Vencer sin convencer: la estrategia geopolítica de Estados Unidos en América Latina

Vencer sin convencer: la estrategia geopolítica de Estados Unidos en América Latina

La disputa simbólica de la legitimidad política más allá de los hechos.

El pasado 3 de enero, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar directa en Venezuela, que incluyó ataques aéreos y operaciones de fuerzas especiales y culminó derivó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, trasladados a Estados Unidos para enfrentar cargos, principalmente relacionados con narcotráfico y terrorismo.

Esta acción ha generado tensiones entre varios gobiernos de la región y polarizado el debate que se enreda entre narrativas presentadas como opuestas y excluyentes, dejando de lado el núcleo fundamental del problema.

El debate público que se ha instalado, parte de una falsa disyuntiva: o se condena al régimen de Nicolás Maduro y, en consecuencia, se avala la intervención de Estados Unidos en Venezuela, o se rechaza dicha intervención y, por lo tanto, se justifica o encubre la dictadura. 

Lo primero que debe señalarse es que esta formulación es insostenible e intelectualmente equivocada. No se pueden presentar como excluyentes dos situaciones que pertenecen a planos distintos. Una cosa es el juicio normativo sobre la legitimidad interna del régimen de Nicolás Maduro; otra, muy distinta, el juicio jurídico-político sobre la legitimidad del uso de la fuerza como estrategia geopolítica en America Latina.

Confundir estos planos no es un ingenuo error teórico: es una estrategia discursiva funcional a intereses preconcebidos orientada a clausurar el debate crítico y forzar alineamientos automáticos.

En otras palabras, reducir la discusión a este esquema binario empobrece el análisis: rechazar la intervención estadounidense no implica defender la dictadura de Maduro; por el contrario, permite-más bien exige-una crítica simultánea al autoritarismo interno y al intervencionismo externo.

El debate no busca esclarecer, sino reafirmar identidades. En esta dinámica, cada uno acepta únicamente aquello que confirma sus convicciones previas, mientras el análisis de las razones de fondo se diluye.

El riesgo que subyace-tanto en nuestro país como en América Latina-es quedar atrapados frente a la forma autoritaria de ejercicio de poder, como el que encarna Donald Trump, orientado a consolidar su hegemonía en el continente.

Trump ha demostrado que no le interesa ni necesita arbitraje internacional, ni construir legitimidades morales o jurídicas para justificar una intervención militar en otros países.

Para Trump la lógica del poder no requiere relatoslegitimadores. La fuerza es su razón. El poder no se argumenta; se ejerce. Se demuestra y se hace visible en la presencia, en la amenaza y se consuma en la imposición.

El objetivo es evidente, consolidar la estrategia de seguridad nacional para América latina que Donald Trump retoma de la doctrina proclamada en 1823 por James Monroe bajo el principio de; “América para los americanos”. La diferencia sustantiva es que, para Trump, América es Estados Unidos.

Esta es la expresión más nítida de la geopolítica contemporánea marcada por la imposición y la lógica del poder desnudo, que pone en evidencia una profunda crisis de legitimidad liberal, en la que el derecho internacional, los derechos humanos y la democracia han dejado de constituir el fundamento central del poder.

Con realismo debe entenderse que la lógica de la política internacional contemporánea no se mueve por principios, sino por correlación de fuerzas-militar, económica, tecnológica-que condicionan la relación entre los estados.

Esto es precisamente el punto que permanece fuera del debate. Tampoco se analiza el precedente peligroso que implica la intervención militar en Venezuela sin causa legítima, un antecedente que podría abrir, en el futuro, la puerta a acciones similares en cualquier país que le resulte incómodo a no se alinee a sus intereses. 

Lo que debe cuestionarse es el papel de Estados Unidos erigido como autoridad internacional de facto, que lo mismo puede detener a supuestos terroristas que deponer gobiernos cuestionables o no sin necesidad de someter sus acusaciones aun escrutinio independiente, basta su propia moralidad.

Este ejercicio del poder no busca convencer: enseña por escarmiento. Produce efectos prácticos, entre ellos que los demás aprendan a obedecer antes de resistir. Así opera una pedagogía del miedo; el poder no necesariamente tiene que intervenir basta que todos crean que puede hacerlo en cualquier momento.

Lo que se debe plantear es como acotar este poder omnipotente antes que sea demasiado tarde. Resulta evidente que en este escenario las opciones políticas no son sencillas ni van a ser cómodas. 

La disyuntiva no consiste en optar entre dos extremos igualmente contraproducentes: la sumisión silenciosa o la retórica desafiante. El realismo político sugiere explorar una opción menos épica y más estratégica basada en medidas defensivas y de contención, no en la confrontación directa. 

Una estrategia integral podría ser más funcional. Blindajepolíticamente del Estado mexicano, reafirmando los principios de soberanía, autodeterminación y no intervención; multilateralizar el conflicto mediante mecanismos de concertación latinoamericana y caribeña. Diversificar alianzas con Europa, Asia y Africa, y sobre todo, reforzar la eficacia institucional interna en los temas sensibles para cerrar flancos débiles explotables desde el exterior.

El propósito de estas medidas es elevar el costo político y diplomático, de cualquier intento de intervencionismo sin recurrir al conflicto y pasar de una vulnerabilidad individual hacia una fortaleza colectiva.

Finalizo con una frase de Miguel de Unamuno que da título a esta columna, y que hoy vuelve a interpelarnos con fuerza.“Venceréis, pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta; pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha”. La historia ha demostrado que la fuerza puede imponerse, pero nunca sustituir indefinidamente la legitimidad.

Jesús Medina Olivares
Jesús Medina Olivares

Politólogo y actor político de Aguascalientes. Militante con conciencia de izquierda.

Jesús Medina Olivares

Politólogo y actor político de Aguascalientes. Militante con conciencia de izquierda.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles. El sistema de Cookies principal del sitio el proporcionado por Google Analytics.  POLÍTICAS DE PRIVACIDAD