La Comuna de París (19) Todo termina
Jueves 25 de mayo. Toda la orilla izquierda del Sena en manos del ejército. Habiendo sido algunos miles de federados [comuneros], hoy son doce a uno, por lo que “no pueden sostener indefinidamente un frente de batalla de varios kilómetros. Llegada la noche, muchos van en busca de un poco de descanso. Los versalleses ocupan sus barricadas, el nuevo día ve la bandera tricolor plantada en el mismo lugar en que estaba la víspera por la noche la bandera roja” (Lissagaray, Historia de la Comuna de París, p. 309).
Las tropas del gobierno avanzan abriéndose paso con toda la fuerza de sus cañones y la decisión de eliminar así sea cruelmente a todos los federados. “… ¿Qué le importaba a la gran burguesía triunfar de unas ruinas, si sobre ellas podía escribirse: ‘El socialismo ha acabado por mucho tiempo’?” (pp. 309-310).
“La plaza Château d’Eau es devastada por un ciclón de obuses y balas. Son proyectados enormes bloques; los leones de la fuente, ladeados o derribados; el pilón que la corona está retorcido. De las casas salen llamas. Los árboles no tienen hojas y sus ramas rotas cuelgan como miembros descuartizados que sostiene un jirón de carne. De los jardines asolados vuelan nubes de polvo. La mano de la muerte se abate sobre cada piedra” (p. 315).
“El París que ha hecho Versalles ya no tiene apariencia civilizada: ‘es una locura furiosa –escribe Le Siècle del 26 por la mañana–. Ya no se distingue al inocente del culpable. La sospecha está en todos los ojos. Abundan las delaciones. La vida de los ciudadanos no pesa más que un cabello. Por un sí o un no, detenido, fusilado’ … Si el tiroteo no basta, la ametralladora siega. No mueren todos al primer tiro, y por la noche salen de estos montones desesperados clamores de agonía … La sombra hace renacer el resplandor de los incendios. Donde los rayos del sol ponían negras nubes, vuelven a surgir ardientes braseros …” (pp. 316-317).
Viernes 26 de mayo. Al amanecer se reanudan los ataques … Atrincherados en las casas, los federados ni cejan ni retroceden. Y, gracias a su sacrificio, la Bastilla disputará todavía al enemigo durante seis horas, “los restos de sus barricadas y sus casas destrozadas. Cada piedra tiene su leyenda en este estuario de la Revolución … En esas ruinas, bajo las vigas en llamas, hay hombres que disparan el cañón, que levantan diez veces la bandera roja, diez veces abatidas por las balas versallesas … ¿Cuántos son a mediodía? Cien, puesto que por la noche hay cien cadáveres en la barricada matriz” (pp. 318-319).
A las dos de la tarde cae La Bastilla … “Desde lo alto de las fortificaciones se ve a los prusianos en armas. Según los términos de un convenio anteriormente concertado entre Versalles y el príncipe de Sajonia, el ejército alemán sitiaba a París desde el lunes, por el norte y el oeste … A mediodía se declara el fuego en la parte oeste de los docks de La Villete [zona industrial], inmenso depósito de petróleo, de esencias y materias explosivas, incendiado por los obuses de ambas partes … (p. 321).
Sábado 27 de mayo. “… los primeros fulgores descubren un paisaje lívido. La niebla es penetrante, viscosa; la tierra está empapada. Bocanadas de humo blanco se alzan penosamente por encima de la lluvia; es el tiroteo … El sábado por la noche ya no quedan a los federados más que dos trozos de los distritos XI y XX … Llueve a torrentes. El incendio de La Villette presta a estas tinieblas su cegadora claridad” (pp. 325-327).
Domingo 26 de mayo. “Disminuye el ardor de la fusilería; hay largos silencios. El domingo 28 de mayo (sic) [la contradicción entre las fechas, domingo 26 y domingo 28, figura en el texto original, por lo cual cito la redacción tal cual] al mediodía, se dispara el último cañonazo federado … La pieza, atacada con doble carga, exhala el último supremo suspiro de la Comuna de París … La última barricada de las jornadas de mayo … por espacio de un cuarto de hora la defiende un solo federado. Por tres veces rompe la asta de la bandera versallesa enarbolada sobre la barricada de la calle París. Como premio a su valor, el último soldado de la Comuna consigue escapar … A la una, todo había terminado”
De los integrantes de la Comuna el 21 de mayo (79), uno murió en las barricadas; dos fueron fusilados; dos estaban gravemente heridos; tres heridos. “Los versalleses perdieron poca gente; los federados 3 mil muertos o heridos. Las pérdidas del ejército, en junio del 48, y la resistencia de los insurrectos, fueron relativamente más serias. Pero los sublevados de junio no tuvieron enfrente más que a 30 mil hombres; los de mayo lucharon contra 130 mil” (pp. 327-329).

