Retos del enoturismo en el Centro y el Bajío de México
Una de las formas de conocer la historia, el patrimonio y arquitectura de un lugar es su mirada y relación con el enoturismo. Éste se ha consolidado en las últimas décadas como una modalidad turística estratégica que articula la producción vitivinícola con la experiencia cultural, gastronómica y territorial. En México, regiones como Baja California han logrado posicionarse con éxito en este segmento; sin embargo, el Centro y el Bajío del país —particularmente Estados como Aguascalientes, Querétaro, Guanajuato, Zacatecas y San Luis Potosí— enfrentan retos específicos para consolidarse como destinos enoturísticos competitivos. Estas regiones cuentan con una tradición vitivinícola histórica y un creciente número de proyectos vinícolas, pero su desarrollo enoturístico aún se encuentra en una etapa de maduración.
El Bajío mexicano ha experimentado un resurgimiento vitivinícola significativo durante las últimas dos décadas. La reactivación de viñedos, la aparición de bodegas boutique y la organización de eventos como vendimias y festivales del vino han contribuido a visibilizar la región como un nuevo polo del vino nacional. No obstante, el enoturismo en estas zonas no se limita únicamente a la visita a viñedos, sino que se vincula con elementos patrimoniales, rutas culturales, gastronomía local y turismo rural. A pesar de este potencial, la consolidación del sector enfrenta múltiples desafíos que limitan su crecimiento sostenido.
Infraestructura y conectividad
Uno de los principales retos del enoturismo en el Centro y Bajío es la limitada infraestructura turística especializada. Muchas casas vinícolas carecen de instalaciones adecuadas para recibir visitantes de manera constante, como áreas de cata profesional, señalización turística y servicios complementarios de hospedaje de alta gama. Asimismo, la conectividad terrestre y la señalización vial hacia los viñedos suelen ser insuficientes, lo que dificulta el acceso del turista nacional e internacional. La ausencia de transporte turístico integrado y rutas claramente estructuradas limita la experiencia del visitante y reduce la competitividad frente a otros destinos consolidados.
Profesionalización y capital humano
Otro desafío relevante es la falta de profesionalización en la gestión del enoturismo. En numerosos proyectos, la producción de vino es prioritaria, mientras que la atención turística se desarrolla de manera empírica. La escasez de personal capacitado en hospitalidad, enología turística, narrativa del vino y atención al cliente afecta la calidad de la experiencia. La formación especializada en enoturismo, así como la vinculación con instituciones académicas y organismos de capacitación, resulta indispensable para elevar los estándares del sector.
Identidad regional y posicionamiento de marca
El Centro y Bajío enfrentan también el reto de construir una identidad enoturística clara y diferenciada. A diferencia de regiones con una marca territorial consolidada, estas zonas presentan una oferta fragmentada y poco articulada. La falta de una narrativa común que integre historia, terroir, tradiciones y estilos de vino dificulta el posicionamiento en el mercado turístico. La competencia interna entre proyectos, en lugar de la colaboración regional, debilita la creación de rutas del vino sólidas y reconocibles.
Sostenibilidad y gestión del territorio
El desarrollo del enoturismo implica riesgos ambientales y sociales si no se gestiona de manera responsable. En el Centro y Bajío, la disponibilidad de agua, el impacto del cambio climático y la presión sobre el suelo agrícola representan desafíos críticos. La sostenibilidad se convierte así en un eje central: es necesario equilibrar la actividad turística con la conservación de los recursos naturales, la protección del paisaje vitivinícola y la inclusión de las comunidades locales. La ausencia de políticas públicas específicas y de planes de ordenamiento territorial orientados al enoturismo limita la adopción de prácticas sostenibles. Los recursos hídricos son cada vez más escasos y el acaparar pozos de agua suele ser una práctica que perjudica a todos los policultivos.
Coordinación institucional y políticas públicas
Finalmente, uno de los retos estructurales más importantes es la débil articulación entre productores, autoridades gubernamentales y organismos turísticos. La falta de políticas públicas integrales para el fomento del enoturismo en el Centro y Bajío genera esfuerzos aislados y discontinuos. La promoción turística suele ser esporádica y depende de iniciativas individuales, sin una estrategia regional de largo plazo que impulse inversión, promoción internacional y desarrollo de infraestructura.
El enoturismo en el Centro y Bajío de México posee un alto potencial como motor de desarrollo económico, cultural y turístico. Promover una cultura por el consumo local y nacional del vino es una necesidad palmaria. El desarrollo de los canales de venta y exposición en diferentes foros nacionales y mundiales es un deseo ferviente de los productores del vino.
La consolidación de una marca “Vino del centro de México” enfrenta retos significativos relacionados con infraestructura, profesionalización, identidad regional, sostenibilidad y coordinación institucional. Superar estos desafíos requiere una visión estratégica compartida, basada en la colaboración entre actores públicos y privados, la capacitación del capital humano y la valorización integral del territorio. Solo a través de un enfoque sostenible y articulado será posible posicionar al Centro y Bajío como regiones enoturísticas competitivas dentro del panorama nacional e internacional.
Fuentes
Secretaría de Turismo (SECTUR).
(2018). Guía para el desarrollo del enoturismo en México. Gobierno de México.
López-Guzmán, T., & Sánchez-Cañizares, S.
(2012). Enoturismo y desarrollo rural: Análisis de experiencias internacionales. Revista de Turismo y Patrimonio Cultural, 10(2), 229–245.

