El PRI en Aguascalientes, 1992–2022: colapso electoral medido contra la Lista Nominal y la población estatal

El PRI en Aguascalientes, 1992–2022: colapso electoral medido contra la Lista Nominal y la población estatal

 

El problema de medir la fuerza del PRI solo con porcentajes sobre votos emitidos

Continuando con la idea central del texto de Mario Granados RoldánSobre advertencias no hay descontón”, en donde el editorialista de la columna semanal Vale al Paraíso, pone el punto sobre las i, presentando con la experiencia de los años en el oficio, una serie de ideas tangibles para demostrar la pérdida de apoyo electoral del PAN en Aguascalientes, coteja diferentes resultados electorales para la elección a gobernador con listas nominales y número de población censal, encontrando una hipótesis completamente válida, la cual me sumo y comparto, y, claramente, no aclare en mi intervención Estadística electoral y arquitectura gubernamental: una lectura crítica del análisis preelectoral de Mario Granados Roldán sobre Aguascalientes 2027, que la consideró correcta. Ante ello mis disculpas públicas a Don Mario Granados Roldán, quien fue él el que abrió una puerta de análisis que me parece más que interesante para una serie de análisis que amplíe su alcance a otros partidos políticos en la entidad, observando la competitividad y representatividad social de los partidos políticos con respecto a la población del estado. ¿Realmente los resultados electorales representan la fuerza palpable y de permeabilidad social que nos quieren hacer creer aquellos tienen la responsabilidad de dirigir los partidos políticos en Aguascalientes?

Por lo que continuamos ahora con el PRI, por estricto orden de registro.

Los análisis electorales sobre el Partido Revolucionario Institucional en Aguascalientes suelen exhibir una misma debilidad: usan como indicador principal el porcentaje de votos obtenido sobre el total de sufragios emitidos. Ese dato es útil para comparar fuerzas en el interior de cada jornada, pero oculta el deterioro real del partido (como ya demostró Mario Granados Roldán), porque la base de comparación cambia en cada elección. Cuando la participación cae y en Aguascalientes ha caído de manera sostenida, un partido puede mantener su porcentaje sobre votos emitidos mientras su peso sobre el padrón y sobre la población se desploma.

Este análisis constituye una medida alternativa: los votos del PRI o de sus coaliciones expresados como proporción de la Lista Nominal de Electores (LNE) vigente en cada proceso, y como proporción de la población total estatal estimada para cada año. Esas dos variables son más exigentes que el porcentaje sobre votos emitidos que revelan y aproximan más a la magnitud auténtica del colapso.

Una aclaración metodológica es necesaria desde el principio: el PRI no compitió en solitario en las elecciones de 2004, 2010 y 2016, y en 2022 fue completamente absorbido en la coalición que encabezó el PAN. Los votos de las coaliciones se imputan en su totalidad al PRI cuando éste encabeza la alianza (2010, 2016) o al candidato de la coalición (2004). Para 2022, donde el PRI es el socio menor de una alianza panista, se estima su aportación con base en el diferencial conocido de la votación.

En 1992 el voto del PRI equivalía al voto de casi 1 de cada 5 aguascalentenses. En 2022 a menos de 1 de cada 40.

Tabla de datos: votos, Lista Nominal y población

La tabla que sigue compila los votos obtenidos por el PRI o sus coaliciones en cada elección de gobernador (1992–2022), los contrasta con la Lista Nominal del año correspondiente y con la población estatal estimada, e indica el porcentaje que representan en cada caso.

Fuentes: LJA.MX, Recuento elecciones Aguascalientes; Infobae, Mapa de las Elecciones 2022; SinEmbargo, Las dos pírricas victorias; IEE Aguascalientes, Resultados Electorales; INE, Estadística del Padrón Electoral y Lista Nominal 2016 y 2022; INEGI, Censos de Población y Vivienda 1990, 2000, 2010, 2020; CONAPO, Proyecciones de Población. (*) Población interpolada entre censos para los años sin datos censales directos. Los datos de 2004 y 2010 de LNE son estimaciones por ausencia de fuente primaria accesible para esos años en el marco de este análisis. Los votos del PRI en 2022 son estimación basada en caída documentada del partido en procesos concurrentes.

Tabla de representatividad: el PRI contra la ciudadanía

La tabla de síntesis siguiente permite leer de un vistazo el índice de representatividad del PRI, entendido como la capacidad de traducir su votación en respaldo ciudadano medible, en tres dimensiones: sobre votos emitidos, sobre la Lista Nominal y sobre la población total.

Lo que los números revelan

El año 1992: hegemonía sin legitimidad amplia

El triunfo de Otto Granados Roldán con el 74.2% de los votos emitidos, 141 mil 175 sufragios, suena abrumador hasta que se lo sitúa en contexto. La participación fue de aproximadamente 59.2% sobre una Lista Nominal que no superaba los 340 mil electores, en un estado con cerca de 730 mil habitantes. Eso significa que el PRI recibió el respaldo de poco más del 41% del padrón y apenas el 19% de la población total. La hegemonía priísta en Aguascalientes fue, desde sus últimos años, una construcción sobre una base ciudadana minoritaria.

Nota sobre esta serie de artículos: las explosiones demográficas en la entidad también provocan cambios en las preferencias electorales, es importante rescatar este punto porque en esta serie de artículos se observan en momentos precisos estos crecimientos demográficos que cambien la preferencia electoral de las masas, se alerta por lo observado, que estamos atravesando en estos momentos una fase similar de crecimiento y cambio de preferencias, creando una nueva fuerza poderosa que por el momento es la segunda y se está construyendo una tercera qué pronto podría hacer que estas dos, en un futuro próximo sean las dos fuerzas rivales principales.

El quiebre de 1998: la caída que no para

La derrota de Héctor Hugo Olivares Ventura frente a Felipe González González en 1998 es el momento más estudiado de la política hidrocálida contemporánea. El PRI cayó de 74.2% a 37.5% sobre votos emitidos: una pérdida de 37 puntos porcentuales en una sola elección. Sobre la Lista Nominal, que para entonces ya superaba los 515 mil electores, el partido pasó de ~41.5% a 25.3%. La combinación de mayor padrón, mayor participación (67.5%) y colapso de la votación priísta configura el cuadro más contundente: el PRI dejó de ser el partido de Aguascalientes no solo en el resultado electoral, sino en su penetración real en el electorado registrado.

El espejismo de 2010

La victoria de Carlos Lozano de la Torre en 2010 con 204 mil 625 votos, 47.7% sobre sufragios emitidos, se presenta frecuentemente como evidencia de la vigencia del PRI. Cuando se la mide contra el padrón estimado para ese año (~750 mil electores) y contra una población que ya rondaba un millón 100 mil habitantes, el resultado es distinto: el PRI movilizó a poco más de la cuarta parte de los electores registrados y representó aproximadamente el 18.6% de la población total. Ganó la gubernatura, sí. Pero lo hizo en un ciclo de baja participación (54.3%) y con el apoyo explícito del PVEM y Nueva Alianza en coalición. No fue un repunte real; fue el beneficio coyuntural del desgaste panista tras el sexenio de Reynoso Femat, provocado por excesos públicos y escándalos de corrupción que aún hoy en día siguen teniendo eco en la sociedad.

La victoria del PRI en 2010 no fue un regreso: fue el rendimiento de una coalición sobre un electorado desencantado del gobierno panista.

La derrota definitoria de 2016

Lorena Martínez Rodríguez obtuvo 189 mil 852 votos bajo una coalición de cuatro partidos (PRI, PVEM, PT, PANAL) y aun así perdió por 13 mil 565 sufragios frente al PAN en solitario. Esto tiene consecuencias analíticas precisas: el PRI necesitó tres aliados para no alcanzar a un adversario que compitió solo. Sobre la Lista Nominal de 893 mil 637 inscritos, el resultado de la coalición priísta representó el 21.2% del padrón. En términos de población, ya cercana a un millón 250 mil habitantes, el porcentaje no superó el 15.2%.

El contraste con 1992 es definitorio: en ese año el PRI ganó con el voto del 41.5% del padrón. En 2016, con cuatro partidos aliados, no movilizó ni al 22% de los electores registrados.

El colapso silencioso de 2022

En 2022 el PRI no tuvo candidato propio. Se disolvió en la coalición Va por Aguascalientes detrás de la panista Tere Jiménez. La coalición tripartita obtuvo ~249 mil votos, pero el aporte del PRI se estima en alrededor de 35 mil sufragios, menos de la mitad de lo que aportaron sus propios votantes en 1992, cuando ganó con holgura y el padrón era cuatro veces más pequeño. Sobre la Lista Nominal de un millón 34 mil 608 electores, esa cifra representa apenas el 3.4%. Sobre la población de un millón 425 mil 607 habitantes (Censo 2020), no llega al 2.5%.

Un partido que en su mejor momento gobernó con el apoyo del 41% de los electores registrados pasó a representar, tres décadas después, el 3.4% del padrón. No se trata de un ciclo adverso. Se trata de disolución orgánica.

La trampa del porcentaje sobre votos emitidos

La tabla pone en evidencia por qué el indicador de porcentaje sobre votos emitidos es insuficiente para medir la fuerza real del PRI en Aguascalientes. En 2004 el PRI obtuvo el 35.5% sobre los votos emitidos, lo que parece un resultado razonable para un partido de oposición. Pero ese 35.5% sobre una participación del 56.2% equivale al 19.9% de la Lista Nominal de ese año. En 2010 el porcentaje sobre votos emitidos fue 47.7%, el más alto desde 1992, pero el porcentaje sobre la Lista Nominal (~27.3%) fue inferior al de 1992 (~41.5%). El PRI ganó la gubernatura con un respaldo ciudadano comparativamente menor que el de su última victoria hegemónica.

Este efecto se amplifica cuando la participación cae. A medida que la abstención crece, de 32.5% en 1998 a 54% en 2022, el denominador del porcentaje sobre votos emitidos se reduce, y cualquier partido puede mantener o mejorar su proporción sobre sufragios aun cuando su base real de apoyo se contraiga. El PRI ha sido el principal beneficiario de esa ilusión estadística en algunos análisis, y su principal víctima en la realidad.

El PRI perdió Aguascalientes mucho antes de la última vez que figuró en una boleta. Lo perdió en el padrón.

Implicaciones para 2027

El PRI llegará a 2027 sin un candidato fuerte a la gubernatura de Aguascalientes, con un padrón de militantes que no alcanza a representar una fuerza autónoma y con un ciclo de cuatro derrotas en las últimas cinco elecciones de gobernador (descontando 2010). La pregunta que los análisis electorales deben responder no es si el PRI apoyará a alguna candidatura, ello lo hará, porque es su única opción de sobrevivir institucionalmente, sino ¿cuántos votos puede aportar a quien lo integre en una nueva coalición o elección en solitario? Con estos resultados, el crecimiento de otras fuerzas y el aumento de población en la entidad con diferentes preferencias a las que representa el PRI, hace que se ve poco probable que el antes partido hegemónico pueda sobrevivir en la entidad con el mínimo suficiente para conservar el registro electoral.

El PRI sufre un desgaste mucho mayor que el PAN, lo que lo convierte en partido residual, sufriendo en el proceso de convertirse en un simple recuerdo del pasado, y viejas glorias, que ya no regresarán.

Los datos de este análisis sugieren que el PRI si bien le va su captación de votos difícilmente supera los 30 mil a 40 mil votos. Para una contienda donde la diferencia puede definirse en el margen de esa magnitud, el PRI conserva relevancia instrumental mínima, y si la tiene es en secciones específicas que no le permiten competir por una recuperación en el territorio estatal, dependiente de liderazgos que también están en proceso de descomposición. Para todo lo relacionado con los temas de representación popular, proyecto político, base territorial, ya no se diga de agenda pública y control de narrativas, es ya un partido residual en Aguascalientes.

La única lectura que permite ignorar este colapso es la que mide al PRI exclusivamente sobre votos emitidos en elecciones donde su voto se diluyó en coaliciones que no lo reportan por separado. Ese es, precisamente, el ejercicio de estadística selectiva que el análisis preelectoral hidrocálido debe dejar de reproducir.

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero. Licenciado en Derecho.

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