Cuando cobrar es censurar: lo que la Corte le acaba de decir a Aguascalientes (y por qué debería importarte)

Cuando cobrar es censurar: lo que la Corte le acaba de decir a Aguascalientes (y por qué debería importarte)

Hay decisiones que pasan desapercibidas hasta que entiendes lo que realmente significan. El 18 de marzo de 2026, la Suprema Corte tomó una de esas decisiones que no hacen ruido en redes, pero que dicen mucho sobre cómo funciona —o se distorsiona— el poder a nivel local: invalidó los cobros que varios municipios de Aguascalientes estaban imponiendo para entregar información pública.

Dicho en simple: te estaban cobrando por ejercer un derecho. Y no cualquier derecho. Uno básico en una democracia: saber.

Porque aquí está el fondo del problema: cuando el acceso a la información tiene precio, deja de ser un derecho… y se convierte en un filtro.

Un filtro económico.

Uno que separa a quienes pueden pagar por saber, de quienes simplemente se quedan en la opacidad. El truco que ya se volvió costumbre. Esto no es un error aislado. Es una práctica que se repite cada año.

Los congresos locales aprueban leyes de ingresos municipales y, casi como si fuera rutina, incluyen tarifas por copias, digitalización o búsquedas de información. En papel suena técnico. En la práctica, no lo es.

Porque esas tarifas rara vez tienen que ver con el costo real.

¿El resultado? Lo que debería costar centavos, termina costando decenas o cientos de pesos. Y ahí es donde ocurre algo clave: ya no estás pagando por papel o tinta… estás pagando por acceder a la información. Y eso, desde la Constitución, está prohibido.

Lo que la Corte dejó claro (sin rodeos)

La Corte no inventó nada nuevo. Solo recordó algo que muchos prefieren ignorar:

El acceso a la información es gratuito. No tienes que justificar para qué la quieres. Y nadie puede condicionarlo a tu capacidad de pago.

Sí, se puede cobrar por reproducir documentos. Pero únicamente el costo real del material. Nada más. Nada de tarifas infladas. Nada de “cuotas administrativas”. Nada de convertir un derecho en una caja chica.

Porque en el momento en que el cobro supera el costo real, deja de ser recuperación… y se convierte en una barrera.

Los números que explican la trampa

La sentencia revela algo más que cifras: revela una lógica.

Copias certificadas a $27 pesos. Digitalizaciones en CD a $20 pesos la primera página.

Búsquedas catastrales en casi $200 pesos.

Piénsalo así: acceder a información básica podría costarte lo equivalente a varios días de salario. No es un detalle técnico. Es un mensaje claro: no todos están invitados a saber.

El verdadero problema no es el cobro… es lo que provoca Aquí es donde la discusión se vuelve más incómoda. Porque estos cobros no afectan a todos por igual. Una empresa, un despacho jurídico o un actor con recursos puede absorberlos sin problema. Pero el ciudadano que quiere investigar una obra pública sospechosa, documentar una irregularidad o simplemente entender qué pasa en su municipio, eso sí lo piensa dos veces. Y muchas veces, se detiene porque acceder a la información pública solo para quien pueda pagarla.

Ahí es donde el cobro se convierte en algo más que un trámite: se vuelve un mecanismo de opacidad selectiva. Una forma elegante y legal en apariencia de cerrar la puerta sin decir “no”.

El mensaje al Congreso: ya no hay pretexto

La Corte no solo anuló tarifas. También lanzó una advertencia. El Congreso de Aguascalientes tendrá que dejar de improvisar y empezar a justificar, con datos reales, cualquier cobro futuro. Detalle que se antoja poco probable de un congreso dedicado a la pirotecnia, escándalos y ocurrencias improvisadas.

Porque si repiten el mismo esquema, el camino ya está trazado: la inconstitucionalidad es prácticamente automática. Ya que el problema es que esto ya lo hemos visto antes. Año con año las mismas prácticas reaparecen. Cambian cifras, cambian municipios pero la lógica sigue intacta. Mientras eso no cambie, el conflicto tampoco.

Lo que realmente está en juego

Esto no va de copias, discos o formatos. Va de algo más profundo: quién puede acceder a la información y quién no. Porque la información pública no es un servicio. No es un trámite más. Es poder. Y cuando ese poder se condiciona con dinero, lo que se erosiona no es solo un derecho… es la posibilidad misma de vigilar al poder.

La idea clave (la que incomoda) El derecho a saber no puede tener precio. Y si hay que repetirlo en 2026, el problema ya no es jurídico. Es político, un congreso que privilegia la opacidad, la falta de transparencia y el nulo combate a la corrupción.

Joahana Bolaños

Abogada litigante y Maestra en Psicoterapia Gestalt. Ex Coordinadora Académica en la Universidad de la República Mexicana. Docente en la Universidad Valle de México Campus Tlalpan y en la Universidad Tecnológica de México Campus Sur.

Joahana Bolaños

Abogada litigante y Maestra en Psicoterapia Gestalt. Ex Coordinadora Académica en la Universidad de la República Mexicana. Docente en la Universidad Valle de México Campus Tlalpan y en la Universidad Tecnológica de México Campus Sur.

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