Entre la política y la narcocultura

Entre la política y la narcocultura

En estos días tuve la oportunidad de leer un texto de Erika Rosete, periodista del diario El País, en donde relata el conflicto que ha provocado la participación del cantante mexicano Peso Pluma, en el festival Viña del Mar, en Chile. El dilema radica en lo que se considera actualmente como «narcocultura». La periodista cita la denuncia realizada por el sociólogo Alberto Mayol, quien considera que el exponente de lo que se ha denominado «corridos tumbados», es un promotor de esa nueva narcocultura.

El tema no es nuevo. Nuestro país tiene una larga y amplia historia en cuanto a música relacionada con el narcotráfico y sus capos, se refiere. También han sido muchas las manifestaciones, desde el Estado y otras esferas de la opinión pública, en contra de estas piezas musicales, al considerarlas como apología del delito. Lo cierto es que hoy en día, los narcocorridos siguen gozando de enorme popularidad entre la población, la cual ha normalizado los temas de violencia en su vida cotidiana.

Pero, ¿cuál es el efecto inmediato de este fenómeno?, ¿existe una influencia negativa de las letras de los narcocorridos o corridos tumbados en el comportamiento de las personas?. Cito un fragmento, por demás atinado, de Anajilda Moncada de la Universidad de Occidente-Unidad Culiacán, publicado en el portal Hemispheric Institute:

«Los narcocorridos van más allá de las letras, los sonidos y los ritmos. La existencia de elementos (expresiones, datos, lugares, ciertos códigos) emanados del narcotráfico, instaurados en la narcocultura y observables en los narcocorridos, son capaces de producir sentido y cada vez son más codificables entre los sectores de la población que los escucha, pues son capaces de crear imaginarios, reforzar ideologías y servir de reflejo y espejo de todo lo que representa el mundo del narco».

Al exacerbar ese mundo de poder, placeres, lujos y violencia; no es raro la formación de generaciones alejadas de valores tradicionales que, increíblemente, identifiquen con facilidad a un exponente de «corridos tumbados», antes que a sus gobernantes. Lo de Viña del Mar no es un exceso, si partimos de los hechos acontecidos en Ecuador, en donde la delincuencia organizada sembró el terror y lanzó una afrenta directa y frontal contra el Estado y sus instituciones.

México no es ajeno a esa realidad. Cada vez son más frecuentes las violentas reacciones de los grupos de la delincuencia organizada tras la captura de algún capo. Los bloqueos y los ataques directos contra la población, que han tenido lugar en lugares como Sinaloa, Michoacán, Guanajuato y Guerrero, por citar algunas entidades, han tenido como objetivo precisamente eso: usar el terror como arma para doblegar al Estado y a sus instituciones de seguridad pública.

Lamentablemente, el debate sobre la violencia y sus numerosas aristas no ha tenido la atención suficiente de la clase política, que ha centrado su atención en otros aspectos sin considerar lo grave del asunto. Una generación completa ha crecido y seguirá creciendo bajo los valores, cánones, símbolos y la cotidianidad del narcotráfico y el crimen. Haciendo de la música y las expresiones de la narcocultura, algo normal y hasta aspiracional.

En tanto ocurre ello, en nuestro país se celebrará la elección presidencial en junio de este año. Las dos candidatas con mayor posibilidades de ganar: Claudia Sheibaum y Xóchitl Gálvez, tendrán que entrar, sí o sí, al debate que implica el replanteamiento de la estrategia de seguridad pública; una estrategia que hoy, tristemente, ha dejado nada más y nada menos que 175 mil ejecuciones en lo que va del sexenio.

Veremos sí en realidad se atiende de fondo uno de los mayores retos del Estado mexicano y de muchos gobiernos en Latinoamérica: el narcotráfico y la delincuencia organizada, o seguimos normalizando el problema hasta que estalle en nuestra cara y sean nuestras familias, las que paguen el precio de esa violencia desmedida. Por lo pronto y en Chile, el Peso Pluma incomoda.

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Adrián Valencia

Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Tiene una especialidad en Análisis Estratégico Internacional por el CIDE (Santa Fe). Ha sido asesor en temas de comunicación y prensa, en la Cámara de Diputados, el Senado de la República y en distintas campañas electorales en todo el país. Entre sus publicaciones se encuentran “El Oro Negro Mexicano, alianza IP-Estado para alcanzar el bienestar social” y “AMLO y Trump. Hacia una nueva alianza para el progreso”, ambas editadas por la extinta Revista Connection México Global.

Adrián Valencia

Egresado de la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Tiene una especialidad en Análisis Estratégico Internacional por el CIDE (Santa Fe). Ha sido asesor en temas de comunicación y prensa, en la Cámara de Diputados, el Senado de la República y en distintas campañas electorales en todo el país. Entre sus publicaciones se encuentran “El Oro Negro Mexicano, alianza IP-Estado para alcanzar el bienestar social” y “AMLO y Trump. Hacia una nueva alianza para el progreso”, ambas editadas por la extinta Revista Connection México Global.

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