El «No grupo»: aproximación a una red intelectual y cívica tapatía (1992-2026)
Al irrumpir en escena en 1994 el neozapatismo respondió al llamado de la denominada Sociedad Civil. Al principio era indiscriminada. Pero pronto se pudo dar cuenta de que había una sociedad civil de los de arriba y otra, muy diferente, la sociedad civil de los de abajo. Tratando de rescatar la memoria de una parte de esta sociedad civil de abajo, consideramos que el llamado NO Grupo tapatío ha sido fiel a las exigencias vitales de ese tipo de sociedad civil de los márgenes y cuidando de expresarse coherentemente desde instancias de abajo. Va un avance de lo que se ha visto grupalmente que ha sido este colectivo así denominado.
El «No grupo»: aproximación a una red intelectual y cívica tapatía (1992-2026)
(Aproximación elaborada con apoyo de inteligencia artificial a partir de documentos internos del grupo, de la tesis de maestría de Jorge Narro Monroy -ITESO, 2004-, del cuaderno académico del ITESO núm. 27 de 1996, y de las aportaciones de Enrique Valencia, Jorge Alonso y Miguel Bazdresch)
1. Origen y autodenominación
El No grupo tiene antecedentes organizados que se remontan al menos a 1992, cuando un núcleo de investigadores de la Universidad de Guadalajara, el ITESO y el CIESAS Occidente, junto con trabajadores de organismos no gubernamentales, confluyó en torno a la necesidad de producir análisis coyuntural independiente. Esa trayectoria colectiva pasó por varios nombres y formatos antes de cristalizar como «No grupo» en 2005, fecha en que se abrió el Google Group que funcionó como plataforma de comunicación durante dos décadas. En 2026, tras veintiún años de correo electrónico colectivo, el canal migra a WhatsApp.
La autodenominación es paradójica y deliberada: «no grupo» expresa la voluntad de operar sin estatutos, sin jerarquías formales ni membresía institucional. Sus integrantes se llaman entre sí «nogruperos» y «nogruperas», denominación que refuerza el tono de comunidad afectiva antes que el de organización política. Ese archivo acumuló más de 6,000 documentos, cifra que da cuenta de la densidad y continuidad del trabajo colectivo.
2. Una coincidencia de nombre sin relación orgánica
Jorge Alonso identificó, al buscar referencias del grupo en la web, que existe un antecedente homónimo sin ningún vínculo con el tapatío. El No-Grupo artístico (activo aproximadamente entre 1977 y 1983, Ciudad de México) fue un colectivo de arte conceptual y feminista integrado por Maris Bustamante, Mónica Mayer y Herminia Dosal, constituido en 1977 como taller de discusión colectiva de proyectos. Su relevancia es reconocida en la historiografía del arte contemporáneo mexicano y se estudia, entre otros espacios académicos, en el CUAAD de la Universidad de Guadalajara. La coincidencia de nombre es casual: los separan casi tres décadas, una geografía distinta y campos de acción sin solapamiento.
3. Composición identificable
Primera etapa (circa 1995-2005)
Enrique Valencia, uno de los integrantes con memoria más larga del grupo, recuerda una composición notablemente más amplia y plural que la que documenta el texto de noviembre de 2016. En esa primera etapa participaron, al menos: Jorge Narro (promotor central desde el CIFS del ITESO), Joaquín Osorio Goicoechea y Rigoberto Gallardo (también del CIFS-ITESO, y en algunos momentos promotores centrales), Miguel Bazdresch (ITESO), José Bautista (ITESO y Poder Ciudadano Jalisco), Guillermo Díaz (ITESO), Jorge Alonso (CIESAS Occidente), Gabriel Torres (CIESAS Occidente), Jaime Preciado (UdeG), Isabel Blanco (UdeG), María Marván (UdeG), Jorge Regalado (UdeG), Juan Manuel Ramírez Sáiz (UdeG), Carlos Núñez (IMDEC), Daniel Ponce y Óscar Ramos (IMDEC), Sergio René de Dios (periodista), Rubén Martín (periodista), Guillermo Cervantes (empresario), Alfonso González Velasco (empresario) y el propio Valencia. En algunos momentos participó también Rossana Reguillo (ITESO). El mismo Valencia advierte que la lista está incompleta: «Faltan más.»
Este perfil revela una composición interinstitucional muy deliberada: el ITESO, la UdeG, el CIESAS Occidente, el IMDEC, el periodismo independiente y el sector empresarial crítico se articulaban en un mismo espacio de análisis. Esa pluralidad no era ornamental: tenía consecuencias metodológicas, pues cada participante traía marcos de referencia y fuentes de información distintas.
Segunda etapa: el texto de 2016 como instantánea de una composición consolidada
El documento «NO-GRUPO CHIHUAHUA» (noviembre de 2016), el texto más antiguo del corpus accesible, firma con trece nombres: Enrique Valencia, Francisco Morfín, Isabel Blanco, Isabel Sepúlveda, Jaime Preciado, Joaquín Osorio, Jorge Alonso, Jorge Rocha, José Bautista, Miguel Bazdresch, Paola Lazo, Rubén Alonso y Augusto Chacón. Varios nombres presentes en la primera etapa no aparecen en este listado -lo que confirma la rotación natural de participantes a lo largo de una década-, mientras que Augusto Chacón emerge como figura de continuidad. Su papel, según Jorge Alonso, va más allá de la coordinación logística: ha sido el gran dinamizador, promotor y cuidador de la marcha del grupo a lo largo de su historia.
El grupo no ha marginado a nadie y es respetuoso de las opiniones y actividades de cada participante. La salida de algunos integrantes obedece a decisiones propias o a cambios de vida, no a rupturas impuestas. El caricaturista Manuel Falcón, por ejemplo, dejó de participar por su propia cuenta; el grupo le reconoce su gran capacidad crítica de todos los políticos, y en la FIL de finales de 2026 se le otorgará la estatuilla La Catrina.
Invitados al diálogo con el grupo
Una práctica que revela la proyección pública del grupo fue la invitación periódica de actores políticos y sociales para dialogar directamente. Enrique Valencia recuerda, entre otros: el gobernador Alberto Cárdenas; José Levy, secretario de Finanzas de Jalisco; Jorge López Vergara, procurador de justicia del estado; Guadalupe Morfín, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Jalisco; Alberto Aziz Nassif, investigador del CIESAS México; Guillermo Valdés, de la encuestadora Grupo de Economistas Asociados (GEA); y Sergio Rosales Wybo, de la familia propietaria de Verde Valle. Que una empresa familiar jalisciense y funcionarios de gobierno aceptaran confrontar sus posiciones ante ese foro plural da cuenta de la legitimidad que el grupo había construido.
La visita más emblemática fue la de una delegación zapatista en gira nacional. La reunión se realizó en el University Club de Guadalajara, y Rigoberto Gallardo coordinó el encuentro. Según el recuerdo de Valencia, la delegación era de cuatro personas que llegaron encapuchadas, como es el uso zapatista. La duda sobre cómo respondería la gerencia del club ante la presencia de los delegados se resolvió de forma inesperada: a los pocos minutos de iniciada la sesión, un mesero llegó con un radio y solicitó que el coordinador tomara una llamada de la gerencia. La llamada no era una queja sino una solicitud: un directivo del club pedía autorización para entrar a la reunión. Ingresó, tomó la palabra brevemente para dar la bienvenida a los zapatistas, declaró que eran «un orgullo para el país», se despidió y agradeció la oportunidad. Ese episodio mostró el carácter plural del grupo y la amplitud social de las simpatías que el movimiento zapatista suscitaba en Guadalajara en esos años.
4. Modalidad de funcionamiento
El grupo opera mediante tres mecanismos complementarios. El primero es el intercambio asíncrono de análisis, noticias y documentos: por correo electrónico durante dos décadas, por WhatsApp desde 2026. El segundo son los desayunos periódicos presenciales -documentados en enero de 2025 y en la convocatoria de enero de 2026 en el Clavigero- que funcionan como espacio de deliberación cara a cara. El tercero es la convocatoria ocasional de interlocutores externos, práctica que combina la función de interpelación pública con la de actualización del grupo.
La crítica a todos los partidos políticos es un rasgo definitorio y no ocasional. El grupo ha estado atento a los problemas sociales de Jalisco y de México desde antes de su formalización en 2005, y el seguimiento electoral ha sido una de sus prácticas centrales: el año 2006 -con la elección presidencial disputada entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador y la crisis política que siguió al resultado oficial- constituye uno de los momentos de mayor intensidad documental del archivo.
5. Lugar en el campo intelectual tapatío
El No grupo es un ejemplo de lo que podría llamarse red de interpelación cívica: un espacio de análisis colectivo e intervención puntual que no aspira a ser partido, ONG ni think tank. Su eficacia no reside en la incidencia institucional directa sino en la elaboración compartida de marcos interpretativos y en la densificación de redes de confianza entre personas con trayectorias diversas y afinidades políticas convergentes.
Veintiún años de continuidad, sin recursos propios, sin sede y sin personería jurídica, constituyen por sí mismos un dato sociológicamente relevante sobre la vitalidad de ciertos lazos intelectuales en Guadalajara. El peso afectivo que sostiene esa continuidad queda de manifiesto en el duelo colectivo por la muerte de Francisco «Paco» Morfín en junio de 2024: se le describió como figura de «sensibilidad, humor negro, generosidad y convicción por las causas justas».
6. Antecedentes: el largo camino hacia el No grupo (1992-2005)
El No grupo no surgió en el vacío. Puede trazarse una genealogía que parte de 1992 y atraviesa tres formaciones organizativas sucesivas, cada una heredera de la anterior.
El Foro Académico (1992-1993)
A principios de 1992, investigadores de la UdeG, el ITESO y el CIESAS Occidente, a quienes se sumaron trabajadores de organismos no gubernamentales, formaron un colectivo cuyo propósito era «expresar públicamente opiniones calificadas e independientes respecto a asuntos de relevancia local y nacional», según recoge la tesis de maestría de Jorge Narro Monroy (ITESO, 2004). Uno de sus fundadores lo definió con mayor precisión: «se trataba de formar un grupo de opinión que sirviera de contrapeso al oficialismo desaforado de aquella época y a la prensa tendenciosa vinculada a él.»
El contexto de urgencia era evidente. El 22 de abril de 1992, una serie de explosiones en la red de drenaje del barrio de Analco -provocadas por infiltración de gasolina de Pemex- mató a alrededor de 252 personas según cifras oficiales y destruyó varios kilómetros del eje Gante-Washington. El manejo del desastre por parte del gobernador Guillermo Cosío Vidaurri generó una intensa movilización ciudadana. El Foro Académico realizó cuatro acciones documentadas: co-organizó el Primer Foro Cívico Sociedad y Gobierno (19 de marzo de 1992), antes de las explosiones, para analizar el Tercer Informe de Cosío Vidaurri; produjo la serie radiofónica «Guadalajara presente» (diez programas sobre el 22 de abril, en Radio Universidad de Guadalajara y Radio Educación); coordinó el libro colectivo «¿Quién nos hubiera dicho?» sobre las explosiones; y generó una cantidad considerable de artículos en revistas y diarios locales, nacionales e internacionales. Se disolvió en 1993.
Entre sus miembros identificados por la tesis de Narro figuran la politóloga María Eugenia de Alba, el urbanista Daniel Vázquez y el sociólogo Fernando M. González. Jorge Alonso es citado por Rossana Reguillo como testigo directo del despertar ciudadano que el 22 de abril produjo en Guadalajara. Rossana, desgraciadamente ya no está con nosotros desde el 25 de abril de 2026.
El Movimiento Ciudadano Jalisciense como bisagra (1992-1995)
El Movimiento Ciudadano Jalisciense (MCJ, octubre de 1992 – principios de 1995) reunió, entre sus 63 firmantes constitutivos, a una parte sustancial del núcleo académico que luego integraría el Grupo plural: Juan Manuel Ramírez Sáiz, Laura Patricia Romero, Manuel Rodríguez Lapuente, Jorge Regalado y Jaime Preciado (UdeG); Rossana Reguillo y Miguel Bazdresch (ITESO); Jorge Alonso (CIESAS Occidente). La tesis de Narro documenta que la tensión interna entre «académicos» -que priorizaban el trabajo de opinión pública- y «militantes» -que preferían el trabajo de base- se resolvió con la salida silenciosa de los primeros. Ese desplazamiento es el momento en que el núcleo académico se reagrupó en un espacio más específicamente analítico.
El Grupo plural de seguimiento de la coyuntura (circa 1995-2005)
El nombre exacto del grupo que precede directamente al No grupo queda registrado en la tesis de Narro, en una glosa que el propio autor añade a una cita de Jorge Alonso: «Seguramente Jorge pensaba en el Grupo plural de seguimiento de la coyuntura, en Voces unidas contra la violencia, en el grupo promotor del Pacto Ético Político, en el grupo que animó el surgimiento de Poder Ciudadano Jalisco…» Esa mención lo sitúa en una genealogía de organizaciones cívicas tapatías, como eslabón entre la disolución del MCJ y la fundación del No grupo.
Hay evidencia documental de esa práctica analítica ya en 1996. El cuaderno núm. 27 de la serie de divulgación académica del ITESO, titulado «La coyuntura mexicana actual: Momento de definición» e impreso en abril de ese año en 500 ejemplares, lleva la firma conjunta de Jorge A. Narro Monroy y Enrique Valencia Lomelí. El texto analiza en paralelo la crisis del sistema político -desde el desgaste del PRI hasta el zapatismo y la emergencia de la sociedad civil- y la crisis económica posterior a la devaluación de diciembre de 1994, con datos precisos sobre desempleo, déficit externo, salarios y deuda. Es exactamente el tipo de análisis coyuntural independiente, con anclaje académico y orientación cívica, que define al No grupo. El cuaderno cita además el libro de Jorge Alonso «El cambio en Jalisco; las elecciones de 1994 y 1995» (CEEJ/UdeG/Ciesas, 1995), lo que confirma que el vínculo entre el CIFS-ITESO y el CIESAS-UdeG era operativo desde esa fecha. La contraportada precisa que Valencia era simultáneamente jefe de la Coordinación de Investigación Social del CIFS en el ITESO y director del Observatorio Social del CUCSH-UdeG: un perfil de doble anclaje institucional que explica la composición interinstitucional del grupo.
La evidencia más directa de que ese trabajo tenía metodología deliberada aparece en la introducción al libro «La acuitada coyuntura mexicana» (UdeG, 2006, coordinado por Alonso), donde se describe que los participantes «desde el principio nos propusimos elaborar un libro colectivo sobre la coyuntura mexicana y jalisciense», formaron «siete grupos de investigación» y cada uno «iba exponiendo sus avances y recibía la retroalimentación de los otros grupos». Esa mecánica -presentación, retroalimentación colectiva, síntesis publicada- es la de un grupo con práctica acumulada. Entre los convocados en 2006 figuran Alberto Aziz, Jaime Preciado, Marcos Pablo Moloeznik, Jorge Regalado, Carlos Mercado, Enrique Valencia y el periodista Rubén Martín: varios son figuras que Valencia ubica en la primera etapa del grupo.
El CV de Jorge Alonso registra para el período 1993-1995 una cadena de libros de análisis electoral con pies de imprenta que combinan CIESAS, UdeG y el Consejo Estatal Electoral, lo que confirma la existencia de una red interinstitucional activa mucho antes de 2005.
7. Lo que falta por precisar
No puede confirmarse con los documentos disponibles: la fecha exacta de constitución del Grupo plural, su composición nominal completa en cada etapa, si produjo documentos escritos propios más allá del cuaderno de 1996 o funcionó principalmente como espacio de debate oral, y la relación precisa entre ese grupo y la decisión de abrir el Google Group en 2005. Tampoco hay rastro público de actas o pronunciamientos colectivos del período 1995-2004. Los interlocutores más directos para seguir reconstruyendo esa memoria son Jorge Alonso, Jaime Preciado, Jorge Regalado Santillán y Alberto Aziz Nassif. Una búsqueda en los archivos de la revista «Espiral. Estudios sobre Estado y Sociedad» (CUCSH-UdeG) y en la hemeroteca de los periódicos Siglo 21 y Público podría aportar referencias adicionales.
8. La elección de 2006 y la impugnación del fraude calderonista
El año 2006 concentra, según señala el propio texto del No grupo, el mayor volumen documental de toda su historia. Esa densidad no es azarosa: la elección presidencial del 2 de julio enfrentó a Felipe Calderón Hinojosa (PAN) con Andrés Manuel López Obrador (Coalición por el Bien de Todos) con un resultado oficial que el grupo trató desde el principio como una crisis de legitimidad del sistema electoral, no como una irregularidad técnica subsanable. El Instituto Federal Electoral, bajo la presidencia de Luis Carlos Ugalde, certificó una diferencia de alrededor de 234,000 votos -0.56 puntos porcentuales sobre un padrón de 71.3 millones de ciudadanos registrados-, la más estrecha en la historia electoral competitiva del país hasta entonces. La demanda de recuento «voto por voto, casilla por casilla» fue rechazada por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE), que el 5 de septiembre de 2006 anuló cómputos en apenas 11,839 casillas -menos del 9 por ciento del total- y validó la victoria de Calderón. El propio TRIFE reconoció en su resolución que la campaña negativa impulsada desde la presidencia de Vicente Fox y el uso indebido de recursos del Estado habían violado la ley, pero no anuló la elección: declaró el proceso «inequitativo» sin extraer de esa calificación la consecuencia jurídica que los impugnantes exigían.
El marco interpretativo que el No grupo desplegó distinguió dos problemas superpuestos pero no idénticos. El primero era la inequidad estructural de la competencia: el diferencial de recursos, el papel de los medios -en particular Televisa y TV Azteca, cuya cobertura favoreció consistentemente a Calderón según análisis de contenido de la época- y la intervención presidencial configuraban un terreno de juego inclinado antes de que se abrieran las urnas. El segundo era el diseño institucional del IFE y el TRIFE: organismos cuya composición y procedimientos resultaban insuficientes para garantizar transparencia ante un resultado de esa estrechez. El grupo contaba para ese análisis con la experiencia acumulada de sus integrantes en el seguimiento electoral desde 1994: Jorge Alonso había publicado análisis sobre las elecciones de ese año y las de 1995 en Jalisco; integrantes como Jaime Preciado y Alberto Aziz Nassif tenían trayectorias documentadas en politología electoral; Rubén Martín y Sergio René de Dios aportaban seguimiento periodístico inmediato.
El libro colectivo «La acuitada coyuntura mexicana» (UdeG, 2006), coordinado por Jorge Alonso con contribuciones de Aziz Nassif, Preciado, Enrique Valencia, Marcos Pablo Moloeznik y Rubén Martín -figuras ubicadas en el núcleo del No grupo-, es el testimonio escrito más directo de ese esfuerzo analítico. Producido en siete grupos de investigación con retroalimentación cruzada entre participantes, el volumen aborda en paralelo la crisis de legitimidad electoral y sus consecuencias políticas inmediatas: el campamento en el Paseo de la Reforma y la Convención Nacional Democrática convocada por López Obrador, la recomposición de las fuerzas parlamentarias, y la emergencia simultánea de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), que el grupo trató como fenómeno propio y no como mero corolario de la contienda presidencial. El calificativo «fraude» -que el grupo empleó con precisión conceptual antes que como consigna- describía no solo la posible manipulación de actas sino el conjunto del proceso: un dispositivo institucional diseñado para que el cuestionamiento del resultado careciera de mecanismos efectivos de resolución.
9. La imposición de Peña Nieto y el retorno del priismo renovado (2012)
La elección presidencial del 1 de julio de 2012 reintrodujo en el análisis del No grupo una pregunta que el grupo venía formulando desde los años noventa: la de los mecanismos mediante los cuales las élites mexicanas reconstituyen su dominación cuando la perciben amenazada. Enrique Peña Nieto obtuvo el 38.21 por ciento de los votos frente al 25.61 de López Obrador y el 25.41 de Josefina Vázquez Mota, con una ventaja absoluta de poco más de 3.3 millones de votos. El PRI regresaba al ejecutivo federal luego de doce años de alternancia panista, pero con una imagen renovada y una estrategia comunicacional que era cualquier cosa menos espontánea.
Lo que el grupo analizó no fue solo el resultado sino el proceso que lo hizo posible. El papel de Televisa en la construcción mediática de Peña Nieto desde su gubernatura en el Estado de México -documentado con rigor por el periodista Jenaro Villamizar en su libro «Crónica de una infamia» (2013) y por investigaciones de la organización ARTICLE 19- constituyó un eje central de discusión: la diferencia entre cobertura y fabricación de un candidato era la pregunta que el grupo se planteaba. La denuncia de compra de votos mediante tarjetas Monex, presentada ante el TRIFE con documentación bancaria que acreditaba transferencias por 56 millones de pesos a través de una cadena de empresas fachada, fue desestimada por el tribunal sin un análisis exhaustivo de la trazabilidad financiera. El No grupo trató ambas líneas -el «Telebancazo» y el Monexgate- no como conspiraciones sin sustento sino como síntomas de una reconfiguración del poder que combinaba instrumentos viejos con tecnologías nuevas de clientelismo y saturación mediática.
El movimiento #YoSoy132, surgido el 11 de mayo de 2012 a partir de la protesta de estudiantes de la Universidad Iberoamericana contra la visita de Peña Nieto a su campus, representó para el grupo un fenómeno de sociedad civil que merecía análisis propio. La velocidad de su autoorganización, su irradiación desde una universidad privada hacia el sistema público y la apropiación creativa de redes sociales como plataforma política eran datos que el grupo procesó con el mismo instrumental con que había seguido el zapatismo dieciocho años antes: como expresión de una sociedad civil de abajo capaz de irrumpir donde el sistema político no dejaba rendija. El «Pacto por México», suscrito el 2 de diciembre de 2012 entre Peña Nieto, el PAN y el PRD, fue sometido al mismo escrutinio: un acuerdo de cúpulas que presentaba reformas estructurales en educación, energía y telecomunicaciones como modernización democratizadora, pero que el grupo identificó como profundización del modelo privatizador bajo un envoltorio retórico diferente. La reforma educativa de 2013, que sustituyó evaluación docente por evaluación punitiva sin alterar la estructura de financiamiento ni el currículo, fue uno de los casos que el grupo analizó con mayor detención, dado el peso que varios de sus integrantes tenían en el campo universitario.
10. Ayotzinapa: la desaparición forzada como síntoma estructural (2014)
La noche del 26 al 27 de septiembre de 2014, 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural «Raúl Isidro Burgos» de Ayotzinapa, Guerrero, fueron desaparecidos por fuerzas policiales municipales de Iguala en coordinación con el grupo criminal Guerreros Unidos. Para el No grupo, el hecho no fue desde el principio un episodio de violencia localizada atribuible a la particularidad de un municipio corrupto: fue tratado como un nudo que ponía en evidencia la articulación sistemática entre criminalidad organizada, poder político y tolerancia activa del Estado en sus distintos niveles.
La «verdad histórica» anunciada por el entonces Procurador General Jesús Murillo Karam el 27 de enero de 2015 -que los estudiantes habían sido incinerados en el basurero de Cocula y sus restos arrojados al río San Juan- fue sometida a escrutinio inmediato por el grupo. El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), integrado por mandato de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y presidido por Carlos Beristain, presentó en septiembre de 2015 y abril de 2016 dos informes que desacreditaron esa versión con evidencia pericial forense, testimonial y de análisis de contexto. Los expertos demostraron que las condiciones físicas del basurero hacían imposible la incineración masiva que Murillo Karam describió, e identificaron que al menos 17 estudiantes permanecieron vivos hasta después de las primeras horas. El No grupo siguió ambos informes del GIEI con la atención que su seriedad metodológica merecía, y su posición fue consistente con la de los familiares y los expertos: la verdad histórica era una construcción fabricada para cerrar un caso cuya resolución implicaba actores del Estado más allá del nivel municipal.
El análisis del grupo incorporó la dimensión de continuidad estructural: Ayotzinapa no era un fenómeno del sexenio de Peña Nieto solamente, sino la emergencia visible de un patrón de desaparición forzada con complicidad estatal que tenía antecedentes documentados en varias administraciones y que persistiría, con variaciones, en las siguientes. La implicación del entonces director de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón -quien manipuló la escena del crimen y sometió a tortura a testigos según el segundo informe del GIEI, y quien posteriormente huyó a Israel antes de ser formalmente imputado- señalaba la penetración del encubrimiento hasta niveles federales. La exigencia de apertura de los archivos militares, demanda central de los padres y madres de los 43, fue igualmente central en el análisis del No grupo: la negativa del Ejército a proporcionar información sobre su actividad esa noche en el 27 Batallón de Infantería con sede en Iguala constituyó, para el grupo, el núcleo duro del obstáculo estructural a la verdad, un obstáculo que no desapareció con el cambio de administración en 2018.
11. La 4T: retórica anticapitalista y continuidad extractivista (2018-2024)
La victoria de Andrés Manuel López Obrador el 1 de julio de 2018 -con el 53.19 por ciento de los votos sobre un padrón de 89.3 millones de electores, la mayoría más amplia obtenida por un candidato presidencial mexicano en elecciones competitivas desde 1982- fue recibida por el No grupo con una atención analítica que combinó el reconocimiento del cambio político con el escrutinio sostenido de sus límites estructurales. La pregunta que el grupo se planteó no fue si había habido alternancia -era evidente que la había-, sino si esa alternancia implicaba ruptura con el modelo económico que el grupo venía cuestionando desde el análisis del TLCAN en los años noventa.
El análisis del No grupo identificó, a lo largo del sexenio, una tensión constitutiva entre el discurso de la Cuarta Transformación -que invocaba el fin del neoliberalismo, la soberanía energética y el bienestar de los de abajo- y la lógica de los megaproyectos de infraestructura que definieron la política de inversión pública. El Tren Maya, proyectado para recorrer 1,554 kilómetros a través de cinco estados del sureste con un presupuesto inicial estimado en 120,000 millones de pesos que según diversas estimaciones se multiplicó al triple o más, avanzó sobre territorios mayas sin cumplir los estándares de consulta libre, previa e informada establecidos en el Convenio 169 de la OIT. El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, con sus diez Polos de Desarrollo para el Bienestar distribuidos entre Oaxaca y Veracruz, reproducía la lógica de los corredores de exportación que el grupo había analizado críticamente cuando se discutía el Plan Puebla-Panamá en los primeros años del siglo. La refinería Dos Bocas en Tabasco, cuya puesta en operación fue anunciada con pompa el 1 de julio de 2022 con un presupuesto original de 8,000 millones de dólares ya entonces ampliamente rebasado, acumuló sobrecostos documentados y retrasos que contradecían tanto la narrativa de eficiencia gubernamental como la de independencia energética.
La crítica del No grupo no fue la de una oposición liberal al proyecto: no partió de objeciones al intervencionismo estatal ni al gasto público social, sino de la constatación de que los megaproyectos reproducían el extractivismo neoliberal con un cambio parcial de beneficiarios y una retórica sustancialmente diferente. La categoría analítica de «neoextractivismo progresista» -elaborada por la socióloga argentina Maristella Svampa a lo largo de una serie de trabajos entre los que destaca «Maldesarrollo: La Argentina del extractivismo y el despojo» (Katz, 2014, con Enrique Viale) y sus ensayos posteriores sobre América Latina- resultó pertinente para el análisis de la 4T, y varios integrantes del grupo la incorporaron a su marco interpretativo. La premisa central de esa categoría -que los gobiernos de orientación popular en la región tendieron a financiar redistribución social con renta extractiva sin cuestionar el modelo primario-exportador- describía con precisión el dispositivo de la 4T: programas sociales como Sembrando Vida o Jóvenes Construyendo el Futuro financiados en buena medida por la renta petrolera y por la expansión de actividades mineras y agroindustriales que el gobierno no cuestionó.
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional ofreció la crítica más documentada y sostenida de esa contradicción. Desde los comunicados de 2019 y la gira «La Travesía por la Vida» de 2021, el EZLN denunció el avance del Tren Maya sobre territorios autónomos y la aceleración del despojo en el sureste bajo el gobierno de López Obrador. El No grupo siguió esa posición con la misma atención analítica que había prestado al neozapatismo desde 1994: la coherencia del EZLN como interlocutor crítico de todos los partidos y administraciones era, para el grupo, un rasgo definitorio del movimiento que no debía perderse de vista cuando el conjunto de la izquierda electoral optaba por el alineamiento acrítico con el proyecto presidencial. La elección del 2 de junio de 2024, en que Claudia Sheinbaum obtuvo el 59.36 por ciento de los votos -la mayor proporción certificada en la historia electoral competitiva de México-, fue analizada por el grupo no como simple continuidad sino como reconfiguración: el proyecto se perpetuaba con un perfil técnico distinto, pero los megaproyectos, la militarización de la seguridad pública y la lógica extractivista del desarrollo permanecían como ejes estructurales sin revisión.
12. El No grupo en el umbral de la migración tecnológica (2025-2026)
Los documentos del Google Group correspondientes a noviembre de 2025 y enero de 2026 -el período final antes de la migración a WhatsApp- permiten observar al No grupo en un momento de transición que no interrumpe sino que confirma sus rasgos constitutivos. El identificador de la lista, lucemcivitas@googlegroups.com, condensa en dos palabras latinas la orientación que el grupo se ha reconocido desde sus antecedentes de los años noventa: luz y ciudad, análisis crítico e intervención cívica local. La plataforma acumuló durante dos décadas más de 6,000 documentos antes de ceder paso a un canal de mensajería inmediata.
El papel coordinador de Miguel Bazdresch sigue siendo el mismo que Jorge Alonso le atribuye en la historia larga del grupo. En su propuesta de noviembre de 2025, Bazdresch ofrece cuatro fechas posibles para reuniones en enero, consulta disponibilidades y cierra con una frase que encapsula el tono afectivo del colectivo: «Sean felices tal y como nuestro querido gobierno de 4a está…» La ironía funciona como modo compartido de procesar la decepción política sin recaer en la denuncia moral unidimensional. La reunión del lunes 20 de enero de 2026 en el Clavigero queda documentada en la convocatoria y confirmada por el intercambio entre Bautista y Alonso tres días antes: José Bautista escribe desde el ITESO que difundirá los libros de la Cátedra, y el tono rutinario del mensaje acredita que la articulación entre el trabajo editorial de Alonso y la red del No grupo tiene carácter cotidiano.
El análisis que Jorge Alonso elabora -con apoyo de inteligencia artificial, según lo indica el propio documento- sobre el florilegio de la Cátedra Jorge Alonso actualizado a enero de 2026 es, en sí mismo, un producto característico del grupo: texto de evaluación interna que circula por la lista como material de discusión antes que como publicación destinada al exterior. La Cátedra acumula entonces 94 libros publicados en poco más de una década, con más de seis millones de descargas en el catálogo completo y títulos individuales que superan el millón de lecturas en plataformas abiertas. El análisis identifica tres aportes centrales del conjunto: epistemológico -la crítica a los enfoques extractivistas del conocimiento, con etnografías de más de diez años de trabajo de campo-; político-conceptual -la renovación de categorías como autonomía, comunalidad e internacionalismo crítico, con la colección Al Faro Zapatista como uno de los esfuerzos más sistemáticos a escala mundial para documentar una experiencia política desde múltiples geografías-; y metodológico-narrativo, con el reconocimiento de la crónica, el testimonio y la escritura colectiva como formas legítimas de producción académica. Que este texto circule internamente antes de publicarse revela el funcionamiento del No grupo como laboratorio de primera lectura y retroalimentación: la red precede y sostiene la producción individual.
El borrador de pronunciamiento colectivo que el propio Alonso somete a la lista en ese mismo período es el documento que expresa con mayor nitidez la posición política del grupo en el momento actual. El texto distingue, con la precisión analítica que caracteriza la producción del colectivo, tres escalas superpuestas: la global, donde el avance de liderazgos personalistas que apelan al miedo y la descalificación de contrapesos institucionales -con Donald Trump como referente explícito- configura una reconfiguración del poder político en contexto de crisis económica, tecnológica y ecológica; la nacional, donde la dependencia estructural de México respecto de Estados Unidos y las debilidades institucionales internas -desigualdad persistente, impunidad, criminalización territorial- crean el riesgo de que la agenda de seguridad desplace la de derechos; y la local, donde las denuncias sobre alcaldes jaliscienses coludidos con redes del narcotráfico revelan lo que el borrador llama «circuitos de complicidad» que someten a comunidades enteras a lógicas de miedo. La conclusión del borrador rechaza quedarse en la denuncia moral y exige fortalecer mecanismos de control democrático y reconstruir espacios de deliberación colectiva: una posición coherente con la que el grupo ha sostenido desde su crítica al fraude calderonista de 2006 y su análisis de la 4T.
La intervención de José Rubén Alonso González sobre la extinción del Instituto de Transparencia e Información Pública de Jalisco (ITEI) y el proceso de aprobación de una nueva Ley de Transparencia estatal añade una dimensión institucional precisa al análisis de lo local. La reforma constitucional impulsada desde el gobierno federal redujo el margen de las entidades federativas en materia de transparencia; Jalisco procesó esa restricción mediante una nueva ley que, según la lectura del No grupo, recuperó al menos parcialmente la participación ciudadana que la federación excluyó de su propio marco normativo. El llamado de Rubén Alonso a suscribir el pronunciamiento ciudadano que acompañó ese proceso -con adhesiones individuales desde el mismo domingo 30 de noviembre de 2025- es la forma concreta que adoptó la intervención cívica del grupo en esa coyuntura.
El conjunto de estos documentos confirma que, en su cuarta década de existencia, el No grupo mantiene intactas las tres funciones que definen su lugar en el campo intelectual tapatío: producción de análisis coyuntural independiente con anclaje académico riguroso, interpelación a los poderes públicos locales desde una posición que rehúye tanto la denuncia fácil como la cooptación institucional, y sostenimiento de una red de confianza entre personas con trayectorias diversas. La migración del correo electrónico al WhatsApp es un cambio de soporte, no de lógica colectiva.

