La Comuna de París (11) Gobierno de la clase obrera

La Comuna de París (11) Gobierno de la clase obrera

Notas acerca de las ideas políticas LXXXIX

Para Marx el valor esencial de la Comuna fue su propia existencia, cuyas resoluciones no eran sino las propias “de un gobierno del pueblo para el pueblo” (La Guerra civil en Francia, p. 305). Fue el dominio político de los trabajadores que luchaban contra la esclavitud social. Fue “gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo … la Comuna pretendía abolir esa propiedad de clase que convierte el trabajo de muchos en la riqueza de unos pocos. La Comuna aspiraba a la expropiación de los expropiadores …” (Op. Cit. P. 301)

La Comuna recupera para la sociedad –enfatiza Marx— el poder que detentaba el “Estado parásito” de los propietarios. “Con este sólo hecho habría iniciado la regeneración de Francia … La Comuna convirtió en realidad ese tópico de un ‘gobierno barato’, al destruir las dos grandes fuentes de gastos: el ejército permanente y la burocracia del Estado…” Op. Cit. Pp. 299-300).

La Comuna representó “todos los elementos sanos de la sociedad francesa, y, por consiguiente, el auténtico gobierno nacional. Pero, al mismo tiempo, como Gobierno obrero, era un Gobierno internacional en el pleno sentido de la palabra”. Si Prusia se apropió de dos provincias francesas, “la Comuna anexionó a Francia los obreros del mundo entero” (p. 304).

La comuna recuperó la dignidad, la libertad y la seguridad pública, del “prostituido” Segundo Imperio. Así, describe Marx, “París ya no era el lugar de cita de terratenientes ingleses, absentistas irlandeses [grandes propietarios de tierras que no solían vivir en sus fincas, que eran administradas por agentes rurales o se entregaban en arriendo a intermediarios especuladores. Estos últimos las entregaban en subarriendo en condiciones leoninas a los pequeños arrendatarios], ex esclavistas y rastacueros norteamericanos, ex propietarios rusos de siervos y boyardos de Valaquia. Ya no había cadáveres en el depósito, ni asaltos nocturnos, ni apenas hurtos; por primera vez desde los días de febrero de 1848, se podía transitar seguro por las calles de París y eso que no había policía de ninguna clase … París trabajaba y pensaba, luchaba y daba su sangre; radiante en el entusiasmo de su iniciativa histórica, dedicado a forjar una sociedad nueva, casi se olvidaba de los caníbales que tenía a las puertas” (P. 307).

La guerra de bandidaje y el reinado del terror fueron las características del gobierno de Thiers, pero pretendió la conciliación nacional, que no fue sino una farsa, con la cual trató de “engañar a las provincias, de seducir a la clase media de París, y, sobre todo, de brindar a los pretendidos republicanos de la Asamblea Nacional la oportunidad de esconder su traición contra París…” (p. 310). Ello no era sino la urgencia de destruir la Comuna.

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Apresuradamente, recluta a “una turba abigarrada, compuesta por marineros, soldados de infantería, zuavos pontificios, gendarmes de Valentín y guardias municipales y confidentes de Pietri. Pero este ejército habría sido ridículamente ineficaz sin la incorporación de los prisioneros de guerra imperiales que Bismarck fue entregando a plazos en cantidad suficiente para mantener viva la guerra civil y para tener al gobierno de Versalles en abyecta dependencia respecto a Prusia …” (p. 309)

Jules Dufaure (1798-1881) [Ministro de Justicia y Vicepresidente del Consejo de febrero de 1871 a mayo de 1873], en línea con Thiers, logró que la Asamblea Nacional aprobara leyes draconianas para legitimar la represión, que servirían para “extirpar los últimos vestigios de las libertades republicanas en Francia” y, asimismo, abreviar los trámites de los tribunales de guerra a fin de apresurar el exilio de los presos políticos. “La revolución de 1848, al abolir la pena de muerte para los delitos políticos, la había sustituido por la deportación…” (pp. 310-311).

“… Thiers bombardea a París durante 6 semanas … Los edificios ocupados por el enemigo se bombardean para pegarles fuego. Y si sus defensores se ven obligados a evacuarlos, ellos mismos los incendian, para evitar que los atacantes se apoyen en ellos … La Comuna se sirvió del fuego pura y exclusivamente como un medio de defensa. Lo empleó para cortar el avance de las tropas de Versalles…” (p. 315).

Casi todo París, edificios históricos y oficiales, viviendas, barrios enteros fueron abrasados… “Todavía no se sabe a ciencia cierta –apunta Marx– qué edificios fueron incendiados por los defensores y cuáles por los atacantes. Y los defensores no recurrieron al fuego hasta que las tropas versallesas no había comenzado su matanza en masa de prisioneros. Además, la Comuna había anunciado públicamente, desde hacía mucho tiempo, que, empujada al extremo, se enterraría entre las ruinas de París y haría de esta capital un segundo Moscú” (p. 316). [En el otoño de 1812, durante la “Guerra Patria”, los habitantes de Moscú quemaron una parte de la ciudad ocupada por el ejército francés de Napoleón I, con el único fin de no dejarles a las tropas enemigas casas de invierno y reservas de víveres].

Jorge Varona Rodríguez

Ex Presidente del Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública de Aguascalientes

Jorge Varona Rodríguez

Ex Presidente del Colegio de Ciencias Políticas y Administración Pública de Aguascalientes

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