Innovación, una tarea pendiente para el estado

Innovación, una tarea pendiente para el estado

Comentamos en artículos anteriores que uno de los temas relevantes para explicar la caída de la competitividad del estado en el contexto nacional era, además de la pérdida del dinamismo de la economía y la pobreza laboral, un elemento aparentemente marginal pero que explica en buena medida la caída de la productividad en Aguascalientes en general: la innovación, entendida como la capacidad para generar y aplicar conocimiento nuevo a diferentes procesos, medida a través de las características propias de las empresas pero además por el número de centros de investigación y el número de patentes solicitadas por cada 100 mil trabajadores de la población económicamente activa, de acuerdo nuevamente al Instituto Mexicano sobre la Competitividad (IMCO).

Mientras que el estado de Querétaro se ha mantenido en los primeros tres lugares del Subíndice de Innovación, Aguascalientes por el contrario ha pasado a ocupar lugares a la baja, hacia el nivel medio alto, en la tabla nacional en este tema. Ello significa que no sólo hay una baja en la productividad de las empresas particularmente fuera del sector automotriz, sino también la falta de centros de investigación y de registro de patentes, lo cual representa un claro retroceso en una economía como la de Aguascalientes.

Subíndice de Innovación, Aguascalientes y Querétaro 2004-2022

 

2004

2006

2008

2010

2012

2014

2016

2018

2020

2022

Aguascalientes

4

4

10

10

9

6

4

12

13

11

Querétaro

3

3

3

3

1

2

2

2

2

3

Fuente: IMCO, Índice de Competitividad estatal, Subíndice de Innovación

Sobre la medición de la productividad sabemos que existe una gran controversia, particularmente porque están involucrados los aspectos salariales. Desde el origen del Tratado de Libre Comercio se nos dijo que conforme la productividad creciera los salarios automáticamente crecerían. Sin embargo, no obstante el incremento de la productividad en algunos sectores de la economía nacional y estatal, lamentablemente no ha existido el acuerdo de incrementar los salarios correspondientes. El logro reciente del gobierno federal de subir los salarios mínimos, que en realidad comenzó a cambiar desde el sexenio pasado cuando los salarios mínimos dejaron de ser punto de referencia, es sólo una medida que requiere mayor reflexión. Por ejemplo, la relación entre los aumentos salariales y la productividad, cuestión que lamentablemente no se ha cumplido.

Recuerdo haber escuchado a uno de los CIO’s de Nissan, después de reconocer la alta productividad de los trabajadores aguascalentenses, que no podían subir más los salarios para hacerlos equiparables a otras empresas del grupo por ejemplo en España, porque el mercado local del trabajo así lo señalaba. Es decir, el argumento era y me parece que sigue siendo que no obstante la alta productividad, el “mercado” laboral no permitía subir más los salarios. Y al preguntarnos cómo funciona un “mercado” vemos que Aguascalientes ha sido uno de los estados con menos protestas y huelgas de los trabajadores en muchos años, dado el control que ha prevalecido de liderazgos más bien “charros”, al menos desde la represión a los trabajadores ferrocarrileros y a otros movimientos de protesta desde los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Difícilmente los salarios pueden mejorar cuando el sindicalismo no ha tenido su clara expresión en aras de mantener la paz social en el estado.

Ello me recuerda especialmente el día que la Universidad Autónoma de Aguascalientes pudo traer a dar una Conferencia magistral al premio Nóbel Mario Molina sobre el cambio climático. El gobernador en ese momento, hace poco más de diez años, no pudo asistir a la conferencia, pero aceptó saludar al gran investigador laureado en su propio despacho. Después de los saludos de cortesía, don Mario Molina elogió el crecimiento del estado, pero se atrevió a mencionar que quizá los salarios de los trabajadores no correspondían al dinamismo económico. El gobernador, claramente molesto, paró en seco al Premio Nóbel y le señaló: “En mi gobierno tengo prohibido hablar de los salarios…” A partir de ello, después de algunos comentarios sobre el clima, nos retiramos de la oficina del gobernador en silencio, un silencio que más bien correspondía no a la obediencia de un mandato claramente autoritario, sino a lo lamentable del encuentro. Ahí, sin embargo, encontramos la explicación de porqué el “mercado” no permitía mejorar los salarios conforme a la productividad. Los acuerdos del poder para impedir las protestas e incluso las huelgas claramente justificadas siguen siendo un tema del cual hablaremos en otros artículos.

El otro punto importante de la falta de competitividad e innovación en el estado es la falta de inversión en Ciencia y Tecnología. Los mejores momentos en este sentido fue cuando precisamente se dieron apoyos suficientes para proyectos de investigación, no sólo por cierto para el sector productivo. El pensar que el desarrollo de la investigación debe estar ligado exclusivamente al sector productivo, ha sido una de las principales trabas para pensar en el papel que puede desempeñar la investigación en la competitividad y la innovación. Porque si bien es cierto que nos encontramos en la cuarta revolución industrial basada en el conocimiento, la aplicación de los conocimientos no se da de manera inmediata y sólo para beneficio de las empresas, como se ha planteado en los apoyos del Instituto de Ciencia y Tecnología del estado (INCyTEA), sino que requiere tiempo de pruebas y sobre todo un ambiente propicio para la creatividad.

En el estado no existen propiamente Centros de investigación que propicien este ambiente para la innovación. Los primeros centros fueron más bien ampliaciones de los existentes en la ciudad de México u otros estados, como el CIDE, el CIATEQ y el CIO, que se suponía al momento de invitarlos servirían a los intereses propios del estado. Sin embargo, sin descartar que hace falta una política de atracción de investigadores y creadores, la lógica de estos centros está centrada en las necesidades de sus propias sedes más que en los intereses locales. Los temas de los investigadores de estos centros poco responden a las problemáticas regionales, ya que su interés es más bien vender los servicios que se desprenden de la lógica de obtener recursos de los gobiernos o de los empresarios locales, pero no necesariamente de la investigación que permita encontrar alternativas para el desarrollo de Aguascalientes. Ciertamente es un problema nacional, la investigación poco está conectada (no digo vinculada porque sólo se piensa con las empresas), primero a identificar las problemáticas principales y, segundo, a dirigir las investigaciones a la resolución de estos problemas. Para ello se requieren Centros de investigación inter y transdisciplinares que permitan por ejemplo encontrar alternativas maduras, no ocurrencias, a temas tales como el Agua o la Pobreza. Existen más de doscientos miembros del SIN en Aguascalientes, sin embargo, pareciera que no hay manera de evitar la fragmentación en la investigación y de centrar las problemáticas. Quizá es hora de pensar no sólo en apoyos a la investigación de forma individualizada, sino también en la manera en que entendemos la práctica científica para los próximos años.

Víctor M. González Esparza

Historiador, académico

Víctor M. González Esparza

Historiador, académico

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