El centro de la ciudad goza de cabal muerte
Hace días emprendí el viaje al ombligo político de Aguascalientes para cumplir la sagrada obligación de pagar los impuestos —y lo que se le parezca—, al fin, en la voluntad de entregar el dinero, lo que menos importa es el rubro y monto correspondiente.
Mi primera escala la hice en el funcional Centro de Atención Municipal (CAM), que es una especie de tienda departamental VIP, donde al usuario se le ofrece en el verano un clima playero que ronda los cuarenta grados centígrados sin la brisa del mar, por supuesto; en la temporada de lluvias se presenta un espectáculo solo comparable con las Cataratas del Niágara, por el torrente de agua que se cuela desde el techo, tan agujerado como las calles de la ciudad de Aguascalientes.
El motivo de mi estancia en el CAM fue para renovar la militancia al programa de descuento para adultos mayores, aplicable en el Servicio Integral de Iluminación Municipal, antes Derecho de Alumbrado Público (DAP). Dejo constancia del cordial trato de Jesús Díaz Delgado y María Guadalupe Martínez Jáuregui, durante el trámite administrativo.
No es por presumir, pero soy el decano del DAP/SIIM al ser el primero en inscribirme, el 12 de mayo de 2015, con una buena cantidad de fotocopias de documentos oficiales —poco les faltó pedir el acta bautismal— para salvar la aduana burocrática.
Después de visitar el CAM acudí al palacio municipal para entregar la solicitud (y documentos solicitados) de 2026 en la oficina de la titular de la Secretaría de Finanzas, Martha Miriam Rodríguez Tiscareño —exalcaldesa de la capital—, quien al enterarse de mi presencia en sus dominios salió de su despacho para saludarme amablemente.
Ya en palacete escasamente concurrido, pretendí rendir los honores de ordenanza a dos regidor@s, próceres del servicio público: una no estaba y su secretaria también brillaba por su ausencia; otro, de otro partido político, “estaba en junta, en no sé dónde”, informó la despatarrada asistente, quien al escuchar mis apellidos se enderezó al instante y justificó la flojera corporal al enterar que la noche anterior celebró su cumpleaños (supongo, por el desgano, muy requetebién).
Enseguida, pasé a la Secretaría de Comunicación Social. Fernanda y Liliana, compañeras de pupitre, amistosas, me recibieron de muy buena manera, solo les faltaron las luces de bengala, los globos, las serpentinas y el confeti.
Al escuchar mi voz, la titular de esa dependencia pública, entenada de Enrique de la Torre de la Paz, Clara Argentina Alonso Müller, cerró inmediatamente la puerta de su despacho —como si yo fuera Lucifer versión 2.0—, dejándome sin la posibilidad de pedirle un autógrafo, tomar la foto del recuerdo y rogarle que me obsequiara su posmoderno Manualde Comunicación Gubernamental, digno de ser consultado en las mejores universidades del mundo, porque no cualquiera hace hasta lo imposible por dinamitar la gestión del alcalde Leonardo Montañez Castro, reprobada por la población en dos encuestas: una del año pasado y otra del 16 de este mes.
En abril de 2025, el INEGI presentó los resultados de su trimestral Encuesta Nacional (ENSU), que mide el desempeño de los gobiernos, principalmente, municipales, en 91 ciudades del país, entre ellas Aguascalientes, sobre 12 o 13 principales políticas públicas urbanas que más afectan la vida cotidiana del habitante.
La efectividad del gobierno municipal, informó el Instituto, es de solamente el 39 por ciento, es decir, 61 de cada 100 personas no conoce la eficacia del Leoncito, a pesar del millonario gasto propagandístico ejercido durante cuatro años y cuatro meses por el área de comunicación social, porque el bien ofrecido (Montañez Castro) es de mala calidad, imposible de vender, ni siquiera, en los tianguis como producto pirata.
Otra encuesta, la de Acenta-Radio Grupo, dada a conocer el reciente 16 de febrero, confirma la calificación reprobatoria de 6.4, anotada en la boleta de calificación de Montañez Castro, quien disfruta deslizarse por el tobogán de la ineptitud: en febrero de 2025 el funcionario registraba 6.9.
Destrozado. Con el alma hecha pinole. El corazón partio. Y la estima en el suelo. Salí de palacio municipal para recorrer el viejo centro, hoy abandonado por la indiferencia del Ayuntamiento de Aguascalientes, más interesado en celebrar los días del tamal, la torta, el condoche y la mosca voladora, que en dotar a la capital del estado de una vida saludable, bonita y digna, empezando por las calles, guarniciones y banquetas que hoy se recorren con el rosario en la mano para no caer en los múltiples hoyos, baches y cráteres lunares, perdón, cráteres terrenales.
Hablo de lo que sé. Escribo de lo que veo. Nací en el centro de la ciudad. Arropado por la incomparable Papelería Granados, el legendario templo de San Diego y sus catacumbas, el Parián de mi niñez, el histórico mercado Terán, el ordenado Pasaje Ortega, el transitable Pasaje Juárez, la aseada —entonces— plaza principal y otros muy presentables espacios.
El centro de la ciudad de Aguascalientes (y el resto del municipio) necesita urgentemente un gobierno serio, eficiente y suficientemente capaz para ofrecer resultados medibles y tangibles, que nada tienen que ver con las charlatanerías de la administración del Leoncito, donde al igual que en los contenedores de la basura, se juntan improvisación y falta de talento.
Porque alguien debe de escribirlo: Hasta la próxima.
marigra1954@gmail.com

