La risa espantable del loco

La risa espantable del loco

[bctt tweet=»La risa y el llanto son un matrimonio demencial, más vale que no aparezcan crónicamente en nuestra expresión, el terror humano es que se vuelvan incontenibles en cualquiera» username=»crisolhoy»]

 

《¿No fue, acaso, la risa del “hombre nietzscheano” la que rompió con el humanismo y la que asumió la “desaparición del hombre”, y no es, acaso, la gravedad del pensamiento de Levinas la que acusa recibo de una irreductible responsabilidad por el “otro hombre”? ¿Cómo y por qué conjugar gravedad y liviandad, superación del hombre y humanismo del otro hombre?》

Aïcha Liviana Messina.

 

Alguna vez leí a Arthur Rimbaud, el infante terrible de las letras, este asombroso verso: 《Y la primavera me trajo la risa espantable del idiota .》 

 

La risa y el llanto son dos extremos aparentes pero falsos:  ¿Se puede llorar de alegría y reír por la melancolía? La risa y el llanto son un matrimonio que duerme en habitaciones separadas. 

La risa incontenible y el llanto crónico nos hacen: espantables, idiotas, dementes, enfermos mentales, aunque las enfermedades de la mente no tengan virus ni bacterias. 

《 El verbo nietzscheano no es aquél que se declina en lenguaje sino aquél que lo suspende haciendo así posible la danza y la risa—. La risa —la risa ¡inocente!— estalla en un no-lenguaje que a su vez deshace la configuración de mundos, su ordenamiento en épocas del mundo.》Aïcha Liviana Messina.

La risa y el llanto son un matrimonio demencial, más vale que no aparezcan crónicamente en nuestra expresión, el terror humano es que se vuelvan incontenibles en cualquiera: ¿Quién de nosotros no quisiera llorar o reír hasta morir? La vida es tan trágica y sublime, cuesta tanto vivirla y desprenderse de ella, que cuando se acaban las palabras sólo quedan lamentos y mucho humor, dan ganas de reírse de la mala broma que resulta la vida hasta el fin, dan ganas de llorar por la belleza hasta el día de la muerte. 

Por esta razón, se ha de tomar la risa en serio: en ésta se juega uno de los más cruciales problemas nietzscheanos, esto es, el problema del devenir —del devenir de lo humano—. Además, en la obra de Nietzsche la risa no es un mero tema, sino un estilo: es un estilo de vida, un estilo de escritura y, por ende, un acceso al conocimiento.》Aïcha Liviana Messina. 

Me da risa la fugacidad de la vida, su insignificancia, su dureza, su irrevocable transición al agotamiento, al sufrimiento, a la muerte.  Me da risa el devenir, risa en lugar de llanto si no es que son un matrimonio extraño como he venido sosteniendo. 

Nietzsche también en su Zaratustra enseña sobre la risa: armónica,  sana y jovial; y sobre una risa mórbida, perturbada, siniestra. Es por esto que inclusive la risa tiene diferencias, tonalidades, un sentido  al ser emitidas. 

《 Nietzsche mismo, en efecto, se refiere al eterno retorno como a una “verdad insoportable”. Sin embargo, sólo una verdad insoportable convoca al hombre a superarse, mientras esta superación ya no está en su poder. En este sentido, el eterno retorno se ríe del “hombre”, de su particularismo, de su posición finita, pero también compromete al hombre con la infinitud: lo convoca entonces a reír no más de sí (o de otro), sino desde la infinitud del retorno. Por esto, también no hay otro conocimiento del eterno retorno que el de la lucha del hombre consigo mismo —lucha que abarca sobre una risa santa, la risa del otro del hombre, precisamente porque no puede ser ganada por él, mientras él solo podrá luchar sin fin—. Tal como en la lucha del pastor a quien la serpiente se le introdujo en la garganta, la risa santa no es la risa de nadie, es la risa del otro del hombre que, paradójicamente, solo hace posible un quien:

¿Quién es el pastor a quien la serpiente se le introdujo en la garganta? ¿Quién es el hombre a quien todas las cosas más pesadas, más negras, se le introducirán así en la garganta? […] Ya no pastor, ya no hombre —¡un transfigurado, iluminado, que reía! ¡Nunca antes en la tierra había reído hombre alguno como él rió! (Nietzsche, 1997: 232).》Aïcha Liviana Messina. 

Existen risas santas y risas demenciales e infernales, dejemos al llanto incontenible para otra ocasión, lo que no podemos dejar de tener en cuenta es que la risa puede ser un llanto ante la fatalidad,  el sufrimiento, el destino de cualquier hombre.

El guion de un  personaje como: 《The Joker 》, brillantemente interpretado por Joaquín Phoenix, tiene una peculiaridad que creo proviene de la psicología forense:

La felicidad del personaje bromista es el delirio de la madre. Su risa fue auténtica hasta que pierde al único ser que lo decidió traer al mundo, antes sólo reía para ella, se inscribe en  delirio de su madre, ríe para no verla llorar hasta que sabe la atroz verdad. Pierde a su madre cuando descubre la verdad sobre su origen: la orfandad atroz, el maltrato, la separación dolorosa. Su risa es el síntoma, desde infante como Rimbaud, la primavera  le trajo: 《la risa espantable del idiota.》El hijo nunca fue feliz, su felicidad era el delirio materno; el síntoma, las risas, estas aparecen siempre ante el recuerdo de acontecimientos trágicos. 

Del idiota que ríe sin control de la tragedia que es la existencia en la tardó modernidad insignificante. De ese trágico bromista,  me imagino a: 《The joker》, al bromista real de la filosofía, al que pasó de reír como santo, al silencio sepulcral en Turín.

Me imagino al filósofo caminando en medio del frio, y supongo; imagino: comenzó a reír o a llorar sin control cuando abrazó al caballo y le dijo unas palabras en latín  por el animal bípedo que lo estaba fustigando hasta matarlo. Uno de los episodios más siniestros del pensamiento humano. El hundimiento en el silencio del pensador que fue capaz de reírse de Kant y de Sócrates, de la religión, de si mismo, de la humanidad entera, de la existencia, de Dios. 

Alejandro Marengo

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

Alejandro Marengo

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

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