RECONDUCCIÓN DEMOCRÁTICA

RECONDUCCIÓN DEMOCRÁTICA

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[bctt tweet=»la postura del Presidente de la República fue tibia y a la manera de Pilatos, se lavó las manos,» username=»crisolhoy»]

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha fallado contra la llamada Ley Bonilla, con la que se pretendía irregularmente ampliar el periodo a la gubernatura de Baja California de dos a seis años. La medida redimensiona al Poder Legislativo como independiente de la voluntad del Ejecutivo.

Aunque en el Congreso bajacaliforniano la resolución fue adoptada por una mayoría de oposición al gobernador electo y sólo algunos legisladores de Morena, este partido no quedó bien parado ante la opinión pública nacional. Tampoco el candidato ganador, a quien nunca se le desvinculó de la maniobra, de tal manera que la ley adoptaría popularmente su apellido.

La Legislatura entrante no metió las manos para dar marcha atrás y la postura del Presidente de la República fue tibia y a la manera de Pilatos, se lavó las manos, lo que dejó un mal sabor de boca incluso para algunos de sus correligionarios, que desde el principio se habían manifestado en contra de la maniobra.

Por esos tiempos pero al otro lado del país, específicamente Tabasco, el gobernador de cuño morenista impulsó una iniciativa de reforma al código penal para sancionar con seis hasta trece años de prisión, al “impedimento de ejecución de trabajos u obras”, fueran públicas o privadas. La mayoría parlamentaria logró aprobar en tiempo record la iniciativa, la que se conocería popularmente como Ley Garrote.

Correspondía a una reforma a modo. Se decía que la misma tenía un doble destinatario: primero, aquellos grupos que tradicionalmente han bloqueado sobre todo instalaciones de Pemex para presionar con la solución de temas particulares y segundo, prever acciones similares en el proyecto de construcción de la refinería de Dos Bocas. Hace casi tres décadas un destinatario de la ley referida hubiese sido el propio López Obrador.

Tanto la Ley Bonilla como la Ley Garrote constituyeron en su momento dos expresiones del retroceso democrático que se estaba dando en el país y precisamente en el partido que había ganado las elecciones federales el año anterior, en gran medida por el hartazgo ante el autoritarismo. Desde mi punto de vista López Obrador desdeñó ambos hechos. Su gobierno no puede ser calificado sólo por lo que haga él y su gabinete, para el grueso de la gente también influye los que están abajo, en distintos niveles, pero que pertenecen al mismo partido o corriente de pensamiento que lo ha apoyado.

Aunque tampoco deberíamos dejar pasar otro elemento que en su momento alimentó el cuestionamiento sobre el necesario proceso democratizador en el país. Me refiero a la profunda crisis interna de Morena, donde se había perdido piso en cuanto a su papel en este momento de desarrollo político. Aunque López Obrador siempre pintó su raya, no puede desvincularse del partido que el fundó ni menos aún que no incida en el derrotero a seguir.

Lo que vino después en otro orden, específicamente la pandemia y la grave crisis económica, había tapado o mandado a un segundo orden estos lamentables hechos, que de todas formas habían influido negativamente en el proceso democratizador del país.

Aún sin ser superada la coyuntura y estar lejos de ello, se ha recibido con beneplácito la decisión (por unanimidad) de la Suprema Corte, no sólo porque reivindica el carácter independiente de este Poder con respecto a los otros dos, sino porque reconduce la vida política hacia un camino de mayor certeza de la ley y respeto de las instituciones.

No son tiempos para que se presenten manifestaciones autoritarias y en el fondo dictatoriales. Hay que reconocer que aún el estilo de gobernar de López Obrador, para escuchar poco a los demás y estar casado en sus puntos de vista, en el periodo pandémico ha manejado las cosas más con la información, transparencia y persuasión, sin recurrir a medidas coercitivas como si quisieran algunos. Pero no es suficiente que las cosas así, sólo se den a nivel de la cúpula y no más abajo, con gobernadores y presidentes municipales que llegaron a su puesto por la misma vía que el Presidente.

Es un paso más en la reconducción democrática del país, para definir en los hechos (no sólo en lo discursivo), que realmente se es diferente con respecto a los demás, que no somos iguales ni pensamos ni actuamos de manera similar. Los hechos que arriba señalamos demostraban que no era así. Tarde o temprano la gente iba a pasar la factura.

Daniel Carlos García

Aguascalentense de nacimiento, comunista por convicción y médico por estudios en la UNAM. Militante activo de la izquierda marxista desde la década de los 70’s; fue miembro y dirigente de los partidos: PCM, MAUS, PSUM, PMS Y PRD. Periodista por vocación y colaborador de diversas publicaciones. Ha escrito diversos libros, entre ellos: “Fulgor rebelde. La guerrilla en Aguascalientes”, “El perredismo en Aguascalientes” y el “Diccionario de la Izquierda en Aguascalientes”, “Historia y situación del cooperativismo en el DF” y “Las mujeres en la Revolución Mexicana”. Fue Director de Capacitación para el Empleo del Gobierno del Distrito Federal (2000-2005); asesor del Srio. de Gobierno del GDF y Director de Estudios y Estadísticas del Trabajo (GDF 2007-2012). Actualmente es Gerente de Saludo en CENFES, AC, así como organizador y dirigente del Movimiento Comunista Mexicano (MCM).

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