Porque los hombres… también tienen leche

Porque los hombres… también tienen leche

El pasado jueves 19 de marzo, en sesión ordinaria del Congreso del Estado de Aguascalientes, la compañera diputada Yasú Muñoz, presentó una reserva en lo particular, al dictamen presentado por la Comisión de Educación y Cultura en materia de incorporación de lactarios en la Universidad Intercultural para la Igualdad, donde se propuso sustituir el término “madres trabajadoras” por “personas lactantes de la comunidad universitaria. La diputada del PAN Mirna Rubiela Medina, expuso verdades de Perogrullo relacionadas con los mamíferos y descalificó la lactancia inclusiva, ignorando el acceso equitativo a espacios de lactancia para personas que gestan y lactan, independientemente de su identidad de género. Fue así que al votar a favor de la reserva expresé: “porque también los hombres tienen leche”, frase que se viralizó no por accidente, fue absorbida y transformada, por una matriz cultural que privilegia el albur sobre el contenido. En este marco, conceptual cualquier enunciado con potencial sexual es inmediatamente decodificado como chiste, no como argumento. La prensa, al replicar la frase sin contexto, activó este código cultural donde lo serio se volvió risible por asociación, y la picardía emergió, como un mecanismo de defensa psicosocial. De esta manera el estigma de lo «vulgar» se transformó en arma política bajo la lógica algorítmica del entretenimiento, que se instaló en las redes sociales con reacciones inmediatas de sorpresa, indignación y risa. La frase “porque también los hombres tienen leche” era perfecta por breve, ambigua y viralizable. El educador, teórico de los medios y crítico cultural, Neil Postman tenía razón al advertirnos que el entretenimiento se vuelve lenguaje dominante, porque la verdad cede ante la popularidad. Así se evita el trabajo periodístico de contrastar la afirmación con evidencia científica, optando por el camino fácil del escándalo moral que sí vende.

Desde la perspectiva de la biología humana y la endocrinología, la afirmación «porque también los hombres tienen leche» es técnicamente correcta: poseen la arquitectura tisular básica y el potencial hormonal para la lactogénesis bajo condiciones específicas. Sin embargo, la lactancia masculina espontánea es extremadamente rara en nuestra especie y no constituye una función reproductiva evolutivamente conservada y a ello le llaman galactorrea.

La lactancia no es una cualidad inherente a la identidad de género, sino una función biológica específica. Por ello, afirmar que sólo las mujeres pueden amamantar resulta impreciso desde un punto de vista científico, ya que existen personas que, sin identificarse como mujeres, pueden tener la capacidad fisiológica de producir leche. La capacidad de amamantar depende de la biología, no de la identidad de género. Existen personas que amamantan y no se identifican como mujeres y quiénes son ellos: los hombres trans, algunas mujeres trans con tratamiento hormonal de prolactina inducido y las personas no binarias con tejido mamario.

En conclusión, negar o limitar el acceso a protocolos de inducción de prolactina y la posibilidad de amamantar a hombres trans, personas intersexuales y no binarias, con base en su identidad de género, características sexuales o expresión, sería contrario al marco legal y de derechos humanos vigente en México. La autonomía reproductiva, la igualdad y la no discriminación deben ser garantizadas, y cualquier restricción debe ser combatida invocando estos principios ante las autoridades competentes. Pero es obvio que argumentar y razonar con bases médicas y científicas no se les da a algunos de nuestros adversarios del PRIAN.

El verdadero desafío no es eliminar el albur de la cultura mexicana, eso sería imposible e indeseable, pues es parte de nuestra identidad lingüística. El desafío, es aprender a navegar entre dos registros: disfrutar del ingenio verbal sin permitir que este anule la posibilidad del debate serio. Bien lo señala Ricardo Alfredo Femat, «defender el pensamiento crítico es una forma de resistencia» en la era de la trivialización. En el caso concreto de la frase sobre lactancia masculina, la victoria no estaría en prohibir la broma, sino en lograr que, junto a la risa, circule también el dato científico: que los ciudadanos puedan reírse del albur y también comprender la fisiología, sin que una cosa anule a la otra.

En México, y en particular en Aguascalientes, que presume ser la capital de la cultura, el reto no es dejar de ser albureros, sino ser albureros informados. La picardía puede coexistir con la profundidad, siempre que haya voluntad de no confundir el chiste con el argumento. Soy Fernando Alférez Barbosa, y sostengo que algunos hombres producen leche porque la capacidad de amamantar depende de la biología, no de la ideología.

Fernando Alférez Barbosa

Fernando Alférez Barbosa

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