La Pona: cuando conservar un bosque también es gobernar una ciudad

La Pona: cuando conservar un bosque también es gobernar una ciudad

Bajada: Entre el cajeteo de un árbol y la compra de tres predios hay una misma pregunta: qué significa cuidar un bosque dentro de una ciudad que no deja de crecer. La historia reciente de La Pona, en el oriente de Aguascalientes, empieza a responderla.

El bosque en medio de la ciudad

Aguascalientes crece hacia el oriente con la lógica de cualquier ciudad mexicana de tamaño medio: fraccionamientos nuevos, avenidas que se extienden, comercios que ocupan terrenos baldíos. En medio de ese movimiento permanece un fragmento de suelo que todavía respira como monte: raíces que sostienen tierra, copas que dan sombra, un silencio que no es el de un parque cualquiera. Es La Pona, un remanente del bosque de mezquite que alguna vez cubrió buena parte de la zona de manantiales de Ojocaliente, el mismo entorno que dio origen a la fundación de la ciudad hace más de cuatro siglos.

No es casualidad que sobreviva ahí. Es resultado de decisiones —algunas antiguas, otras muy recientes— que decidieron que ese suelo no se pavimentaría.

Una pequeña cuenca alrededor de un árbol

El 18 de agosto, personal de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable (Semadesu) realizó una nueva jornada de mantenimiento en La Pona, con apoyo del Club de Fútbol Necaxa. Se levantaron residuos, se podaron y amarraron árboles nativos, y se practicó el cajeteo: una labor sencilla que consiste en abrir una pequeña depresión circular alrededor del tronco para que el agua de lluvia se concentre ahí en lugar de escurrir sin aprovecharse.

El cajeteo no es espectacular. No genera titulares por sí solo. Pero es, quizá, el resumen más honesto de lo que significa conservar: no siempre se trata de plantar algo nuevo, sino de sostener con paciencia lo que ya existe. Un árbol cajeteado infiltra mejor el agua, mantiene húmedo el suelo por más tiempo y tiene mayores probabilidades de sobrevivir a la temporada seca. En conservación ambiental, con frecuencia lo más importante es lo menos vistoso.

La Pona no es un parque cualquiera

Conviene distinguir términos que suelen mezclarse. Un parque urbano es, ante todo, un espacio de recreación. Un área verde puede ser tan simple como un camellón con pasto. Un bosque urbano conserva vegetación arbórea, pero no necesariamente un régimen legal de protección. Un Área Natural Protegida (ANP), en cambio, tiene una declaratoria jurídica que limita los usos de suelo permitidos.

La Pona pertenece a esta última categoría desde 2019, cuando el Cabildo aprobó su declaratoria como Zona de Conservación Ecológica de la Ciudad de Aguascalientes, de competencia municipal, con una superficie de 17.4 hectáreas: 6 correspondientes al parque recreativo y 11.4 al remanente de bosque de mezquite. Esa cifra —17.4 hectáreas— es la de la declaratoria original y conviene no confundirla con las superficies mayores que han aparecido después en la conversación pública sobre el proyecto de ampliación.

Del rescate al mantenimiento

La historia de La Pona no ha sido lineal. Durante años, colectivos ciudadanos como Salvemos La Pona denunciaron presiones inmobiliarias sobre los terrenos colindantes al área declarada y promovieron un litigio para frenar posibles cambios de uso de suelo. En paralelo, el Municipio sostuvo que las 17.4 hectáreas bajo su competencia se mantenían con reforestaciones, limpieza de escombro y brechas cortafuego, incluso mientras el proceso legal seguía abierto.

En 2026, esa continuidad se hizo más visible. En marzo, una jornada de desmalezado retiró alrededor de nueve toneladas de maleza en media hectárea, como medida preventiva contra incendios antes de la temporada de calor y como preparación del suelo para las lluvias. En junio, una mega jornada de limpieza sumó a tres colectivos —Guardianes del Mezquite, Salvemos La Pona y Tlacuaches de Fuego— a las labores de recolección de residuos y poda. Y en agosto, la jornada más reciente volvió a poner el cajeteo en el centro de la actividad.

La nueva apuesta

El 2 de junio de 2026, en sesión extraordinaria, el Cabildo aprobó con 12 votos a favor y 4 en contra la adquisición de tres predios ubicados en avenida Aguascalientes Oriente y avenida Alameda, por 101 millones de pesos, cifra que las empresas propietarias redujeron desde una oferta inicial de 105 millones y a la que se sumó el pago previo de casi 4 millones de pesos que esos terrenos adeudaban de predial. El presidente municipal, Leo Montañez, señaló que el valor catastral de los predios rondaba los 700 millones de pesos.

Con esa compra, el objetivo declarado es avanzar hacia una segunda etapa: consolidar más de 30 hectáreas de La Pona bajo la categoría de Zona de Conservación Ecológica de Centro de Población, casi el doble de la superficie protegida hasta ahora. El propio Ayuntamiento ha señalado que el proceso de declaratoria formal para la superficie ampliada podría tardar entre tres y seis meses, e implicará un estudio técnico, más vigilancia y probablemente la contratación de guardabosques adicionales. El proceso no está terminado: hay una decisión de compra y una ruta trazada, no todavía una declaratoria consumada.

Dato Clave de Ampliación
Adquisición histórica: Compra de 3 predios estratégicos por $101 MDP (con un valor catastral estimado en $700 MDP) para consolidar una reserva ecológica de más de 30 hectáreas.

Leo Montañez y la política de conservar

¿Qué revela la continuidad de estas acciones? No un solo evento aislado, sino una secuencia: mantenimiento recurrente, participación de colectivos, una adquisición patrimonial que el propio gobierno describe como histórica y el anuncio de un plan de manejo posterior. Esa secuencia —más que cualquier discurso puntual— es la que permite hablar de una política de conservación y no de un episodio de buena voluntad. El mérito, si existe, no está en haber ordenado una sola jornada de limpieza, sino en haber sostenido el mismo tema en la agenda municipal durante meses, incluyendo una decisión con costo político y presupuestal considerable.

El agua que no vemos

Buena parte del valor de La Pona no se ve a simple vista. La vegetación y el suelo permeable favorecen la infiltración del agua de lluvia hacia el subsuelo, un proceso relevante en una ciudad que depende en gran medida de sus acuíferos. La zona se ubica, además, sobre el acuífero de Ojocaliente, la principal fuente de abastecimiento hídrico de la capital. Mantener el suelo cubierto de vegetación —y no sellado por concreto— es, en ese sentido, una decisión con consecuencias que van más allá del paisaje: cada hectárea que conserva su capacidad de infiltración es una hectárea menos expuesta a encharcamientos e inundaciones aguas abajo.

El mezquite como memoria viva de Aguascalientes

Si La Pona tiene un símbolo, es el mezquite (Prosopis laevigata), la especie que domina cerca del 65% de su superficie vegetal. Es un árbol adaptado a la aridez del centro-norte del país, capaz de fijar nitrógeno en el suelo y de sostener una red de vida alrededor suyo: insectos, aves, pequeños mamíferos que dependen de su sombra y de sus vainas. En Aguascalientes, el mezquite no es solo vegetación nativa: es memoria del paisaje que existía antes de la ciudad, el mismo que dio nombre a la hacienda de Ojocaliente y, con ella, a los orígenes coloniales del asentamiento.

Gobierno y ciudadanía

La conservación de La Pona no ha sido obra exclusiva del Municipio. Los colectivos que han participado en las jornadas recientes —Guardianes del Mezquite, Salvemos La Pona, Tlacuaches de Fuego, entre otros— construyeron durante años una vigilancia social sobre el área, incluso en momentos de tensión con proyectos inmobiliarios. Su presencia en las jornadas de 2026 no debe leerse como subordinación al gobierno municipal, sino como una colaboración entre actores con historias e intereses propios que, en este caso, coinciden en el objetivo de proteger el mismo espacio.

Conservar es mantener

Existe una diferencia útil entre rescatar, conservar, restaurar y proteger. Rescatar es recuperar algo que se ha deteriorado gravemente. Conservar es sostener las condiciones ecológicas que ya existen. Restaurar implica recuperar funciones perdidas. Proteger es establecer los mecanismos legales que blindan un espacio frente a otros usos.

El cajeteo del 18 de agosto encaja, sobre todo, en la segunda categoría: es mantenimiento cotidiano, la parte menos vistosa pero más constante del trabajo de conservación. Sin ese sostenimiento diario, ni el rescate ni la protección legal bastan por sí solos.

El reto de medir los resultados

¿Cómo sabremos, dentro de cinco o diez años, si La Pona está mejor conservada que hoy? Algunos indicadores razonables —propuestos aquí con fines de análisis periodístico, no como métricas oficiales del Municipio— podrían ser: la supervivencia y el crecimiento de los árboles intervenidos, la cobertura vegetal total del área, la presencia sostenida de fauna nativa, la reducción de incidentes de incendio o desmonte irregular, y el avance real hacia la declaratoria de las hectáreas adicionales. Realizar jornadas es necesario, pero no es lo mismo que demostrar, con datos acumulados en el tiempo, que el ecosistema mejora.

La ciudad seguirá creciendo. Los fraccionamientos seguirán apareciendo hacia el oriente, las avenidas seguirán extendiéndose, los autos seguirán circulando cerca de ahí. Pero un mezquite cajeteado en agosto de 2026 puede seguir en pie dentro de veinte años, con suelo húmedo a su alrededor y sombra sobre la tierra. Conservar La Pona no es solamente firmar un decreto ni comprar tres predios: es decidir, jornada tras jornada, que ese suelo no dejará de ser naturaleza mientras todo lo demás cambia alrededor.

Municipio de Aguascalientes

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