La Comuna de París (9) Un pueblo sin miedo
El 8 de febrero de 1871 “debía enriquecer a Francia con una nueva Asamblea Nacional … La fiebre electoral sustituyó a la fiebre del sitio … La Internacional y la Cámara Federal de Asociaciones Obreras, mudas durante el sitio, volvieron a su programa: ‘Es necesario que figuren trabajadores entre las gentes del poder’ … publicaron un manifiesto común:
“esta es la lista de los candidatos presentados en nombre de un mundo nuevo por el partido de los desheredados. Francia va a reconstruirse nuevamente: los trabajadores tienen derecho a hallar y ocupar su puesto… Las candidaturas socialistas revolucionarias significan: denegación a quienquiera que sea, de poner a discusión la República; afirmación de la necesidad del advenimiento político de los trabajadores; caída de la oligarquía gubernamental y del feudalismo industrial”.
“La lista que apareció el 8 de febrero fue un arlequín de todos los matices republicanos y de todas las fantasías … un baratillo de jacobinos, radicales, oficiales, alcaldes, periodistas, excéntricos. Uno fue elegido por haber inventado una cañonera; otro, por místico” (Lissagaray, Historia de la Comuna de París de 1871, pp. 70-71).
Se generalizan las revueltas y rebeliones tanto de reaccionarios como de republicanos para decidir respecto del futuro político de Francia. La defensa a ultranza de la república, la instauración de la Comuna y, de otra parte, la sobrevivencia del imperio. Las provincias se revelaron: Lyon, Tours, Loire. El ejército alemán continuaba en Francia y Bismarck no quería la elección de una Asamblea que podría inclinarse por la continuación de la guerra, que Prusia daba por concluida con la derrota de Francia. Todo anticipaba un desastre. “los jesuitas pudieron urdir sus intrigas … el clero se encontró en condiciones de seguir negando a las tropas sus edificios, sus seminarios; los antiguos jueces de las comisiones mixtas pudieron seguir insultando a los republicanos … Hubo consejos municipales que, olvidándose de todo patriotismo, votaron la sumisión a los prusianos” (pp. 72-79).
El 1 de septiembre de ese 1870, se produjo la decisiva derrota en la batalla de Sedán, la capitulación y captura de Napoleón III, lo que provocó el fin del Segundo Imperio y un levantamiento popular. Leon Gambetta, líder de la oposición republicana, proclamó la Tercera República.
León Gambetta [1838-1882. Republicano intransigente contra el Imperio, pero ambivalente ante la invasión prusiana] proclamó inelegibles a los grandes funcionarios y diputados oficiales del Imperio, disolvió los consejos generales y destituyó a algunos magistrados … La coalición había preparado cuidadosamente un personal de nobles de cola, grandes boyeros y lobos cervales de la industria. El clero, con extraordinaria habilidad, había unido en sus listas a legitimistas y orleanistas, echando los cimientos de la fusión … La Asamblea albergó, entre 750 miembros, a 450 monárquicos de nacimiento” (pp. 80-81)
El 18 de marzo de 1870 el ejército se despliega por todo París … El general Lecomte “da por tres veces la orden de hacer fuego. Sus hombres permanecen con el arma al pie. La multitud se une a ellos, fraterniza con ellos, detiene a Lecomte y a sus oficiales … el pueblo había recobrado los cañones. En la Bastilla, la guardia nacional fraterniza con los soldados” (pp. 100-101)
“A las once, el pueblo ha dominado la agresión en todos los puntos” … El gobierno rechaza que prepare un golpe de Estado. “Lo que pretende –aduce—es acabar con un comité insurrecto [la Comuna] cuyos miembros no representan más que las doctrinas comunistas y que llevarán a París al saqueo y a Francia a la tumba” (p. 101). “… Los barrios revolucionarios, que temían una ofensiva, ignoraban la extensión total de la victoria y se atrincheraban rigurosamente, manteniéndose estacionarios” (p. 102).
“Lo que quedaba del gobierno se había reunido secretamente … La plaza bullía como en pleno día. Por las ventanas del Hotel-de-Ville se veía circular la vida, pero nada que se pareciese a los pasados tumultos. Los centinelas no dejaban pasar más que a los oficiales o a los miembros del Comité Central. Éstos habían ido llegando uno a uno desde las once, y se encontraban reunidos, ansiosos y vacilantes, en número de una veintena … Ninguno de ellos había soñado con este poder que caía tan pesadamente sobre sus hombros …” (pp. 104-105).
En marzo de 1871 “París-Comuna recobraba su papel capital, volvía a ser el iniciador nacional. Por décima vez desde el 89, los trabajadores volvían a poner a Francia en el camino recto … la célula orgánica de la República francesa es el municipio, la comuna… (Lissagaray, Op. Cit. P. 134).
“El pueblo ya no está encolerizado porque ya no tiene miedo. La papeleta del voto ha sustituido al fusil … el artículo de L’Officiel, exponía que la primera obra habrá de reconocer y garantizar por el poder central este estatuto de la autonomía municipal” (pp. 134-135).
“… dos cientos mil miserables fueron al Hotel–de-Ville a instalar a los hombres elegidos por ellos” y proclamar la Comuna “en nombre del pueblo” … Nunca, desde la Federación de 1790, se vieron tan fuertemente sacudidas las entrañas de París … Había allí una fuerza inmensa puesta al servicio de una idea perfectamente definida: la independencia comunal …” (pp. 135-137).

