PRIMERAS IMPRESIONES SOBRE LA REFORMA ELECTORAL IV
Ya se aprobó en el Senado el llamado Plan B de la reforma electoral, que para algunos comentaristas implicó un proceso deslavado, disminuido y “descafeinado”. Comparto esa apreciación, además de un comentario que me hiciera un amigo, que afirmó que “de qué sirvió la comisión, si ni una iniciativa decente pudo elaborar”.
Es un proceso todavía inacabado, aunque ya preludie sus enormes limitaciones y visión trascendente de la misma. El filtro de la Cámara de Diputados se atenderá al parecer, hasta después de Semana Santa y de ahí los Congresos estatales, sin que se prevean ajustes sustantivos, sino el refrendo en lo que se resolvió en la llamada Cámara Alta.
Al parecer se quedó ahí la reforma, pues concitó en solo parches a una legislación secundaria y no sustantivos cambios constitucionales, sin ir más allá, para solo solucionar necesidades de coyuntura y no sentar las bases vistas a largo plazo, que fueran incluso a una proyección más amplia y a largo plazo. De esta manera, su caducidad se acorta y por lo mismo disminuye su trascendenciahistórica y política.
En esta lógica, el punto ya no es si la Presidenta cumplió con su compromiso con la gente (que se ve más claramente como recurso discursivo) o si quedó satisfecha con lo que se aprobó en el Senado, lográndose disminuir el sistema de privilegios, que correspondía a uno de los objetivos centrales de su reforma electoral presidencial, sino si se logró afectar a la llamada “partidocracia”.
Es claro que no fue así, gracias no a la oposición sino a los partidos aliados, principalmente el PT. Recordemos que, primero fue postergar el debate y reforma sobre los plurinominales y ahora, matizar el valor sin sentido partidista el tema de la revocación de mandato. Aquí salió triunfante el PT y no Morena, menos aún la Presidenta del país.
Ni siquiera es como declaró el dirigente estatal del PAN, Javier Luévano que, “advirtió que la reforma electoral busca debilitar las instituciones democráticas para que Morena se perpetúe en el poder simulando condiciones electorales”, refiriéndose al empate de la revocación de mandato con la elección constitucional general y estatal en 17 entidades de la República. Sin duda, pierde la vista del problema real, menos aún ve de manera integral este proceso, donde los partidos han quedado intocados. De ello no dicen nada. Al contrario, demuestra su postura maniquea.
Más allá de la crítica hacia los partidos, el resultado hasta ahora, es pues un mísero avance en la vida democrática del país, que diluye el sentido positivo que pueda haber en la disminución en integrantes y montos para los integrantes de los ayuntamientos y/o las percepciones por legislador en los Congresos locales.
No cuestiono la intención de hacer disminuir los privilegios en los niveles citados, pero mayor sentido y trascendencia hubiese sido si se explorase e impulsase una reforma integral radical de los municipios (no solo los ayuntamientos), dándole un mayor sentido a esa célula básica del federalismo mexicano y así evitar su permeabilidad con el crimen organizado y la corrupción.

