EL MURALISMO CONTINÚA SIENDO EL ARTE SOCIAL POR EXCELENCIA

EL MURALISMO CONTINÚA SIENDO EL ARTE SOCIAL POR EXCELENCIA

ENTREVISTA CON EL PINTOR OSWALDO BARRA CUNNINGHAM 2/8

En 1989 entrevisté al pintor Oswaldo Barra Cunningham. Hablamos de política, de la situación actual del muralismo en particular y la plástica en general y, por supuesto, de sus murales en el Palacio de Gobierno de Aguascalientes. Su realiza­ción desató en algunos sectores de la sociedad una polémica de regulares proporciones debido al tratamiento que el artista dio a ciertos temas. La controversia tuvo como escenario la prensa local, El Sol del Centro y El Heraldo de Aguascalientes, que destacados miembros de la comunidad utilizaron para, en general, reprobar la obra. El hecho de que el autor regresara a Aguascalientes constituía una oportunidad inmejorable para que aportara su propia versión de los hechos.

Platicamos en la bodega y después de una hora, más o menos, el albañil vino a avisarle que había terminado la preparación del trozo de muro sobre el que trabajaría ese día. Entonces subimos al segundo piso y al andamio y ahí prosegui­mos conversando mientras de su pincel brotaban uvas, hojas de parra y duraznos, justo debajo de un charro montado a caballo.

En aquel momento la obra estaba en sus inicios. Para esa fecha Barra había terminado cuando mucho un par de metros cuadrados. Lo demás estaba dibujado ó esbozado. Sólo una parte de pared estaba cubierta con el firme.

El maestro trabaja apoyando la mano derecha en un pedazo de caña, «para conservar el pulso, que se me ha descompuesto últimamente», se queja. Mientras pinta la mano de una mujer que sostiene un racimo de uvas y un niño que toma un durazno de un árbol, una mujer con un niño de brazos se detiene y observa el trabajo. Está un momento y se va. Momentos después se acerca un hombre que le pregunta al artista sobre el tema del nuevo mural. Este le contesta y se entabla una breve conver­sación. El hombre agradece la explicación y se retira. Barra me señala al ranchero que pintó arriba y recuerda algo que le dijeron en ocasión de la ejecu­ción del mural «social», que entrelaza la historia de México con la de Aguascalientes: «lo que va a conseguir con ese mural es que los rancheros se crezcan».

Finalmente cabría mencionar, porque Barra lo relaciona con las ideas que maneja en la entrevista, que en los momentos en que platiqué con él, los Estados Unidos estaban interviniendo en Panamá. Este es el texto, que para efectos prácticos redacté en primera persona, como si el maestro estuviera platicándole a usted sobre su vida y obra. Corre y se va.

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EL HOMBRE

Nací en 1922 en Concepción, ciudad sureña de Chile ubicada en plena Araucanía, a orillas de un gran río, el Bio Bio, de cuatro kilóme­tros de ancho en mi ciudad natal.

La revolución mexicana fue un movimiento muy sonado en el mundo entero y en especial en la América del Sur. Mi madre me platicaba mucho de ella. Además llegaban libros sobre arte popular, y en especial sobre el muralismo mexicano. Eso fue creando en mí un sueño, y no paré hasta realizarlo.

Un día supe que el gobierno mexicano ofrecía becas para venir a hacer estudios de pintura mural. Me presenté como candidato y obtuve una. Esto fue en 1953.

Mi anhelo era poder trabajar con Diego Rivera, al que conocía a través de un libro de Beltran Wolf, en el que cuenta su historia y reproduce algunos de sus murales. Este sueño también se hizo realidad, ya que trabajé con el maestro los últimos siete años de su vida, en plena madurez del genial pintor.

En 1981 regresé a Chile. La experiencia significó, en gran parte, volver a reconocer el país. El tratamiento que recibí fue magnífico. Yo iba con un poco de miedo a la dictadura, ya que en México estaba asociado con gente considerada como de extrema izquier­da como lo fueron Rivera, Siqueiros y otros valores de la cultura mexica­na. Sin embargo no ocurrió nada, el trato fue magnífico, tanto de las autorida­des como de los familiares. Por cierto que la dictadura tapó uno de mis murales. Nunca hubiera pensado que se tratara de un mural agresivo el haber pintado a unos mineros en la zona más agresi­vamente marxista; comunista, aunque ahora ya no es el peor califica­tivo que se le da a un individuo, sino el de narcotraficante. Vea usted lo que ocurrió con Panamá y el general Manuel Antonio Noriega. Los Estados Unidos se lanzaron sobre él esgrimiendo la acusación de que se trataba de un narcotraficante, aunque se les olvidó que durante muchos años fue agente de la CIA.

Me gustaría regresar a Chile, y sin embargo tengo intereses en México, estoy casado y tengo hijos. Hay un refrán español que dice «no es de donde nace, sino de donde las pace. Estoy casado con una mexica­na, que no es chilera ni chilena… es chilanga.

EL ARTISTA

Comencé a pintar cuando era pequeño, incluso antes de aprender a leer. Primero hice pintura de caballete y escultura. Si mal no recuer­do, mi primer mural lo pinté a los 20 años. Fue en Lota, un pueblo muy interesante cerca de Concepción en donde hay algunas minas de hulla cuyas entradas están a la orilla del mar. Lota está situada en una región de serranías que se van cortando como con cuchillo hacia el mar. Esas tierras, en donde el mar está ganando terreno, fueron campo de las batallas del pueblo araucano.

Ahí me fui a vivir a los 18 años porque conseguí un trabajo como modelista de una gran fábrica de porcelanas enclavada en estas serra­nías. Esto significó para mí una gran escuela dentro de las artes plásticas y particularmente en la cerámica. Ahí trabajaba cuando me presenté de candidato para la beca en México.

Carlos Reyes Sahagún

Profesor investigador del departamento de Historia en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Cronista del municipio de Aguascalientes.

Carlos Reyes Sahagún

Profesor investigador del departamento de Historia en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Cronista del municipio de Aguascalientes.

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