La meta de Trump de nuevos empleos y reindustrializar a su país: Un verdadero fracaso

La meta de Trump de nuevos empleos y reindustrializar a su país: Un verdadero fracaso

El plan de perpetuar al infinito la hegemonía estadounidense, enfrenta ya demasiadas trabas y obstáculos. Las leyes que rigen el comportamiento económico manifiestan que EUA está dejando de ser la economía líder del planeta. Las tendencias a largo plazo, proyectadas desde los años setenta y ochenta del siglo pasado, se cumplen lenta pero inexorablemente.

El capitalismo estadounidense, luego de muchos logros, y décadas gloriosas, está llegando a su destino final, que es, perder su liderazgo económico ante China.

Trump no tiene ni la menor idea de que es necesaria y urgente una reestructuración al proceso productivo en EUA, y no entiende que, en su desorganizado país, descuidaron atender el necesario aumento de la productividad en las ramas manufactureras de la mediana y gran industria pesada. Y a pesar de los avances yanquis en informática y en tecnología digital, éstos fueron incapaces de eficientar al resto de industrias verdaderamente productivas y se orientaron exclusivamente durante muchos años a la especulación financiera.

La innovación tecnológica y digital no pudieron igualar el papel estratégico que gozaron en etapas y ciclos anteriores los avances de la segunda revolución industrial: la introducción en el proceso productivo de la electricidad; el acero; el teléfono y el motor de combustión interna, entre los años 1870 a 1970, cuando lograron crecer y convertirse en los hegemónicos.

La tercera revolución industrial, denominada como científico-técnica, no ha logrado el efecto de arrastre al conjunto de la economía estadounidense y mundial. Su impactó se ha limitado a un reducido número de ramas, no las suficientes para recuperar en EUA el nivel de productividad global alcanzado en el ciclo económico de las economías asiáticas.

La industria manufacturera gringa descuidó la productividad en su interior, y por eso hoy es rebasada primero por Japón, luego Corea del Sur y finalmente China. Un claro ejemplo, es la industria automotriz, donde estas economías fabrican mayores volúmenes de autos con menores salarios. Y el golpe definitivo se lo da China, que desarrolló las súper batería (que Israel no pudo desarrollar) que le dan el liderazgo en la fabricación masiva de autos eléctricos.

El resultado se expresa claramente en cómo se fue apagando la ciudad de Detroit para dejar de ser el centro industrial de la producción del automóvil. El panorama es el mismo en otras ramas y actividades industriales de EUA.
Revertir estas tendencias resulta bastante complejo si los gobernantes estadounidenses han ignorado las reglas básicas del desarrollo económico.
Una de las metas de Trump era recuperar la actividad económica y los empleos en estas ciudades desiertas y abandonadas. El resultado no se percibió en el primer año de este segundo período de Trump, ni tampoco en los 4 años de su primer periodo.
Incluso de manera incomprensible en septiembre de 2025, se impidió la construcción de una importante inversión de Corea del Sur, de la firma Hunday, que pretendía instalar en Atlanta Georgia, una planta para fabricar baterías de auto con tecnología asiática avanzada, y para tal efecto esta empresa mandó a técnicos sudcoreanos a capacitar a los obreros estadounidenses aproximadamente 476, pero estos fueron detenidos por estar trabajando “ilegalmente” por las huestes policiales de Trump, la brutal ICE, con la intención de deportarlos. Este hecho impidió el proyecto ya que al percatarse del hecho la administración Trump intentó corregir su error, pero los técnicos, excepto uno, se regresaron a Corea.

Los mismos errores de percepción e iguales resultados adversos en el terreno económico los podemos observar con México, al cual, a pesar de imponerle aranceles y agresiones de carácter general, logró aumentar el volumen de las exportaciones a EUA en este primer año de Trump. Efectivamente, durante 2025, a pesar de los obstáculos y trabas, impuestos por Trump, se logró crecer el volumen de las exportaciones mexicanas. Las exportaciones totales alcanzaron 48,007 millones de dólares en enero, con relación a enero de 2025, con un incremento interanual de 8.1%. A lo largo del año 2025 “Dentro de las exportaciones no petroleras, las dirigidas a Estados Unidos aumentaron 7.9% anual, mientras que las destinadas al resto del mundo crecieron 19.6%.
…México cerró 2025 con un superávit comercial de 771 millones de dólares, contrario al déficit de 8,212 millones registrado en 2024. El fortalecimiento de la balanza se debió principalmente al sector manufacturero y a la diversificación de mercados, con menor dependencia del petróleo.
El país ha consolidado sus balanzas comerciales bajo el T-MEC, con una cuarta parte de su economía sustentada en exportaciones hacia Estados Unidos de América.
A pesar de que organismos internacionales como el FMI y el Banco Mundial habían pronosticado riesgos de recesión por los aranceles impulsados por Donald Trump, México logró esquivar ese escenario.” Síntesis Nacional, síntesis.com.mx;

Es decir, los escenarios previstos por Trump no se lograron, ni se lograrán, pues él y su equipo no tienen una visión económica de largo plazo, sustentada en el estudio estructural y científico del capitalismo. Desafortunadamente para la clase trabajadora estadounidense, las promesas trumpianas, derivadas de un pensamiento anti científico, han quedado solo en eso, en promesas.

velagj@economia.unam.mx

Joaquín H. Vela González

Joaquín H. Vela González

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