Elector Hipócrita y cliente adolorido
Una buena parte de ciudadanos han sucumbido ante la propaganda engañosa de las campañas políticas (sondeos de opinión tendenciosos; acusaciones de corrupción sin fundamento; amenazas de suspensión de programas sociales; amagos de violencia criminal, etc.) lo que se refleja en un grave atentado en contra la libertad del hombre; como resultado vemos hoy un sufragio que aparenta ser libre y secreto pero que obedece en realidad a una necesidad creada y dominante construida por un antiguo mecanismo de elección popular del Estado mexicano para garantizarse el control social.
Con tal mecanismo y a través del decadente sistema de partidos, se construye la conducta del Elector Hipócrita, o Elector Cliente, que durante el periodo de campañas negocia el resultado y decide intercambiar su voto por regalías a futuro y beneficios inmediatos.
Según Aristóteles, “en todo lo que se hace por necesidad, advertimos cierto dolor por el resultado”, sin embargo, los votantes que se involucran activamente en campañas políticas no parecen tener dolor alguno pues apenas liberan emociones incalculables, por ejemplo, en redes sociales comparten infinidad de frustraciones, algunos pintarrajean bardas de adversarios, destrozan cristales de comercios y oficinas, rayan pintura de los autos y roban lonas para cubrir sus gallineros; los que viven en pandilla te miran envalentonados, enchalecados y asoleados mientras promueven su candidato por calles del barrio, reciben precarias despensas y corean porras o bailan reggaetón o quebraditas mientras lanzan consignas al cielo y escuchan su grupo Bronco, los Cadetes de Linares o Ángeles azules y, con suspiros y besos para sus morras hasta cantan las románticas melodías de Napoleón.
En redes sociales, a modo de los juegos del hambre, aparecen y se multiplican las más absurdas e inmaduras inteligencias de jóvenes y viejos, que gratuitamente magnifican errores de un supuesto y desconocido adversario y, a sugerencia del Poder mienten y manipulan mentiras hasta el cansancio.
A cualquier hora, a diestra y siniestra, los “cibernautas opinólogos” comparten mensajes para idiotizarte de “propaganda negra” e “influir” entre seguidores para “modificar” sus preferencias políticas. Ellos navegan, día y noche, incansables y sin brújula, y cierran sus ojos para no ver la realidad en la que viven. Porque la realidad es dolorosa, y hay que temerle a la realidad pues trae consecuencias irremediables como la del hambre que mata poco a poco a la libertad y como el criminal, a quien tanto abraza, le amenaza desde el celular
Si acaso sentimos dolor, valdrá preguntarnos: ¿el Voto en realidad es producto creado por una necesidad creada e insertada en nuestra mente y este dolor que desata el resultado de las campañas es un indicador suficiente para sostener que vivimos en una falacia electoral y que el Voto no es, ni libre, ni secreto?
Aristóteles y su delicioso ensayo de la Gran Moral, confirma la funcionalidad del Estado en la descabellada, deseada y frustrada conducción social de masas que sólo incita a desarrollar una engañosa confrontación social cómo su mejor estrategia para adueñarse de la casa de tu vecino y echarle fuera ella: para que sea, ¡feliz, feliz, feliz!

