Aguascalientes y el techo de cristal de la izquierda

Aguascalientes y el techo de cristal de la izquierda

Morena designó a Nora Ruvalcaba por tercera vez para competir en un estado que no ha ganado en tres décadas. La pregunta no es si el partido puede crecer, sino si alguna vez podrá crecer lo suficiente.


El 25 de agosto de 2026, en un salón del World Trade Center de la Ciudad de México, centro simbólico del Capitalismo en México, Nora Ruvalcaba volvió a tomar protesta. Por tercera vez en quince años, el partido que gobierna México le confió la misión de conquistar Aguascalientes, el único Estado donde la izquierda no ha podido romper el muro panista en tres décadas. La escena tenía algo de déjà vu: la misma protagonista, el mismo reto, el mismo escenario adverso. Lo único que cambió fue el nombre del cargo. 

Ahora no es candidata; es “coordinadora estatal de la defensa de la transformación”. El eufemismo no oculta la realidad: Morena apuesta una vez más a la persistencia de una figura que ya perdió dos veces, con la esperanza de que la tercera sea la vencida. No hay que asustarnos por ello en partidos de izquierda es normal repetir candidatos.

La decisión no es trivial. En un país donde Morena ha desmantelado bastiones históricos del PRI y del PAN; Aguascalientes sigue siendo una excepción que confirma la regla. No es solo que el PAN haya gobernado 18 de los últimos 24 años; es que en el 2024, cuando el oficialismo ganó siete de nueve gubernaturas en juego, Aguascalientes fue el único Estado donde la oposición encabezada por el PAN ganó la elección presidencial y donde Morena no logró ni un solo distrito local de mayoría. La designación de Ruvalcaba, por tanto, no es una estrategia ofensiva. Es una declaración de resistencia.

Hay algo admirable en la tenacidad de Nora Ruvalcaba. Pasó del PRD a Morena en 2012, cuando el partido de López Obrador era todavía un proyecto incierto en Aguascalientes. Fue candidata a gobernadora en 2016 y 2022. En la última contienda obtuvo el mejor resultado histórico de Morena en la entidad: 160 mil 350 votos, el 33.69% del total. Pero la distancia con la actual ganadora, Teresa Jiménez, fue de 20 puntos porcentuales. Veinte puntos. En un sistema electoral donde la mayoría relativa decide, eso no es una derrota ajustada; es una barrera.

La pregunta que Morena no ha respondido es si Nora Ruvalcaba puede superar ese techo. Los números electorales muestran un crecimiento constante del partido: de un promedio de 4.4% en distritos locales en 2016 a 30% en 2024.

Pero crecer no es lo mismo que ganar. En 2024, Morena obtuvo su bancada más grande en el Congreso estatal gracias a la representación proporcional, no a la mayoría. Es una paradoja mexicana: el partido más votado a nivel nacional sigue siendo minoría en un Estado de un millón y medio de habitantes.

La alianza con el PVEM y el PT anunciada con el mismo entusiasmo con el que se anuncian todas las alianzas electorales, no parece la solución. El Verde obtuvo 0.73% en Aguascalientes en 2022 como partido individual y que ha demostrado históricamente sin escrúpulo alguno romper sus alianzas con otros, o incluso romper con Morena para sumarse a las decisiones y propuestas del PAN, es decir, en síntesis un aliado con el que no se puede confiar. El PT no tiene una estructura territorial significativa y su dirigente estatal enfrentó procesos judiciales que limitan su capital político. La coalición nacional Morena-PVEM-PT funciona en estados donde el oficialismo ya tiene una base sólida; en Aguascalientes, donde no la tiene, sumar partidos pequeños no multiplica votos, solo suma logotipos en la boleta.

El verdadero problema no es aritmético; es identitario. Aguascalientes ha construido una identidad política opositora que trasciende los partidos. En 2024, el electorado de Aguascalientes votó consistentemente por la coalición PAN-PRI-PRD tanto en elecciones locales como federales, a pesar de que esos mismos partidos eran objeto de los señalamientos diarios del presidente. Eso no se explica solo por la estructura del PAN; se explica porque en Aguascalientes existe un voto de rechazo al proyecto nacional de Morena y la 4T, que no se ha podido revertir con programas sociales ni con la figura presidencial, en mucho por falta de coordinación partidista, delegados que juegan entre ellos a llevarse la contraria o simplemente van a cobrar y soñar con tiempos mejores,  pero lo más fuerte es adjudicado a un terrible mal de los partidos políticos, una ley de hierro que transforma la lucha electoral en un enfrentamiento continuo entre actores oligarcas por el control del partido, facilitando derrotas para posicionarse en el control de los puestos directivos del partido. Pero esa misma unión conyugal  oligarca que le facilita a Nora Ruvalcaba el controlar el partido, es la que al exterior, es decir ante la sociedad sin partido, le produce rechazo y evita que crezca electoralmente convenciendo a indecisos y electores switcher. Nora Ruvalcaba podría por sí sola representar muchas de las aspiraciones e idealizaciones del Aguascalientes profundo, pero es su esposo Fernando Alférez quien inhibe esa posibilidad. Y si a ello se le suma posibles compañeras de boleta que son generadoras controversias y polarización, Morena se corta las alas del triunfo por si solo. 

La designación de Nora Ruvalcaba como coordinadora, anunciada antes del inicio oficial del proceso electoral, también revela una estrategia de Morena que va más allá de Aguascalientes. El partido necesitaba cambiar la conversación nacional. La semana previa había estado dominada por la crisis en Sinaloa, con el regreso y salida fulminante de Rubén Rocha Moya. Anunciar coordinadores en Aguascalientes, Campeche y Colima fue, en palabras de fuentes del partido citadas por medios nacionales, una “salida emergente” para recuperar la narrativa. Aguascalientes, en ese sentido, fue instrumental: un territorio donde Morena no tiene garantizada la victoria, pero donde sí podía generar titulares. Sin sorprender en una designación que todos sabían ocurriría, ya que Nora Ruvalcaba realmente nunca enfrentó rival qué pudiera romper con el control partidista qué ejerce desde su oligarquía, un “chucho el roto” que ni a familiares logró convocar, una candidata de la comunidad LGBTQ+ que sola se creía su discurso y mentiras, más una presidenta del PVEM lista a brincar de lealtad al mejor postor, es decir, la designación de Nora Ruvalcaba no sorprende a nadie. 

La izquierda mexicana tiene un problema en Aguascalientes que no se resuelve con encuestas internas ni con alianzas formales. Tiene un problema de techo electoral: ha demostrado que puede crecer, pero no ha demostrado que puede crecer lo suficiente. La designación de Nora Ruvalcaba es un acto de fe en la persistencia, pero también es una admisión de que Morena no ha logrado construir en Aguascalientes una alternativa que convenza más allá de su base natural.

La pregunta para 2027 no es si Morena puede ganar; es si puede dejar de ser una oposición numéricamente significativa pero políticamente inofensiva en un Estado que ha aprendido a votar en contra de ella. Nora Ruvalcaba dice que en siete años se retirará de la política. Tiene dos años para demostrar que su tercer intento no será, una vez más, el mejor resultado en una derrota segura.

Morena designó a Nora Ruvalcaba por tercera vez para competir en Aguascalientes, el único Estado donde no ha roto la hegemonía panista en tres décadas. Aunque el partido ha crecido electoralmente, la distancia con la oposición sigue siendo de 20 puntos. La alianza con PVEM y PT aporta más simbolismo que votos reales. Y puede ser que sean mas sus primeros traidores que sus aliados.

Joahana Bolaños

Abogada litigante y Maestra en Psicoterapia Gestalt. Ex Coordinadora Académica en la Universidad de la República Mexicana. Docente en la Universidad Valle de México Campus Tlalpan y en la Universidad Tecnológica de México Campus Sur.

Joahana Bolaños

Abogada litigante y Maestra en Psicoterapia Gestalt. Ex Coordinadora Académica en la Universidad de la República Mexicana. Docente en la Universidad Valle de México Campus Tlalpan y en la Universidad Tecnológica de México Campus Sur.

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