América Latina: la herida abierta

América Latina: la herida abierta

[bctt tweet=»América Latina solo tendrá la posibilidad de lograr alguna vez estabilidad económica y viabilidad social y ecológica si se encara y tematiza intensamente este punto ciego.» username=»crisolhoy»]

América Latina

LA  VIDA  BREVE

En un momento de clara desaceleración global e incertidumbre en las relaciones comerciales, la     explosión de la protesta social revela hoy el fracaso de los sistemas del modelo de mercado     dominante en América Latina

El inicio del Siglo XXI, cierto,  auguraba un mejor futuro para las sociedades de América Latina que al fin habían logrado con algún éxito avanzar en la construcción de gobiernos democráticos. Se abría una esperanza en medio de las sangrantes heridas dejadas por las dictaduras de los años setentas. El “boom” Latinoamericano parecía estar de regreso plasmado en algo más que incomparable literatura.

Y si, el cambio social de las últimas dos décadas en América Latina se venía evidenciado en el hecho de que todos los estratos sociales involucrados vivían por igual una movilidad ascendente, pero esa realidad ocultaba en sus entrañas las contradicciones que ahora estallan en las masivas protestas sociales. Se avanzó sin que se modificara la conformación interna: si bien las elites económicas pudieron mantener su patrimonio e incluso aumentarlo, la justicia distributiva y la mejora social no tan solo se estancaron sino que fueron cediendo paulatinamente ante la presión de las oligarquías económicas. Los ascensores no tan solo sirvieron para subir.

Los datos son evidentes; en los últimos años se ensanchó la brecha de la desigualdad, decrecieron las prestaciones sociales,  los presupuestos a la salud y la educación fueron cada vez más exiguos para atender al grueso de la población, los derechos humanos violentados, el camino a la democracia se ensombreció, y como cereza de este amargo pastel,  se desató un brutal atentado al ambiente que profundiza día a día el deterioro de la región y del planeta. 

En un momento de clara desaceleración global e incertidumbre en las relaciones comerciales, la explosión de la protesta social revela hoy el fracaso de los sistemas del modelo de mercado dominante; “capitalismo salvaje”, así como de los descontrolados gobiernos populistas. De norte a sur el balance de la crisis se vuelca en un mapa señalado por gobiernos impopulares que enfrentan a una población desilusionada pero activa e irrumpiendo en las calles; cansada de la corrupción, los malos servicios públicos, la precariedad en la asistencia social y la falta de dinamismo económico,

 La crisis económica deviene en amplificadora de las injustas relaciones en el sistema de distribución de la riqueza. No hay duda, los países de América Latina con mayor número de protestas sociales son los que también presentan mayores desigualdades socioeconómicas así como gobiernos con capacidad limitada para corregir los entuertos de un desarrollo  que viene lesionando gravemente la calidad de nuestra vida y parece cancelar las rutas hacia un mejor futuro. Y ante las ilusiones perdidas, las barricadas.

La brecha abierta y cada vez más, entre instituciones y clase política, por un lado, y ciudadanía y sociedad civil más o menos organizada por otro y que se caracterizan por las protestas con un creciente número de participación ciudadana, revelan que las tensiones sociales vendrán en adelante a marcar la agenda política del Sur y el Centro de América, con imprevisible consencuencia por ahora para México, imbuido socialmente en un ánimo encendido por el cambio social y la incertidumbre en sus reales alcances.

 

Las respuestas sobre el por qué de las multitudes en la protesta según los analistas, hay que encontrarlas dentro de una perspectiva teórica que incluye el radicalismo de la marginalidad y la teoría de los recursos estratégicos convencionales. Para quienes vienen estudiando estos fenómenos, no es dificil constatar cuál de ellas explica mejor las protestas, por lo menos en Argentina, Bolivia, Chile y Colombia.  La tesis del radicalismo y la marginalidad, que fuera popular durante la década de 1960 y 1970, sostiene que la protesta es una respuesta a situaciones económicas y/o políticas desfavorables, y constituye un rechazo de los ciudadanos a las instituciones representativas centrales del sistema político 

Prueba de ello se mide según la «Calculadora de la Desigualdad” elaborada por la confederación de oenegés Oxfam y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo; en América Latina y el Caribe, el 10 % de la población más rica concentra el 71% de la riqueza. Y si vemos los números de México, el pesar de los pesares se acrecenta; mientras que el 1% de los mexicanos más ricos (1.3 millones) tienen 40 de cada 100 pesos de riqueza en el país, el 50% más pobre (65 millones) sólo accede a 3.5 pesos, y un solo solo hombre concentró en 2018 el equivalente a lo que tenían 60 millones de mexicanos, según la citada organización internacional Oxfam. 

Para tomar en cuenta, un número creciente de académicos sostiene que la protesta en América Latina se ha «normalizado», y es simplemente otra forma de participación política convencional en las democracias modernas. Los adherentes a esta tradición teórica argumentan que la teoría del radicalismo y la marginalidad es producto del tiempo en que emergió, y que los ciudadanos en las sociedades contemporáneas utilizan la protesta como un recurso estratégico para la expresión política 

Así, que a esta «clase dirigente hermética”, le toca, aseguran manifestantes y expertos, escuchar a la población y redistribuir riquezas por la vía impositiva, como denominador común en muchos casos. Frente a esta situación alarmante los factores de riesgo están más que definidos; junto al crecimiento económico y su distribución, las percepciones de (in)justicia social, la sensación de vulnerabilidad financiera y la confianza en el gobierno, vienen a ser los valores dominantes que pesan en la rebeldía social que ve como las esperanzas del ayer reciente se despedazan frente a nuestros ojos.

México: ¿Poner las barbas a remojar?

En un reciente informe, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe  (CEPAL) señala que, “La cultura del privilegio y el actual estilo de desarrollo en México aumentan las diferencias entre los centros y las periferias territoriales y sociales, a la vez que generan un grado insostenible de polarización de los ingresos y la riqueza, que aumenta el poder de los grupos más privilegiados para establecer y mantener reglas de juego que los favorecen”, concluye la Comisión en el capítulo sobre nuestro país de su informe.  ¿Poner las barbas a remojar?

América Latina solo tendrá la posibilidad de lograr alguna vez estabilidad económica y viabilidad social y ecológica si se encara y tematiza intensamente este punto ciego. En otras palabras: se debe persuadir a importantes actores, sobre una base tanto argumentativa como empírica, de que el futuro sucede, en primer lugar, en el propio país y en la propia región.

Como señala Hans Jurgen Burchardt en una reciente colaboración para “Nueva Sociedad”; América Latina seguirá teniendo un papel destacado en la tarea central de nuestro siglo: conciliar cohesión social con sostenibilidad ambiental. Esta responsabilidad puede ser asumida de maneras diferentes, pero América Latina ha dado siempre respuestas creativas en tiempos de crisis. Es hora de que la región tome conciencia de sí misma. 500 años después del «descubrimiento», ha llegado el momento de que América Latina se encuentre a sí misma y se redefina una vez más. No hacer la tarea sea esta vez desastroso.

    * Publicado en el diario, “Hidrocálido”.  /27.11.2019

Armando Alonso de Alba

Poeta y periodista hidrocálido.

Armando Alonso de Alba

Poeta y periodista hidrocálido.

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