Cuando la seguridad también aprende a comunicarse

Policía Rosa concluye el Nivel II de Lengua de Señas Mexicana y refuerza su apuesta por una atención incluyente en Aguascalientes
Una emergencia no espera a que las personas encuentren las palabras correctas. Para alguien con discapacidad auditiva, además, la posibilidad de comunicarse con quien debe auxiliarle puede convertirse en una barrera adicional: no se trata solo de pedir ayuda, sino de lograr que esa ayuda entienda lo que se necesita. Es un escenario hipotético, pero suficiente para dimensionar por qué una corporación policial decide invertir tiempo y recursos en aprender una lengua distinta a la que usa todos los días.
El Gobierno del Estado de Aguascalientes informó este 16 de agosto de 2026 que integrantes de la Policía Rosa, unidad de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado, concluyeron el Curso de Lengua de Señas Mexicana (LSM) Nivel II. La capacitación estuvo a cargo de la maestra Cristina Rodríguez Gaytán y se impartió en el Aula Incluyente del Departamento de Atención a Personas con Discapacidad del DIF Municipal de Aguascalientes. El objetivo, según la propia dependencia, es fortalecer la comunicación con personas con discapacidad auditiva y ofrecer una atención más incluyente, accesible y de calidad.

La seguridad también se comunica
El trabajo policial rara vez se reduce a la fuerza o al operativo. Buena parte de la labor cotidiana consiste en escuchar, preguntar, explicar, orientar, tranquilizar y recabar información. Un policía que atiende una denuncia necesita entender lo que la persona relata; uno que resguarda una escena necesita explicar qué está ocurriendo; uno que orienta a un ciudadano necesita asegurarse de que el mensaje llegó con claridad.
Cuando existe una barrera comunicativa, cualquiera de esas tareas se complica. No porque falte voluntad, sino porque falta un puente. Aprender Lengua de Señas Mexicana es, en ese sentido, una manera de construir ese puente para un sector específico de la población: las personas con discapacidad auditiva que se comunican mediante esta lengua.
Conviene precisar un punto técnico que suele pasarse por alto: la LSM no es un conjunto de gestos improvisados ni una traducción literal del español a señas. Es una lengua con su propia gramática y estructura, utilizada por comunidades de personas sordas en México. Tratarla como tal —y no como una simple destreza manual— es parte de reconocer la identidad lingüística y cultural de quienes la usan.
Cuando eliminar una barrera también es proteger
Hablar de accesibilidad suele evocar rampas, señalización o infraestructura adaptada. Pero la accesibilidad también tiene una dimensión comunicativa: de poco sirve que una oficina tenga rampa si, al llegar, la persona no puede explicar lo que necesita ni entender la respuesta que recibe.
Esa es, quizás, la idea más relevante detrás de la capacitación que ahora reporta la Policía Rosa. No se trata de un gesto simbólico hacia las personas con discapacidad auditiva, sino de una condición para que el servicio de seguridad pública les resulte efectivamente accesible. La diferencia importa: pensar la inclusión como caridad institucional es distinto a pensarla como una condición de acceso real a un derecho. Una policía que puede comunicarse en LSM no está haciendo un favor; está cumpliendo mejor con la función que ya tiene asignada.
El marco jurídico mexicano respalda esa lectura. La Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad —de la que México es Estado parte— reconocen el acceso igualitario a los servicios públicos, incluida la seguridad, como parte de los derechos de las personas con discapacidad. La accesibilidad comunicativa se inscribe en ese principio más amplio: no basta con que un servicio exista, tiene que poder usarse.
Policía Rosa: seguridad con perspectiva de género y derechos humanos
La Policía Rosa es la unidad de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado especializada en la protección de mujeres, niñas y niños en Aguascalientes. De acuerdo con información oficial, sus integrantes cuentan con formación en perspectiva de género y derechos humanos, y la autoridad estatal la describe como un modelo pionero a nivel nacional, una caracterización que corresponde a la propia dependencia y que este reportaje no verifica de forma independiente por ausencia de un estudio comparativo entre corporaciones del país.
Que sea precisamente esta unidad la que suma competencias en LSM tiene un componente relevante: el cruce entre género, discapacidad y seguridad. No todas las mujeres con discapacidad auditiva enfrentan las mismas circunstancias, y sería impreciso homogeneizar sus experiencias. Pero sí puede afirmarse que una institución con perspectiva de género y, ahora, con herramientas de comunicación accesible, cuenta con más elementos para responder a la diversidad de quienes puede atender: desde una adolescente sorda que necesita denunciar una situación de violencia, hasta una madre que busca orientación para su hija.
El secretario de Seguridad Pública del Estado, Antonio Martínez Romo, subrayó el compromiso de la corporación con la capacitación permanente de sus uniformados, con miras a contar con una policía cercana, atenta y capaz de ofrecer mejor atención a la ciudadanía. Sus declaraciones sitúan la capacitación dentro de una política institucional más amplia, aunque el peso del reportaje no debe recaer únicamente en la voz del funcionario, sino en el análisis de lo que esa política implica.
Nivel II: la capacitación que busca ir más allá de lo básico
Un dato que suele perderse entre los adjetivos es que se trata del Nivel II del curso, no de una primera aproximación. Eso importa porque habla de continuidad: la información oficial disponible documenta un antecedente en marzo de 2026, cuando 35 uniformados de la Policía Rosa recibieron una capacitación de 20 horas en LSM y protocolos de inclusión, impartida también por la maestra Cristina Rodríguez Gaytán en el Aula Incluyente del DIF Municipal. La publicación de este agosto no detalla cuántas personas concluyeron ahora el Nivel II, por lo que no puede afirmarse con precisión si se trata del mismo grupo ni un número exacto de participantes.
Ese matiz no resta valor al ejercicio; lo ubica en su justa dimensión. Concluir un Nivel II no equivale, por sí solo, a un dominio fluido de la lengua ni a una competencia profesional plena para cualquier situación de comunicación. Es, más bien, un peldaño dentro de un proceso de aprendizaje que —a juzgar por el antecedente de marzo— parece sostenerse en el tiempo dentro de esta corporación. Afirmar lo contrario, es decir, que el curso ya «garantiza» una atención integral a personas sordas, sería una sobreinterpretación que la propia información no permite sostener.
El reto está en convertir la capacitación en capacidad permanente
Todo curso concluye con una constancia; el verdadero desafío empieza después del diploma. Quedan preguntas abiertas que la información disponible no responde: ¿cuántos elementos de la corporación cuentan ya con esta formación? ¿Existen niveles posteriores previstos? ¿Hay protocolos para solicitar el apoyo de un intérprete certificado en situaciones que lo requieran? ¿Cómo se evalúa, con el tiempo, que la competencia adquirida se mantenga? ¿La capacitación se extenderá a otras corporaciones estatales o municipales, o al personal administrativo que también tiene contacto con la ciudadanía?
Ninguna de estas preguntas invalida el paso dado. Simplemente marca la diferencia entre una capacitación puntual y una capacidad institucional sostenida, que es, en última instancia, lo que determina si el aprendizaje se traduce en un servicio distinto para quien lo necesita en el momento en que más importa: una denuncia, una emergencia, una solicitud de auxilio, un procedimiento donde el miedo, el estrés o la urgencia complican cualquier intento de comunicación.
Ese último punto conecta con algo más amplio que la seguridad pública: el acceso a la justicia. Una persona con discapacidad auditiva que necesita presentar una denuncia, rendir una declaración o recibir orientación sobre un procedimiento depende, en buena medida, de que exista alguien capaz de comunicarse con ella. La capacitación en LSM no resuelve por sí sola todas las barreras que existen en ese camino, pero sí incide en uno de sus tramos más críticos: el primer contacto con la autoridad.
Formar a una corporación policial no se agota en técnicas operativas. La propia dependencia estatal enmarca esta capacitación en LSM dentro de la formación continua y el fortalecimiento operativo de sus cuerpos de seguridad, un concepto que en los últimos años ha ido incorporando, además de las destrezas tradicionales, contenidos de derechos humanos, perspectiva de género y atención ciudadana. La comunicación accesible se suma a esa lista no como un añadido decorativo, sino como una competencia que puede resultar determinante en el momento exacto en que alguien necesita ser escuchado y comprendido.

Una policía más accesible también puede ser una policía más cercana
¿Qué genera confianza en una institución de seguridad? No únicamente la presencia de patrullas o la capacidad de respuesta operativa. También el trato digno, la escucha, la comprensión y el respeto con que se atiende a cada persona. No existe, hasta ahora, una medición que permita afirmar que este curso en particular ya incrementó la confianza ciudadana; lo que sí puede sostenerse es que la comunicación directa entre una corporación y un sector de la población que históricamente ha enfrentado barreras de acceso favorece, al menos, las condiciones para que esa confianza pueda construirse.
Una institución que reconoce que la ciudadanía a la que sirve es diversa —y que prepara a su personal para atender esa diversidad— se acerca a una concepción más moderna del servicio público. Ese reconocimiento no debería ser excepcional, pero en un contexto donde muchas instituciones aún no incorporan la accesibilidad comunicativa como parte de su formación básica, cada paso en esa dirección tiene un valor concreto.
La capacitación de la Policía Rosa en Lengua de Señas Mexicana es, antes que una nota de prensa institucional, un recordatorio de algo simple: escuchar no siempre significa hacerlo con los oídos. Una policía cercana no es únicamente la que está presente cuando ocurre una emergencia; también es la que está preparada para entender a quien necesita su ayuda, sea cual sea la lengua en la que esa persona se comunica.
El Nivel II concluido este agosto no cierra el proceso, lo continúa. Y su valor real se medirá menos por la constancia entregada a cada participante que por lo que ocurra la próxima vez que una persona con discapacidad auditiva necesite acudir a la policía en Aguascalientes y encuentre, del otro lado, a alguien capaz de comunicarse con ella.







