La literatura y el teatro como herramientas para la alfabetización emocional. El caso de Huellas cautivas

La literatura y el teatro como herramientas para la alfabetización emocional. El caso de Huellas cautivas
En zoología disfrazada
-demagógica maniobra- 
en jaulas yace encerrada, 
vida que no se recobra.
 
Del poema Abandono y decadencia
Mario Cruz Palomino

En pasados días en una conferencia sobre bienestar animal, la ponente explicó que, en el ayuntamiento de Mérida, para concientizar a la ciudadanía sobre maltrato animal, se contrató una compañía de actores que llevan a las escuelas y a quien solicite, este servicio de función con marionetas.

Esto obedece a reconocer que el teatro, es una herramienta que facilita el proceso de aprendizaje pues el conocimiento se elabora situando en el centro del fenómeno al individuo.

No en balde esta herramienta se usó para evangelizar a los indígenas en la Nueva España como ahora podemos apreciar un poco su gran alcance en las pastorelas decembrinas.

Es indudable reconocer que las grandes problemáticas de las sociedades contemporáneas, al menos en Latinoamérica, tienen su origen en la precariedad educativa. Y dentro de esta situación se encuentra el Analfabetismo emocional contra el maltrato animal, pues debemos concientizarnos que somos maltratadores de animales en todas su versiones ya físicas como emocionales y por eso debemos recordar que los animales no humanos sienten al igual que nuestra especie, y éticamente nos corresponde cuidarlos y no dañarlos.

Por otro lado, la cultura busca resortes de sensibilidad para llenarlos con música, danza, y por supuesto con palabras, donde la literatura busca que el lector sea más comprensivo e incluyente con los otros creando empatía.

Con estas ideas y esperando que con el encierro obligado de la población por la pandemia del covid, estuviera sensibilizada al respecto de lo que implica el cautiverio, surgió un libro denominado “Jaulérica vida. Voz a los sin voz. Textos desde el encierro” donde un grupo de autores hidrocálidos sensibles a la situación de los animales de fauna silvestre en cautiverio, sumaron su talento, creatividad, ternura, lucidez y esfuerzo para crear la historia de algún animal encerrado. El libro dice en su dedicatoria: Para todos los animales que viven o vivieron toda su vida y murieron injustamente encerrados en parques o refugios de fauna silvestre donde, cautivos por capricho humano, al menos deberían ser tratados dignamente.

Comparto una de las historias.

Danza pendiente.

Verdaderamente estoy cansado de toda esta rutina. Todos los días es lo mismo, amanece, sale el sol, se hace de noche. Ya ni me interesaba pelearme con mi vecino, total, ni causa hay para luchar. A base de estar todos estos años en este lugar, desde que era un polluelo, he ido aprendiendo lo que dicen los humanos de mí. Me llaman Struthio camelus, Avestruz, pero de cariño me dicen Bibi.

Soy un guapo macho avestruz, peso entre 80 y los 150 kg, mido 2 metros y si tuviera espacio para correr como es mi naturaleza, podría hacerlo a una velocidad de más de 60 km/h. Pero me acaban de quitar aún más mi espacio, pues han llegado otros dos vecinos, una pareja, hembra y macho, a los que alojaron en la otra la mitad de mi pequeña jaula.

Con la llegada de ellos todo ha cambiado. Para empezar, no entiendo porque con tantos años aquí, solo cuando llegan los nuevos, es cuando por fin me ponen un techo para tener un poco de sombra. ¿de qué privilegios gozan esos dos? Además, se quedaron con la mejor parte del espacio y a mí me dejaron exactamente en medio, entre su odiosa presencia y la de mi otro loco vecino.

Así le digo porque hace años empezó a caminar todo el día alrededor de su jaula y tanto, que hasta dejó una zanja marcada, luego le dio por azotarse en la malla hasta que se hirió el cuello y lo tuvieron que inmovilizar para curarlo, pero de nada sirvió, pues de nuevo le entró algo así como un ataque de furia o histeria, no sé bien que y azotaba la reja con su cuerpo y patas. Desde hace años ya no me cuenta nada ni me habla y en esta temporada de lluvias, de nuevo le ha dado por golpearse, ahora la cabeza, otros días, solo le da por echarse y no hay nada que le motive a pararse, creo que le afecta mucho que su jaula esté anegada. Yo le digo, «psst, psst, hey compañero, no se desanime, mire al menos podemos ver a través de la reja a los humanos corredores, imagínese que es usted uno de ellos y corra, siéntase en la sabana, sienta como el aire le roza el cuello y la cara, abra el pico y sienta como el viento entra a sus pulmones. A mí me funciona y aunque no puedo correr, levanto primero una y luego la otra pata de manera sincronizada y de verdad siento que corro, vamos inténtelo, no llore». Pero el vecino solo me ve y voltea su cuello para arrancarse las plumas del dorso.

Pero volviendo a los nuevos vecinos, la verdad estoy preocupado. Somos tres machos y ella una sola. Yo antes hacía mi danza de cortejo a cualquiera que se parara enfrente de mi jaula, tan solo por diversión y de paso les causaba curiosidad y hasta me tomaban videos y fotos. Pero ahora, ¡somos tres machos en competencia!, no sé qué ira a suceder en la época que tengamos que competir por ella.

Mi vecino de seguro se azotará contra la reja, no sabe hacer otra cosa, desde que perdió la esperanza. El nuevo, de seguro defenderá su territorio que era mío y a mí, todo esto me obliga a perfeccionarme para resultar ganador. Practicaré mi cuidadoso cortejo nupcial. Me pondré sentado sobre mis patas con las alas abiertas, levantando y recogiendo un ala tras otra sincronizadamente, al tiempo que realizaré un movimiento oscilante de cabeza y cuello, así como subiré y bajaré la cola. Abriré mis plumas blancas en forma de abanico, tanto de mis alas como de la cola, así la atraeré. Si ella camina alrededor de mi agitando sus alas y bajando la cabeza, sabre que está receptiva. Haré mi ritual por unos diez minutos, y ya así podre montarla, aunque no sé cómo me liberare de la reja que nos separa y de mis dos oponentes. Creo que mejor sigo como siempre, danzo ante cualquiera que se asome a mi jaula. De todos modos, no saben que lo hago para cortejarles y poder reproducirme, pues aquí en este parque, ni siquiera ponen algún letrero donde se explique algo sobre mí, mi nombre, mi origen, porque me encuentro aquí, mi comportamiento, como es nuestro hábitat, alimentación y necesidades de confort, que cuidados necesitamos y porque somos importantes en la naturaleza.

He intentado platicar con los nuevos pero cada vez que abro el pico y sale mi bramido, en vez de venir, se alejan. ¿De dónde vendrán?, ¿Qué saben del exterior? ¿Comerán insectos, serpientes, roedores, raíces y ricas de plantas? ¿También les cambiaran la dieta como a

nosotros? Ya me dio hambre, pero no hay nada en mi comedero, será hasta mañana que vuelvan a darme algo, mejor me arranco las plumas del dorso como mi vecino e ignoro a los nuevos.

Otra vez está lloviendo y ese techo que nada más estorba y no protege para nada. ¡Vaya ahí viene la vecina!

-Buenas tardes vecino, solo le quería agradecer por la gentileza de compartir su espacio, cuando llegamos, nos encerraron en una de las jaulas de allá adelante y no podíamos ni movernos, aparte de que el suelo estaba todo encharcado y apestaba.

– ¿Estaban en las jaulitas de allá? Pero si esas son para los loros, ahí no cabe nadie de nuestro tamaño y menos dos en una jaula, que barbaridad, que mal nos tratan, no sabía de su situación, pero aquí ya tienen más espacio. Y ¿de dónde vienen?

-La verdad no sé, hace mucho que nos subieron a una caja y por lo poco que podía ver por un agujero, pasamos varias noches ahí. Después, nos movieron de esa caja a otra y fue cuando llegamos aquí. Antes nuestro espacio era muy grande y había muchos de nosotros. Había un lugar para los polluelos, otro para nosotras y otro para los machos. Cuando crecíamos lo suficiente, nos repartían en diferentes corrales y vivíamos tres de nosotras con un macho. Apenas ponía mis huevos, se los llevaba el humano que nos daba de comer, nunca conocí a mis polluelos.

-Yo no sabía que existía un lugar así.

-Y yo tampoco que existía un lugar como este.

-Pero no llore vecina, verá que se acostumbra.

( … )

Posteriormente, facilité el libro a diversos directores teatrales, varios de ellos se sumaron al proyecto y así surgió la obra “Huellas cautivas” del grupo teatral “Anónimo teatro” a cargo del Lic. David Nava Limón, la cual está basada en los textos: Atentamente (de Ana Romo), Yo no bailo (de Mauricio Caballero), Llámame búho (de Martha Lilia Sandoval ), El gran escape (de Quetzalli Aquino) y No te llamas Juan (de Adriana Rodríguez) así como la maestra de ceremonias, una bellísima tortuga filósofa (de Gustavo Meza).

La buena noticia es que este montaje se presentará en el teatro Morelos el próximo 29 de abril a las 20 hrs de forma gratuita, aunque en el programa de mano de la Feria Nacional de San Marcos 2023, se aclara que, para garantizar un lugar, se venderán 100 boletos por función. El aforo del teatro es de 350 lugares. Ojalá se de la oportunidad de ver este espectacular montaje y por supuesto de leer la obra citada. Jaulérica vida. : Voz a los sin voz. Textos desde el encierro (Spanish Edition)

Ana Romo jaulericavida1@outlook.es

Ana Romo G

Médica veterinaria y zootecnista, académica, escritora y bioeticista.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!