Lenguaje del espejo
Desde tiempos remotos, el ser humano ha sentido esa punzada silenciosa que nace al contemplar la fortuna de otro. Una mezcla de anhelo, comparación y deseo de alcanzar lo que aún parece distante. Algunos la consideran una herida del alma; otros, una chispa que impulsa el cambio. Todo depende de la mirada con que se interprete.
El paisaje, fotografiado el día 26 de octubre de 2025 en la presa de La Tomatina, Aguascalientes invita a reflexionar sobre esa tensión entre el tener y el ser. El cielo se posa sobre el agua sin rivalidad, ofreciendo su resplandor al espejo que lo acoge. No hay competencia, solo correspondencia. La superficie acuática no busca superar al firmamento; lo honra, lo traduce, lo revela. En ese diálogo silencioso se esconde una enseñanza profunda: lo bello no necesita imponerse, basta con reconocerse en el reflejo del otro.
Cuando el corazón se deja guiar por la comparación, se extravía en la ilusión de la carencia. Pero si convierte la admiración en impulso, halla en cada logro ajeno una invitación a crecer. Mirar sin resentimiento es descubrir que la grandeza ajena no disminuye la propia; al contrario, la despierta. Lo que provoca inquietud también puede encender vocación.
El horizonte, dorado por la tarde, parece recordarlo: nada en la naturaleza compite por brillar. Las montañas no desean el fulgor del ocaso, ni el agua el vuelo de las nubes. Cada elemento cumple su propósito y, al hacerlo, completa el equilibrio del mundo. Así también, la plenitud humana nace cuando comprendemos que lo que admiramos fuera, refleja algo dormido dentro de nosotros.

Tal vez el verdadero desafío sea aprender a contemplar sin medir, a reconocer sin apropiarse, a agradecer sin desear más. La serenidad surge cuando la mirada se reconcilia con lo que tiene y se inspira en lo que observa. En esa unión entre el cielo y el agua se revela una verdad sutil: todo aquello que nos conmueve fuera, en realidad nos pertenece desde dentro.
Más allá de la mirada: En neurociencia, se ha comprobado que las emociones que surgen al observar el éxito ajeno activan las mismas áreas cerebrales que el aprendizaje. La mente humana, si se abre a la admiración, convierte la comparación en una vía de evolución personal.
mariogranadosgutierrez@outlook.com


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