La importancia de la ciencia en la toma de decisiones. Una nueva y necesaria Secretaría.

La importancia de la ciencia en la toma de decisiones. Una nueva y necesaria Secretaría.

El anuncio en días pasados de parte del gabinete de la virtual presidente electa ha sido recibido en general con buenos comentarios, particularmente sobre el profesionalismo y capacidad de los nombrados, lo cual muestra que más allá de las diferencias pueden existir acuerdos cuando se muestran prácticas políticas que pueden beneficiar al país. Frente a la idea de que era preferible el “90% de lealtad y el 10% de capacidad” en la administración, los actuales nombramientos muestran que es posible gobernar sin falsas dicotomías, a partir de mujeres y hombres con experiencia mostrada en el área a la que fueron designados. El gesto de nombrar a Marcelo Ebrard como Secretario de Economía muestra, además, la posibilidad de diálogo con quienes fueron opositores, reconociendo además la importancia de un interlocutor necesario en la renovación del Tratado de libre comercio. Destaca en particular la fundación de una nueva Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación en un momento en que la “comunidad científica” desafortunadamente se encuentra dividida. No tanto por razones ideológicas, como pensarían algunos favorables a una ciencia popular o bien neoliberal, sino fundamentalmente por la manera en que se han establecido las relaciones con los actores principales de la investigación científica.

El doctor Antonio Lazcano Araujo, que ha sido una de las figuras centrales en la crítica a la actual administración, ha planteado algunas dudas respecto a la transformación del Conahcyt en Secretaría. Particularmente por la versatilidad administrativa que ofrecía el ser un Organismo público descentralizado, por ejemplo para la creación de fideicomisos y presupuestos multianuales, pero sobre todo por la idea de que un Consejo parte necesariamente de la consulta a la comunidad científica, y de la posibilidad de que ésta participe activamente en las diferentes políticas establecidas. El tema es contradictorio, ya que la cerrazón de la directora actual para dialogar con ciertos grupos de científicos muestra que de Consejo de alguna manera colegiado poco queda. Es decir que, más allá de la figura administrativa, depende de la apertura e inclusión que la propia institución y su titular puedan mostrar ante los actores involucrados.

En este sentido, la creación de la nueva Secretaría es un gran acierto, porque a nivel federal se requieren establecer nuevas políticas que puedan impulsar proyectos favorables a la resolución de los “grandes problemas nacionales”, tema en el que coincido que es necesario debatir y reflexionar. De ahí que se puedan establecer claras directrices en la materia, ya que una de las cuestiones que ha caracterizado a la llamada “comunidad científica” es el predominio de trabajos individuales, frente a la cada vez mayor necesidad de trabajos inter y transdisciplinarios. Y en esto también va una autocrítica, ya que como parte de la comunidad científica y miembro del SNII, poco hemos fomentado el trabajo en equipo precisamente para contribuir desde la investigación a enfrentar con mayor claridad algunas problemáticas a nivel local y nacional.

La Dra. Rosaura Ruiz nombrada titular de la nueva Secretaría ha mostrado una disposición al diálogo que es fundamental, además de que es una científica destacada con experiencia en el ramo (ocupó un puesto similar en la Ciudad de México), por lo que algunas de sus opiniones después de su nombramiento son pertinentes ya que pueden marcar de entrada una nueva política. Por ejemplo, que la ciencia es ciencia y no requiere de calificativos (de neoliberal o popular), y que esta nueva Secretaría va a realizar un trabajo transversal con otras dependencias, para que la ciencia y la innovación puedan permear las decisiones en los diferentes campos de la administración pública. En áreas como la salud, el medio ambiente, la agricultura, en fin, la economía, es importante que el propio gobierno pueda aprovechar el talento y la innovación que puedan aportar los científicos. Ciertamente no comentó mucho sobre la participación de la iniciativa privada, la famosa “vinculación” inexistente en el país, pero existe la oportunidad de plantear políticas y normas más claras para que el sector privado pueda incorporarse a este nuevo esfuerzo en la materia.

Al respecto habría que señalar que, como en otras áreas, las prácticas políticas han sido radicalmente diferentes de un sexenio a otro, en una suerte de péndulo que ha impedido la construcción de políticas equilibradas que incorporen efectivamente la idea de la llamada “triple hélice”, en donde los científicos, los gobiernos y la iniciativa privada puedan finalmente coincidir.

Enrique Cabrero Mendoza, ex director del entonces Conacyt en el gobierno de Peña Nieto, fue conocido por sus investigaciones precisamente sobre la falta de “vinculación” entre los diferentes sectores, por lo que su nombramiento en ese entonces causó expectativa para avanzar precisamente en el tema que había estudiado. Sin embargo, la relación con el sector privado ha sido compleja y paradójicamente dependiente, en el sentido de que más que invertir la iniciativa privada está acostumbrada a pedir subsidios para la investigación científica, cuestión que terminó por marcar al anterior sexenio. Los recursos invertidos por los empresarios fueron escasos y en todo caso aprovecharon de los existentes para innovación del Conacyt, dejando poco claro el papel que cada sector debe cumplir. Cabrero y varios científicos, dado el conflicto que se generó con la actual directora, fueron acusados por delitos de peculado y uso ilícito de atribuciones, demanda que llevó a la Fiscalía General de la República a un extremo de ejercer acción penal por “delincuencia organizada”. Recientemente Cabrero y los científicos acusados fueron absueltos recientemente por un tribunal federal, sin embargo este tipo de acciones sólo dividió más a la comunidad, y en el fondo el deterioro de la inversión en Ciencia y Tecnología siguió incrementándose. Por cierto, este deterioro había comenzado desde el anterior sexenio.

De acuerdo a un estudio sobre los presupuestos para Ciencia y Tecnología, los datos de Hacienda para esta función y que son “transversales”, porque comprende el gasto de las diferentes secretarías además de Conahcyt, el presupuesto comenzó a bajar en el 2015 (que tuvo su máximo monto de 78.7 miles de millones de pesos), y lamentablemente la caída no se ha detenido (Roberto Rodríguez Gómez, “La desinversión en ciencia”, Nexos, abril 28, 2021).

Presupuesto de la función Ciencia y tecnología

(millones de pesos constantes 2020)

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En los últimos años, la “función” Ciencia y Tecnología del gasto público federal alcanzó 55 mil millones de pesos para 2022 y 60 mil millones para 2023, cambiando la distribución de los recursos mayoritariamente a la Secretaría de Educación y a la Secretaría de Energía, dependencia esta última que no se encontraba considerada tradicionalmente en la “función” de Ciencia y Tecnología de acuerdo a Hacienda. Lo cual ha creado una paradoja en los últimos años, que la “función” Ciencia y Tecnología viera crecer el presupuesto, pero con menos recursos para el propio Conahcyt, es decir para becas, estímulos a los investigadores y centros de investigación. Ello ha tenido que ver que miles de millones de pesos se han distribuido a Energía, con la función de Ciencia y tecnología.

De ahí la importancia de que la nueva Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación pueda reordenar las funciones de Conahcyt que, de acuerdo a la nueva titular de esta Secretaría, efectivamente ya se encuentra rebasado para establecer una función de transversalidad y de coordinación de proyectos prioritarios a nivel nacional. Y sobre todo, para gestionar el incremento de recursos que permitan al país ingresar al nivel que le corresponde en la materia. Basta recordar que el gasto en México para Ciencia y Tecnología en relación con el Producto Interno Bruto, incluidos los últimos reacomodos presupuestales, está alrededor del 0.05 por ciento, muy por debajo del promedio de los países de la OECD que es del 2.5% del PIB. Ojalá esta nueva Secretaría sea el inicio de una nueva época para el desarrollo de la ciencia, las humanidades y la innovación.

Si bien mantenemos las críticas a la forma de acceder al poder, es necesario el reconocimiento a la Presidenta electa por saber seleccionar a sus primeros colaboradores. Esperemos que los siguientes mantengan este principio de personas con capacidad y experiencia. El país lo necesita, como también que la reforma al poder judicial sea un principio de acuerdos más que la ejecución de una venganza.

Víctor González
Víctor M. González Esparza

Historiador, académico

Víctor M. González Esparza

Historiador, académico

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