Homenaje en el ITESO

Homenaje en el ITESO

Quiero comenzar con una digresión que considero importante. Un homenaje, en su forma más inmediata, se dirige a una persona: señala públicamente qué merecería ser recordado y por qué. Pero hay otra modalidad, más exigente y más generosa, en la que el nombre propio deja de ser centro y se convierte en umbral. Lo que aparece entonces no es una biografía sino un entramado: una ética de trabajo, una forma de mirar, una práctica social, una tradición intelectual sostenida en el tiempo, una experiencia compartida de lucha, creación y cuidado. El homenaje así entendido no exalta: lee en voz colectiva, los diálogos y las complicidades, los desacuerdos fértiles y los aprendizajes que nadie firma, el trabajo de quienes suelen quedar fuera del reconocimiento formal – sujetos colectivos, saberes invisibilizados, prácticas cotidianas que no dejan huella en los archivos pero sí en la vida de los de abajo. El homenaje tampoco es únicamente una mirada hacia atrás. Es una intervención en el presente que abre expectativas de futuro. Cuando reconoce una apuesta colectiva en lugar de una figura consagrada, puede incluir sin vergüenza las dudas, los fracasos, los límites y las contradicciones. Esa honestidad no lo debilita: lo vuelve más útil para quienes buscan referencias no heroicas sino practicables, no monumentos sino brújulas.

Un homenaje gana su densidad más verdadera cuando se niega a fijar una trayectoria en imagen inmóvil. En lugar de convertirla en objeto de contemplación, puede asumirla como ejercicio de indagación viva: búsquedas que avanzan entre aciertos y equivocaciones, hallazgos parciales y desvíos inevitables – porque las búsquedas abiertas, por definición, se exponen a no llegar donde esperaban. Lo decisivo no es evitar esa exposición sino la capacidad de recomenzar, de ensayar, de impulsar creaciones originales incluso desde lo que dolió. Un homenaje de este tipo no cierra un ciclo: señala que el reto sigue vivo para quienes no se resignan a aceptar este mundo como si fuera el único posible. Agradezco entrañablemente estos actos desinteresados que manifiestan un generoso impulso a una añosa e itinerante búsqueda marginal y a contracorriente. De manera especial quiero hacer un reconocimiento de la creativa influencia de Gabi, mi esposa, para la consolidación de mi itinerario.

Desde muy temprano en mis investigaciones fue instalándose una pregunta que no me ha soltado: cómo se configura lo político desde abajo en condiciones de desigualdad estructural. Esa pregunta atravesó mis primeros trabajos, los análisis electorales de Jalisco acumulados durante más de tres décadas, lo escrito en torno al zapatismo, los estudios sobre el pueblo kurdo y el mapuche, hasta el reciente libro Indagaciones entre asombros (2026, Cátedra Jorge Alonso), escrito con Carlos Alonso Reynoso. A lo largo de ese recorrido fui registrando desplazamientos propios: del análisis estructural al énfasis en los sujetos; de la política institucional a las prácticas instituyentes; de la democracia formal a las democracias vividas, tensas y frágiles.

Las búsquedas a propósito del Estado

En los libros sobre el Estado, hasta el que titulé La democracia de los de arriba en crisis, mi trabajo construye una genealogía crítica del deterioro democrático que combina análisis electoral, cultura política y formas de mando. Su valor empírico descansa en lo concreto: el seguimiento sistemático de procesos electorales en Jalisco durante más de tres décadas permitió mostrar, con datos, que la ampliación del sufragio no implicó una ampliación equivalente del poder social ni una democratización de las decisiones que importan. Un régimen que se presenta como universal opera, en la práctica, sobre la restricción de la participación efectiva, la concentración del poder y la neutralización de los conflictos de fondo. No es una categoría abstracta: en Jalisco, como laboratorio privilegiado, las reformas institucionales de las décadas de 1980 y 1990 ampliaron la competencia electoral sin modificar quién controla los recursos estratégicos ni cómo se toman las decisiones que afectan la vida de los de abajo.

Los movimientos sociales como campo de experimentación teórica

La investigación sobre movimientos sociales no fue, en este deambular, un «tema» añadido al análisis político: fue el terreno donde las categorías disponibles se pusieron a prueba y resultaron insuficientes. Desde los movimientos urbanos de los años setenta hasta las resistencias contra el despojo en el siglo XXI, una constante metodológica orientó mi trabajo: ni celebración ni cinismo. Aprendí que los movimientos no son sujetos puros ni portadores automáticos de emancipación, sino espacios vivos atravesados por conflictos, jerarquías, aprendizajes y fracasos.

Esa postura generó una categoría que los textos revisados nombran de formas distintas pero que apunta siempre al mismo fenómeno: las ambivalencias de lo popular. Un movimiento puede fracasar en sus objetivos inmediatos y sin embargo dejar semillas que en algún momento fructifican. La desaparición de una expresión masiva no borra su influencia: las experiencias acumuladas vuelven a la vida cotidiana con nuevos saberes, se hacen referentes silenciosos en la reflexión, impactan la conciencia de maneras que no siempre se pueden medir pero sí sentir.

La autonomía, lo instituyente y la crítica del Estado-centrismo

A partir del diálogo con Castoriadis y González Casanova, y con mayor fuerza desde los años 2000, la reflexión se concentró en las nociones de autonomía, instituyente y sujeto social. La autonomía no aparece aquí como utopía abstracta sino como práctica histórica situada – siempre tensionada por relaciones de poder, pero capaz de abrir grietas en el orden dominante. Esa línea condujo a cuestionar no solo al Estado sino también a ciertas formas de pensamiento crítico que, aun siendo anticapitalistas, reproducen lógicas vanguardistas, extractivas o paternalistas respecto de los sujetos populares.

La Cátedra que lleva mi nombre es la expresión editorial y pedagógica de esa apuesta. Con 95 títulos publicados hasta mayo de 2026 en colaboración con CLACSO y la Cooperativa Editorial Retos, la colección articula academia, movimientos y generaciones jóvenes. No busca acumular citas: busca intervenir en debates públicos. Las más de 40 tesis doctorales dirigidas o codirigidas muestran una pedagogía política concreta: formar sin clonar, acompañar sin domesticar.

Tres movimientos pardigmáticos

El hallazgo más consistente de los últimos años es la identificación de tres experiencias paradigmáticas – el zapatismo enraizado en Chiapas, el movimiento kurdo expresado en Rojava, el pueblo mapuche en el Cono Sur – como laboratorios de una política anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal que no reproduce los esquema del vanguardismo del siglo XX. Los tres tienen raíz profunda en lo local y saben al mismo tiempo que la lucha es mundial; los tres comparten un rostro femenino; los tres son objeto de violencia estatal y paraestatal sostenida, justamente porque el sistema sabe – y ese saber lo delata – que son muy peligrosos para su permanencia.

El segundo hallazgo de mayor alcance teórico es la oposición Necroceno-Bioceno, desarrollada en Indagaciones entre asombros. No es una dicotomía simplificadora sino un campo en disputa histórica, política y territorial. El Necroceno designa la fase contemporánea del capitalismo global en la que la muerte se vuelve principio organizador: despojo, extractivismo, guerras, ecocidio, feminicidios, eliminación de autonomías. El Bioceno no es una utopía abstracta sino el conjunto de prácticas ya existentes que se niegan a rendirse ante esa lógica y colocan la vida en el centro. Gilberto López y Rivas, en su reseña del libro, señala que los autores articulan reflexión teórica y experiencias concretas para leer el presente desde esa contraposición, sin convertir las resistencias en modelos exportables.

Un tercer hallazgo, que aparece con creciente fuerza en mis textos más recientes, es la importancia del papel de las mujeres en cualquier proceso de cambio social de fondo. La weichafe mapuche Moira Millán ofrece la formulación más tajante: la destrucción del planeta – el «terricidio» – está profundamente vinculada al feminicidio. No puede haber revolución del abajo que no sea simultáneamente anticapitalista y antipatriarcal. Esto no es una postura derivada ni complementaria: es la estructura misma del problema.

Pistas para seguir buscando

La primera tiene que ver con la pregunta por las condiciones de posibilidad de una lucha de autonomías confederadas capaz de hacer frente al capitalismo y a su conjunto estatal en red. Los tres movimientos muestran que eso es factible a escala regional; falta comprender cómo se sostiene esa escala sin reproducir estructuras verticales ni perder la especificidad de cada territorio.

La segunda pista tiene que ver con el tiempo. Me asalta una duda terrible: si el capitalismo patriarcal, ante su propia crisis y su desesperación por depredar, destruye la vida antes de que las alternativas alcancen a convertise en masa crítica. Esta pregunta no admite respuesta solo teórica: exige investigación empírica sobre los ritmos reales de dinamización de los de abajo frente a los ritmos de la depredación sistémica.

La tercera apunta a la metodología. El uso de la crónica en Crónicas de movimientos de los de abajo contra los despojos múltiples y el concepto de asombro crítico en Indagaciones entre asombros proponen formas de investigar que combinan el análisis estructural con la atención a lo nanosocial y a los afectos colectivos. Esa combinación merece sistematización: cómo se hace sin caer en el ensayo impresionista ni en la sociología positivista.

La cuarta, la más urgente, es entender el dinamismo que proviene de los movimientos de mujeres y su relación con la defensa de la madre tierra – no como campo temático separado, sino como eje transversal que reorganiza la comprensión del conjunto. La pregunta concreta: ¿cómo se traduce esa centralidad en categorías analíticas que no reproduzcan el tratamiento subsidiario que la teoría social crítica del siglo XX le asignó a las luchas de género?

Reconozco que ante el desbocado y despiadado embate del poder destructor de los de arriba expresado en la tríada estrujante de ese anudamiento de esdrújulas: lo maniático, lo mefítico, lo mortífero, ante la violencia con que aplasta los levantamientos de protesta, de resistencia y de creación, mis temores de que el dominio se extienda y se profundice llegan a pasmarme. Y sin embargo: siempre atisbo que ese abajo se resguarda, que se fortalece con proyectos novedosos, que se recrea y florece donde menos se espera. Si bien hay sometimientos y hasta sumisiones voluntarias, no deja de surgir un abajo que subsiste y hace frente a los poderes en múltiples e insospechadas formas.

Desde el principio mi inquietud fue cómo invertir la pirámide de poder de tal manera que los de abajo se liberaran de la dominación. He llegado, con admiración, a atender la reciente propuesta zapatista de acabar con las pirámides sociales e impedir que su dinámica reaparezca. Otra de mis preocupaciones iniciales sostenía que había que terminar con la propiedad de unos cuantos sobre las mayorías y, malamente, proponía que todos fueran propietarios. Pero he caído en la cuenta – también por las inspiraciones zapatistas – de que lo que hay que acabar es precisamente con cualquier forma de propiedad, y que prevalezca ese común amplio que abarca todos los aspectos de la vida.

Lo que mi trayectoria muestra, mirada en su conjunto, es que las preguntas fundantes no se resuelven: se agudizan. Cada hallazgo abre nuevos problemas. Esa es su productividad – intelectual y orientada siempre a la práctica.

Otra constatación que quiero resaltar es que entiendo que este reconocimiento no se circunscribe solo a mi persona, sino que abarca la complejidad de una dinámica y plural convergencia. Con el ITESO como anfitrión, y con el impulso inicial del No Grupo y de Jalisco Cómo Vamos, se propició la conjunción colectiva e interinstitucional de una amplia gama de participaciones desde la Universidad de Guadalajara, del CIESAS, de la Universidad del Valle de Atemajac y de la universidad jesuita itesiana. También se dio el enlace de luchadores ciudadanos y populares. Lo que esa confluencia pone de manifiesto no es apenas una suma de voluntades dispersas, sino la emergencia de un tejido epistémico que solo puede nacer cuando tradiciones intelectuales distintas -cada una con su propia memoria, su particular repertorio de preguntas y su manera de habitar la incertidumbre- se dejan interpelar mutuamente sin renunciar a lo que las constituye. Hay en ese encuentro algo que excede la colaboración instrumental: una porosidad deliberada entre saberes que, al cruzarse, generan zonas de fertilidad imprevistas, territorios de pensamiento que ninguna disciplina ni institución habría podido imaginar por sí sola. La ciencia social avanza no por acumulación lineal sino por fricción creadora, cuando el hallazgo de uno reformula la pregunta del otro, cuando la experiencia viva del colectivo ciudadano le devuelve al académico una categoría transformada. Esa dinámica convierte al homenaje en algo más que un acto retrospectivo: lo vuelve un espacio donde las genealogías intelectuales de cada participante se entretejen y producen un horizonte analítico naciente que solo ese cruce específico de trayectorias podía alumbrar. Termino con un acto de enorme agradecimiento al tocayo Jorge Rocha por su iniciativa, y a Augusto Chacón por su apoyo. También a Guillermo de la Peña,Jorge Regalado, Jaime Preciado, Alberto Aziz, Enrique Valencia, , Miguel Bazdresch, José Bautista, Paola Lazo y Carmen Díaz; además a Rocío Moreno desde Mezcala, y a Alfredo Zepeda desde el Proyecto Norte de Huayacocotla. A todas y todos mi total gratitud por su amable y entrañable generosidad.

Jorge Alonso

Jorge Aloso

Doctor en Antropología. Profesor investigador Emérito en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), sede Occidente. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. En el Sistema Nacional de Investigadores es investigador nacional emérito. La Universidad de Guadalajara y el CIESAS conjuntamente crearon la Cátedra Jorge Alonso. En CIESAS y en la Universidad de Guadalajara impulsó la conformación de los respectivos doctorados en Ciencias Sociales. Ha publicado una cantidad considerable de libros, capítulos de libro y artículos académicos. Tiene a su cargo un proyecto de investigación de largo aliento sobre movimientos antisistémicos y convergencias sociales.

Jorge Aloso

Doctor en Antropología. Profesor investigador Emérito en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), sede Occidente. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias. En el Sistema Nacional de Investigadores es investigador nacional emérito. La Universidad de Guadalajara y el CIESAS conjuntamente crearon la Cátedra Jorge Alonso. En CIESAS y en la Universidad de Guadalajara impulsó la conformación de los respectivos doctorados en Ciencias Sociales. Ha publicado una cantidad considerable de libros, capítulos de libro y artículos académicos. Tiene a su cargo un proyecto de investigación de largo aliento sobre movimientos antisistémicos y convergencias sociales.

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