BOTELLA DE UTILERÍA

BOTELLA DE UTILERÍA

Loading

 

Relato de un trabajo

No sé en qué fecha se inauguró, pero cuando yo pasé por primera vez siendo todavía bebé en brazos de mi madre, por esa carretera Panamericana en el tramo que va de Aguascalientes a Zacatecas, ya se ubicaba la Compañía Vinícola Aguascalientes, S. A. de C. V., que embotellaba el legendario Brandy San Marcos, y ahí en esas instalaciones al pie de la citada carretera, sobre un par de altos tanques de cemento, se erguía una botella, réplica de gran tamaño del citado brandy. Una estructura compleja de varillas soldadas a los mencionados tanques hacían las veces de esqueleto de la botella, y luego el cuerpo estaba formado por grandes hojas de lámina convenientemente soldadas a la estructura. Cabe mencionar que la etiqueta del brandy, que se reproducía con total fidelidad en la enorme réplica, no era sencilla; tenía un color ámbar pálido, una imagen doble de la balaustrada del simbólico Jardín, que le daba su nombre, muchas letras, un escudo y unos viñedos al fondo; la botella era color verde y coronaba el monumento, un marbete del mismo color de la etiqueta.

[bctt tweet=»lo primero que llamó su atención fue que la botella en cuestión estaba tal y como la había dejado.» username=»crisolhoy»]

Todo el color y texto estaban pintados a mano, y debo decir que el rotulista original fue bastante bueno, porque el trabajo realizado fue impecable.

Pero era pintura, y el sol la iba “comiendo”, por lo que cada tanto tiempo había que repintar, y además de rotulador, el pintor tenía que hacerle un poco al alpinista, porque como dijimos, la falsa botella estaba más que fija sobre los tanques.

Corría algún año de la década de los 60’, y se encontraba D. Nazario Ortiz Garza, quien fuera Gobernador de Coahuila y propietario de la citada vinícola, platicando con mi padre, por entonces jefe del departamento de contabilidad de la empresa, caminando de la Casa Grande hacia las oficinas, cuando el empresario vio la botella y comentó que ya requería una nueva repintada, y le pidió a mi padre que llamara a quien regularmente hacía tal faena, y mi padre le comentó que la última vez le había cobrado 700 pesos por el servicio. Por entonces 700 pesos era una fortuna.

Todo este comentario fue escuchado por un trabajador que en esos momentos arreglaba el césped del jardín, y se metió en la conversación.

–Perdone, patrón; ¿Dice que le cobran 700 pesos por pintar la botella?

–Sí, 700 pesos.

– ¡No, patrón! ¡Eso es carísimo! Yo le puedo hacer el trabajo por 300 pesos.

– ¿Por 300 pesos? ¿Estás seguro?

– ¡Claro! Con pintura y todo.

–Pero… ¿Sabes hacerlo?

–Sí, patrón. Yo trabajé con un señor que pintaba los anuncios de los bailes en las paredes de las calles. Yo le sé a eso.

No muy convencido, el empresario intercambiaba miradas con mi padre como diciendo: “¿Qué hago?” 

Por fin se decidió y le dijo al muchacho.

–Está bien. Píntala tú, y si me gusta cómo lo haces te doy 400 pesos.

– ¡Cuente con ello, patrón!

Nuestro entusiasta ‘rotulista’ se frotaba las manos pensando: “cuando mucho se van 150 pesos de pintura. Si lo hago bien, ¡ya me gané 250 pesos!” 

Hay que decir que en aquellos años nuestro personaje ganaba, en los buenos días, no más de 60 pesos por semana

Don Nazario se regresó a su residencia en Saltillo, Coah., donde tenía establecida otra empresa vinícola, en la que se embotellaba el brandy Club 45.

Pasaron dos o tres semanas y el empresario volvió a Aguascalientes y desde luego, lo primero que llamó su atención fue que la botella en cuestión estaba tal y como la había dejado.

Muy molesto mandó llamar al joven que se había comprometido al repintado, y le espetó:

–¿Qué pasó con ese trabajo? ¿No que tú lo ibas a hacer?

–Sí patrón, pero es que… ¡todavía no bajan la botella!

Y no la bajaron hasta hace unos meses, cuando se eligió ese lugar para establecer un centro educativo.

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

error: Content is protected !!