Cuando el dique se rompe: el PAN, Fernando Herrera ¿en acción?

Cuando el dique se rompe: el PAN, Fernando Herrera ¿en acción?

La dirigencia panista admitió lo que era un secreto a voces: hubo transacciones de favores entre un militante histórico y Morena. El escándalo revela las grietas estructurales de un partido que enfrenta 2027 con fracturas internas y sin candados éticos.

Hay momentos en que la política deja de actuar y comienza a confesar. El miércoles pasado, Javier Luévano Núñez, presidente del Comité Directivo Estatal del Partido Acción Nacional en Aguascalientes, se plantó ante Mario Luis Ramos Rocha y pronunció las palabras que ningún dirigente partidista quisiera decir en voz alta: hubo, sí, un intercambio de favores entre Fernando Herrera Ávila y las filas de Morena.

El detonador fue el diputado local morenista Fernando Alférez Barbosa, quien exhibió públicamente la coordinación entre Herrera y la oposición. Lo que pudo haberse manejado como una filtración menor se convirtió, con la propia respuesta del dirigente estatal del PAN, en una confirmación institucional. Luévano no negó los hechos: los contextualizó y luego marcó una línea que suena más a ultimátum preelectoral que a ejercicio disciplinario real. El partido, dijo, no va a permitir que nadie juegue en dos bandos simultáneamente.

«El partido no va a permitir que se juegue en dos bandos simultáneamente.»

— Javier Luévano, CDE PAN

Hay una ironía que no puede pasarse por alto: Fernando Herrera Ávila es, por formación y trayectoria, uno de los panistas más experimentados del Estado. Exsenador de la República por Aguascalientes en el periodo 2012–2018, candidato a presidente municipal de la capital en 2010, y hoy Rector de la Universidad Tecnológica Metropolitana de Aguascalientes, cargo que ocupa por designación del propio gobierno panista de Teresa Jiménez Esquivel. Es decir: el hombre acusado de hacer favores al partido rival es, al mismo tiempo, funcionario del gobierno que ese partido sostiene. La paradoja no es menor.

La ley de hierro visita al PAN hidrocálido

Robert Michels describió hace más de un siglo, en su célebre Zur Soziologie des Parteiwesens, el mecanismo que hoy se reproduce en el PAN de Aguascalientes con una puntualidad casi didáctica. Las organizaciones políticas, argumentó Robert Michels, tienden inevitablemente hacia la oligarquía: una élite reducida captura los resortes del poder, neutraliza la competencia interna y produce lealtades cruzadas que nada tienen que ver con los principios fundacionales del partido.

Lo que el caso Herrera-Morena revela no es solo una transgresión individual. Es el síntoma de un partido donde la lógica del favor —dar y recibir posiciones, apoyos y silencios convenientes— ha reemplazado a la lógica programática. Herrera no es un outsider que se infiltró en la oposición: es un cuadro histórico que aprendió a moverse en las reglas no escritas de un sistema donde la supervivencia política depende de las alianzas correctas, aunque esas alianzas crucen líneas partidistas.

Un partido que admite intercambio de favores con el adversario, pero solo lo condena cuando se vuelve público, no tiene un problema de militantes: tiene un problema de cultura institucional.

2027 como espejo

El timing de la declaración de Luévano no es casual. Aguascalientes renueva gubernatura, diputaciones y presidencias municipales en 2027. En ese contexto, el PAN tiene una necesidad estratégica urgente: presentarse ante el electorado como un bloque sólido, sin fisuras ni dobles lealtades. La advertencia pública del presidente del CDE cumple esa función performativa: es menos una sanción real que una señal hacia adentro del partido y hacia la opinión pública.

El problema es que Morena también ha leído ese contexto. Al exponer a Herrera a través del diputado Alférez, la bancada guinda cumplió un doble objetivo: debilitó al PAN internamente y se posicionó como el actor que «destapó» la corrupción de favores, aunque esa corrupción fuera, justamente, un intercambio con sus propias filas. El juego es más sofisticado de lo que parece.

Lo que queda al descubierto, sobre todo, es la ausencia de mecanismos internos de control en el PAN estatal. En un partido sano institucionalmente, el intercambio de favores con el partido rival habría sido detectado, procesado y sancionado antes de llegar a las páginas de los medios. Que haya sido el adversario quien lo expuso —y no la estructura interna del propio partido— es la señal más elocuente del problema.

Un partido que admite intercambio de favores con el adversario pero solo lo condena cuando se vuelve público, no tiene un problema de militantes: tiene un problema de cultura institucional. Javier Luévano puede trazar las líneas de fuego que quiera. Pero sin procesos internos transparentes, sin rendición de cuentas real y sin voluntad de depurar a sus propias redes de favor, esas líneas solo serán retórica electoral. Y Robert Michels desde hace más de cien años, ya nos advirtió cómo termina esa historia.

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles. El sistema de Cookies principal del sitio el proporcionado por Google Analytics.  POLÍTICAS DE PRIVACIDAD