“MATRIX: RESURRECCIONES” (“THE MATRIX RESURRECTIONS”)

“MATRIX: RESURRECCIONES” (“THE MATRIX RESURRECTIONS”)

Esta reinserción al visionado cinéfilo del mundo de Matrix dos décadas después de su invención por los entonces Hermanos Wachowski tiene la mejor media hora en toda la saga, localizada al inicio de la cinta cuando todo apunta a una inteligente sátira que emplea un metalenguaje como mecanismo desacralizante a los modelos de quinesia cinematográfica instaurados por las mismas películas de “Matrix” y su retórica barbarizante a los lineamientos filosóficos de principios del siglo XX sobre el ser y la nada, pero después la directora Lana Wachowski recordó (o tal vez sucumbió a la presión del estudio) que para enclavar esta cinta a la saga debía incluir secuencias de batallas, golpes y persecuciones y así lo que apuntaba a una mordaz autorreflexión sobre lo que significó un tuneo completo al cine de acción termina siendo un forzado intento de revalidación con algunos momentos de interés.

Keanu Reeves regresa como estelar interpretando a Thomas Anderson, un programador de San Francisco que utiliza sus sueños y unos vagos recuerdos sobre experiencias fantásticas que pudo o no haber experimentado en otra vida sobre una guerra entre hombres y máquinas, agentes imbatibles de traje, corbata y lente oscuro y una mujer llamada Trinity que lo inquieta para crear una serie de exitosos videojuegos llamados por supuesto “Matrix”.

A pesar del éxito financiero y los elogios, Thomas se siente vacío hasta que llega una joven llamada Bugs (Jessica Henwick) quien le informa que su vida es una mentira, que él alguna vez fue el fabulado “Elegido” que liberó a la humanidad del yugo tecnológico y que ahora habita en una realidad virtual. Por supuesto, él se resiste hasta que conoce a una versión más joven y de modalidad digital de Morfeo (Yahya Abdul-Mahteen II) quien lo convence para que ingiera la famosa cápsula roja y así conozca la verdad: los humanos han vuelto a ser presa de una inteligencia artificial a pesar de lo acontecido en las cintas anteriores y es el destino de Thomas retomar su manto como Neo y proseguir la lucha.

El giro se da cuando descubre que el conflicto no se orienta contra las máquinas al punto que varias entidades robóticas son tan benignas que incluso auxilian a los rebeldes liderados por una envejecida Niobe (Jada Pinkett-Smith), sino contra una identidad virtual llamada El Analista (Neil Patrick Harris) que busca asimilar el control de la consciencia global humana.

En el proceso resurge el perverso Agente Smith (Jonathan Groff) en modalidad rejuvenecida y la misma Trinity, a quien Neo desea recuperar aun cuando ella vive una existencia de ensueño en la Matrix como aficionada a las motocicletas que vive con un esposo e hijos amorosos. Esta faceta es la que logra dotar de realce al filme, pues entre las obligadas y previsibles luchas que no aportan algo a la trama –coreografiadas de manera muy rutinaria y sin algún apéndice novedoso como ocurriera en el primer filme con el famoso “tiempo bala”- o los inevitables recursos dizque filosóficos que buscan infructuosamente por añadirle una profundidad que simplemente no le va a una trama que prefiere lo anodino, la relación entre Neo y Trinity localiza un eje genuinamente romántico y emocional que dirige la película a un clímax por demás acertado, así como los recursos metalingüísticos que reflexionan sobre la identidad de una cinta como ésta en la era del reboot y las revaloraciones a los objetos de culto pasados.

Pero estos recursos terminan siendo arrojados por la borda para tratar de darle a los fans lo que esperan de una película de “Matrix” en lugar de pronunciar un discurso renovado y actual, tal cual indicaba esa fabulosa primera media hora. “Matrix: Resurrecciones” es como un algoritmo de Netflix: parece conocernos, pero sólo busca complacernos sin otorgar algún índice de propuesta, y eso hace que esta cita se perciba al final fría e innecesaria.

Juan Pablo Martínez Zúñiga

Juan Pablo Martínez Zúñiga

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