Cotidiano

Cotidiano

Una cajetilla de cigarros y un encendedor basta. Un lugar donde sentarse y tirar en el pasto verde dicha cajetilla con el encendedor, basta para ser libre. Una inhalación y un sabor. Contemplo el movimiento: automóviles muchos, gente poca, otra inhalación. Y aquí empieza la locura, y el estrés. Locura por esos fenómenos inconscientes, estrés por cotidianidad. Imagino y cavilo, pienso y sueño y no sé que más fabrico. Otra inhalación y me entristece, ya queda poco cigarro, la ceniza voló, siento ansías, lo consumo todo y prendo otro, volteo con la pena, pero sin vergüenza. Entonces cierro los ojos y deseo escribir. Escribir y no parar de escribir. Esos deseos inquietos que me apaciguan; me alivio y veo que el segundo cigarro ya casi se consume, me estreso y me da tristeza. Deseo volver a escribir, creo que lo único que me aliviará será escribir. Prendo otro cigarro y las ansias son raras y me asusta; ya no siento ganas de escribir y solo me llevo un estrés raro: tres cigarros en quince minutos.

Han surgido tantos pensamientos cuando no existen ansias, han surgido tantas ideas cuando estoy en paz, que la vida fluye y yo soy feliz. Pocas veces he sentido esa felicidad, por eso es tan marcada. Pocas veces he sido tan dichoso que lo recuerdo como algo inalcanzable.

Prefiero cerrar los ojos e imaginar cosas y sucesos imposibles, también me calma, es un alivio temporal. Ese alivio temporal me llena y me hace ser íntegro, siento una sensación de alivio a mi eterno estrés.

Me estresa la gente superficial, porque el sentido crítico es muy bajo.

Me estresa el comportamiento doloso de la gente, porque es una bajeza espiritual. No voy a redundar en mi estrés, no importa compartir.

Solo deseo cerrar los ojos, dejarme llevar por una sensación de libertad, respirar vida y sonreír, tocar el cielo para sentir ese frío congelante y sanador. Deseo llegar a las nubes y sentir esa brisa que me roce las mejillas y que me causan emoción y carcajadas. Nadie me verá y haría lo que me plazca.

Abro los ojos y tengo un cigarro en mi boca e inhalo. Veo mucho automóviles y poca gente. Me retiro y digo: ha pasado tanto tiempo que a su vez se ha ido, ha pasado tanto tiempo que el dolor aquí está.

Carlos León. Verano del 2017

 

Carlos Leon

Lic. en Sociología, con Maestría en Psicoterapia y Doctorante en Filosofía.

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