Baja, Pelayo, Baja

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[bctt tweet=»Ahí, el respetable le animaba con el grito de: “Pa’riba, papi, pa’riba; pa’riba, papi, pa’riba”. Éste y el de Sube, Pelayo, sube, serían los dos gritos, que llevarían a la perdición de Luis Manuel Pelayo. » username=»crisolhoy»]

Luis Manuel Pelayo

 

Crónica de una infamia Presidencial

 

Todo mundo conoce la razón del nombre del personaje de Chespirito, El Chavo del 8. El programa empezó en aquel canal (hoy canal 9), y no quiso cambiarle el apodo al mudarse al canal 2. Pero no fue el único programa que el canal 8 le heredó al canal 2.

Hagamos un poco de historia. El canal 8, Televisión Independiente de México (TIM), era propiedad de Grupo Monterrey (Bernardo Garza Sada). El 28 de noviembre de 1972, se firma el convenio mediante el cual se fusionan TIM y Telesistema Mexicano, hasta entonces feroces rivales, pero que con su competencia estaban perdiendo ambos. Para el 8 de enero del año siguiente, 1973 se hace oficial el nacimiento de la nueva empresa: TELEVISA, que no es, como algunos creen, abreviatura de Televisión, Sociedad Anónima, sino el acrónimo de Televisión a Satélite, S. A. de C. V., integrada por los canales de la familia Azcárraga, el canal 5 propiedad de Rómulo O’Farril, canal 4 y el nuevo, canal 8 de Grupo Monterrey.

Volviendo a los programas éxito del canal 2 que provenían del recién integrado canal 8, tenemos que además de El Chavo del 8 y El Chapulín Colorado, llegó el aún más longevo Siempre en Domingo, aunque éste es un caso distinto. Raúl Velasco conducía un programa llamado Domingos Espectaculares, en el canal 8, donde  pretendían cambiarle el formato, con lo que no estuvo de acuerdo Velasco, optando por renunciar. Fue llamado entonces a Telesistema y coincidió con la fusión, y entonces empezó un ‘nuevo’ programa llamado Siempre en Domingo, que en realidad era exactamente el mismo programa que hacía en el otro canal con el nombre de Domingos Espectaculares, ya que pudo conservar el mismo formato. Todos conocemos cuánto creció este programa hasta llegar a ocupar toda la tarde dominical aunque con distintos segmentos: Siempre en Domingo, México, Magia y Encuentro y Aún Hay Más. Fue éste un verdadero crisol de artistas con y sin talento que crecían o eran tapados a capricho de Raúl Velasco.

Quiero centrar este artículo en otro caso muy particular: en el canal 8 se trasmitía un programa de concurso, realmente ñoño, que se llamaba Juan Pirulero, conducido por el actor Luis Manuel Pelayo, cuyo rostro no era muy famoso todavía en la televisión, aunque sí en cine y su voz en la radio, donde se le oía en toda la República prestando su voz para Kalimán, y en otras radionovelas de menor longevidad. Este programa pasó al canal 2 y por un tiempo breve tuvo el mismo nombre, sólo con el agregado de ‘El juego’, y se llamaba: El Juego de Juan Pirulero.

Este programa consistía de varios juegos donde los concursantes podían ganar algunos electrodomésticos menores: planchas, radios, licuadoras, y en las ocasiones especiales, los premios crecían a lavadoras, estufas o muebles de sala. El juego estelar del programa, era el palo ensebado, y era el único que regalaba dinero; por lo regular era el juego que cerraba el programa y, como ya sabrá, consistía en llegar a la punta de un poste engrasado que tenía en la punta una bolsa que se iba acumulando. A los que intentaban hacer la hazaña, se les animaba con el rítmico grito de “sube, fulano, sube; sube, fulano, sube”. Se creyó buena idea cambiar el nombre del programa usando este juego, y se le bautizó entonces como: Sube, Pelayo, sube. Se modificó brevemente el formato, y entonces fue un programa familiar, no en el sentido que hoy se usa el término, sino literal: concursaban familias enteras. Había claro, segmentos que no tenían esta exigencia, como “La llave del tesoro”, o en ocasiones concursos de canto, como cuando se buscó la voz gemela de Pedro Infante. Para entonces los premios habían mejorado sustancialmente, y ya se entregaban consolas, televisores, motocicletas, y en ocasiones especiales, autos y hasta alguna casa. Si bien el palo ensebado seguía existiendo, el juego estrella del programa pasó a ser una rampa, igualmente engrasada, por la que debía subir el padre de familia, y su familia lo animaba y aun pretendía ayudarle dándole la mano para evitar que resbalara cuando, eventualmente, alcanzaba la cima de la rampa. Ahí, el respetable le animaba con el grito de: “Pa’riba, papi, pa’riba; pa’riba, papi, pa’riba”. Éste y el de Sube, Pelayo, sube, serían los dos gritos, que llevarían a la perdición de Luis Manuel Pelayo.

Luis Manuel Pelayo Ortega nació en la Cd. De México el 1 de abril de 1922 , e inició su carrera en cine en 1947, llegando a alternar con grandes de la pantalla como Pedro Infante y Mauricio Garcés. Dueño de una voz perfectamente modulada y profunda, incursionó en el doblaje, siendo recordado por personajes como Bagheera, la pantera de El libro de la selva. Pongo, el dálmata de La noche de las narices frías, el búho Arquímedes, de La espada en la piedra,  o el notario en Los Aristógatos, etc., además de varias series de televisión americanas, como El Zorro, La Dimensión Desconocida, Mi bella genio, etc.

Volviendo al programa de Sube, Pelayo, sube, éste adquirió tal fama, que la gente abarrotaba los estudios buscando la oportunidad de concursar, o al menos ser parte del público. Poco a poco la figura de Luis Manuel Pelayo, fue haciéndose mesiánica, al grado de que la gente en la calle le pedía favores que se antojaban fantasía: le pedían casi milagros, y su programa generó la publicación de una revista, tipo historieta, donde se ensalzaba la figura del actor y conductor.

¿Cómo fue que los gritos de animación en el programa provocaron su caída? Pues fue así: el programa era tan famoso, que esos gritos pasaron la frontera de la pantalla y se anidaron en el ánimo de la gente, al grado que ante la vista de cualquier cosa, viva o no, que tratara de subir o escalar algo, surgía el colectivo y espontáneo: Sube, Pelayo, sube; Sube, Pelayo, sube… O si a alguien se le veía batallar para subir una escalera, entonces era: Pa’riba, papi, pa’riba.

Pues sucedió que un día, el entonces Presidente de México, Luis Echeverría visitó las pirámides de Teotihuacán con su numerosa comitiva de acarreados, que no resistieron el impulso de corearle el: pa’riba, papi, pa’riba, cuando Echeverría subía una de las pirámides. Aguantó el ramalazo.

Semanas más tarde, se rendían Honores a la Bandera en el zócalo capitalino, y al izar la Bandera, nuevamente surgió el anónimo pero masivo grito, esta vez: Sube, Pelayo, sube, conforme subía el Lábaro en el asta. Fue la gota que derramó el vaso. Al día siguiente Televisa recibió la orden de sacar del aire el programa de Pelayo. La versión oficial fue que porque denigraba a los concursantes burlándose de ellos, aunque era más que evidente que hay pueblo (parte del pueblo) que por un regalo, hacen lo que sea.

El veto presidencial fue más allá, poniendo de manifiesto que era un abuso de poder; salvo papelitos esporádicos, durante más de 10 años, nadie le dio trabajo al actor en televisión, con excepción de un programa efímero llamado ¡Basta!, como el juego ese que jugamos usted y yo en nuestros cuadernos y que consiste en nombrar país, cosa, vegetal, etc. con una letra determinada; pésimamente producido con 5 pesos, fracasó. Es verdad que filmó algunas películas de mediana calidad y representó algunos papeles en teatro, pero jamás volvió ni la fama ni la popularidad que el echeverrismo le robó. Es así que murió arruinado y amargado el 25 de julio de 1989, a los 67 años de edad.

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

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