevención, la vigilancia epidemiológica y la capacidad de respuesta temprana suelen ser las herramientas que separan una contingencia controlada de un problema de mayores dimensiones. Bajo esa perspectiva, la revisión de diversos indicadores sanitarios en Aguascalientes durante los últimos años ofrece elementos que merecen una reflexión cuidadosa.

Uno de los primeros grupos de indicadores corresponde a las enfermedades de transmisión sexual. Los registros oficiales muestran que durante 2025 Aguascalientes alcanzó el mayor número de diagnósticos de infección por VIH observado en más de una década. Paralelamente, la gonorrea también registró su cifra más elevada en el mismo periodo, mientras que la sífilis mantiene una presencia sostenida desde hace varios años y ha comenzado a manifestar una de sus expresiones más preocupantes: los casos de sífilis congénita, una condición que afecta a recién nacidos y que, en gran medida, puede prevenirse mediante la detección y el tratamiento oportuno durante el embarazo.

Observadas de manera aislada, cada una de estas enfermedades puede responder a factores particulares. Sin embargo, cuando varias de ellas muestran incrementos simultáneos, terminan convirtiéndose en un indicador relevante sobre la efectividad de las estrategias de prevención, detección temprana y educación para la salud.

Las enfermedades de transmisión sexual suelen avanzar lejos de los reflectores públicos. No generan la atención inmediata de una epidemia ni la preocupación social que acompaña a los brotes de enfermedades respiratorias. Sin embargo, constituyen uno de los termómetros más sensibles para evaluar el desempeño de un sistema de salud, porque reflejan la capacidad institucional para identificar cambios en el comportamiento de las enfermedades, reconocer oportunamente factores de riesgo emergentes y generar respuestas que permitan limitar su crecimiento antes de que se traduzca en un problema de mayor magnitud.

Un segundo grupo de indicadores corresponde a las enfermedades transmitidas por vector. Durante años, el dengue mantuvo en Aguascalientes un comportamiento relativamente estable. Los casos procedentes de otras entidades eran identificados de manera oportuna y, las pocas veces que se presentaron brotes locales, estos solían ser contenidos antes de que evolucionaran hacia escenarios de transmisión sostenida. Como resultado, la enfermedad permaneció durante largo tiempo bajo control y lejos de convertirse en uno de los principales desafíos sanitarios para la entidad.

Esa realidad cambió de manera significativa durante los últimos años. Mientras algunas entidades lograron reducir su incidencia respecto de periodos previos mediante estrategias de vigilancia y control, Aguascalientes cerró 2024 entre los 6 estados con mayor incidencia nacional. Con más de tres mil casos confirmados, transmisión local sostenida y defunciones asociadas a la enfermedad, el dengue alcanzó una magnitud inédita para la historia reciente del estado.

Los cambios en el comportamiento epidemiológico de una enfermedad rara vez ocurren de manera espontánea. Cuando una entidad pasa de registrar casos aislados a enfrentar miles de contagios y transmisión comunitaria sostenida, inevitablemente surgen cuestionamientos sobre la capacidad institucional para anticipar riesgos, identificar oportunamente las señales de alerta y desplegar medidas que permitan contener la propagación antes de que el problema alcance mayores dimensiones.

La preocupación no radica únicamente en lo ocurrido durante 2024, sino en lo que estos antecedentes podrían significar para los próximos años. La experiencia de otras entidades demuestra que, una vez establecida la transmisión local, revertir la tendencia suele requerir esfuerzos sostenidos y una estrategia epidemiológica capaz de adaptarse a escenarios cada vez más complejos

Un tercer bloque de indicadores involucra enfermedades prevenibles por vacunación. Aguascalientes llegó a ser una referencia nacional en la aplicación de biológicos. Se llegó a alcanzar el 3er lugar en coberturas dentro del esquema básico destinado a la población infantil. Sin embargo, en fechas recientes comenzaron a aparecer señales que merecen atención.

La tos ferina colocó al estado entre las entidades con mayor incidencia nacional durante 2024 y posteriormente en el primer lugar del país durante 2025. A estos indicadores se sumaron defunciones de menores de edad asociadas a una enfermedad que no había tenido estas dimensiones gracias a las estrategias de inmunización y vigilancia sanitaria que se empleaban anteriormente.

Al mismo tiempo reaparecieron brotes de sarampión, un fenómeno que hasta hace pocos años parecía improbable en gran parte del territorio nacional. En paralelo, la varicela mostró una tendencia ascendente prácticamente continua, pasando de 364 casos registrados en 2021 a 939 durante 2025, además de diversos reportes de transmisión en guarderías y centros escolares.

Estos eventos recuerdan una realidad frecuentemente olvidada: las vacunas continúan siendo una de las herramientas más eficaces desarrolladas por la medicina moderna, pero su impacto depende también de sistemas capaces de identificar brotes tempranamente, rastrear cadenas de transmisión, reconocer cambios en el comportamiento de las enfermedades y desplegar medidas oportunas de contención antes de que los riesgos se traduzcan en problemas de mayor magnitud.

Finalmente aparecen los indicadores relacionados con enfermedades respiratorias transmisibles.

Durante la temporada de influenza 2024-2025, Aguascalientes ocupó el primer lugar nacional en incidencia, mortalidad y defunciones asociadas a esta enfermedad. Posteriormente, durante la temporada 2025 – 2026, el estado continuó apareciendo entre las entidades con mayor incidencia (2do lugar) y 7mo lugar en mortalidad a nivel nacional.

A ello se sumaron los registros de mortalidad por COVID-19 y el aumento de casos de tuberculosis respiratoria, que durante 2025 alcanzó su cifra más alta de la última década.

Por separado, cada uno de estos fenómenos admite explicaciones diversas. Sin embargo, observados en conjunto, revelan un patrón difícil de ignorar: Más enfermedades transmisibles, más brotes, mayor incidencia, mayor mortalidad. Indicadores alejándose de las posiciones que históricamente distinguieron al estado.

La salud pública suele ser una disciplina discreta. Cuando funciona adecuadamente, pocas personas la notan. Cuando comienza a deteriorarse, los efectos terminan apareciendo en estadísticas, hospitales y certificados de defunción. Por ello, mientras los actores políticos comienzan a hablar del futuro, existe una pregunta que también merece ser planteada: ¿Qué dicen los resultados del presente?

Las aspiraciones pertenecen al futuro. Los resultados pertenecen al presente. Y aquellos relacionados con lasalud tienen una característica particular:

Porque las campañas pueden construir narrativas a modo, pero los registros epidemiológicos construyen memoria.

Victor Rafael Molina Hernández

Victor Rafael Molina Hernández

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