El futuro, como agua entre las manos

El futuro, como agua entre las manos

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Conocemos de la grave crisis del agua hace más de 20 años, gracias a científicos y académicos, y a organismos nacionales e internacionales que nos advirtieron de las graves consecuencias de esta crisis, pero la nueva normalidad hídrica se nos instaló en casa. Ahora las prioridades y urgencias son distintas, ya no es tomar medidas solo para enfrentar este nuevo entorno, lo importante hoy es prepararnos para convivir o sobrevivir a las consecuencias hídricas que ya no podemos controlar.

El racionamiento y peor aún la carencia de agua en los campos o la falta de abastecimiento del agua potable en las grandes ciudades será inevitable, como lo están viviendo ya algunas localidades rurales del país, al igual que las inundaciones, deslave y otros eventos imprevisibles que han acarreado la pérdida de vidas humanas y arrasado localidades. También el agua en el corto plazo, su escasez, contribuirá a las migraciones.

En un informe de primera importancia de la ONU que se publicará en este año 2022, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) pronostica que la “vida en la Tierra se alterará de forma irreversible y dramática en los próximos 30 años si no se toman medidas drásticas ahora mismo, agravando desde la escasez de agua y la malnutrición hasta los éxodos y la extinción de especies» y sigue, los impactos devastadores sobre la naturaleza y el hombre se acelerarán independientemente del ritmo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero que se logre obtener.

EL DESTINO NOS ALCANZÓ. Otros diagnósticos de expertos europeos y latinoamericanos nos lo dicen: Hagamos lo que hagamos nos enfrentaremos a la falta de agua potable en ciertos períodos en las grandes ciudades, porque no será un problemas de inversiones o de eficiencia, simplemente no habrá agua. Los ciclos naturales del agua son bastante variables con mayor razón cuando hay escasez y no tienen el mismo comportamiento del consumos humano que es mas estable y permanente

Ante esto último, es difícil tratar de entender por qué, frente a estos graves y evidentes efectos que enfrentamos, tanto de origen climático como de la forma en que la usamos, repartimos, consumimos y tratamos el agua, sabiendo que ponemos en riesgo la vida, la salud de la población y el medio ambiente del país sin avanzar en nuestra adaptación. Baste decir que tanto a nivel federal como estatal, en los últimos 30 o 40 años, no han existido iniciativas significativas o propuestas concretas para realizar planes de trabajo o de emergencia u hojas de ruta para realizar los cambios necesarios para adaptarnos a los nuevos escenarios hídricos y evitar los impactos negativos que estamos viviendo. Más aún, en los actuales programas gubernamentales,  hasta el momento, tampoco existen propuestas de reformas al agua, salvo declaraciones, ideas sueltas que manifiestan intenciones más que convicciones y no se saben cómo se implementarán y para qué, quién las realizará, cuanto costarán, etc.

Falta de liderazgo y ambiciones desmedidas

La falta de liderazgo del Estado y la oposición de algunos sectores productivos que ven una amenaza en los cambios, acompañado de la falta de diálogo, ha impedido lograr consensos básicos para poder avanzar como se requería, pero ya es tarde, las prioridades de corto plazo hoy también deben estar en prepararnos más en las consecuencias que tendrán para el país

La ausencia del Estado en el conflicto de los recursos hídricos, la falta de liderazgo y la actitud individual y lucrativa por parte de los dueños de derechos de aprovechamiento de aguas y desarrolladores urbanos han permitido que cada sector productivo de acuerdo a sus capacidades e interese busquen sus propias soluciones aun cuando afecte o impacte la reserva, los ecosistemas, a la comunidad y a otros usuarios, que generalmente son los más vulnerables y quienes terminan más dañados.

El agua es un recurso distinto al energético y más complejo de resolver, a diferencia de la energía que es un producto que ha permitido ampliar la oferta con nuevas tecnologías. En el caso del agua que es un recurso natural, la opción de modificar la oferta en forma significativa aún no es viable y solo queda al corto plazo intervenir la demanda. Una reforma que intervengan la demanda del agua cuando la oferta disminuye, al menos al corto plazo, no es rentable política y económicamente.

En tanto esto no suceda, la política seguirá esperando, el Estado seguirá ausente y los grandes usuarios oponiéndose a las reformas estructurales. El Foro Económico Mundial y otras instituciones calculan que para 2030 habrá una demanda 40% más alta, que el planeta no podrá suministrar.

Eso afectará la agricultura, lo que aumentará los precios de los alimentos.

Y, como señala el geólogo Ian Steward, no es difícil imaginarse que si no se encuentra una solución pronto, la posibilidad de que estallen guerras por agua dulce es alta.

Se nos va el futuro, como agua entre las manos.

Publicado en “Hidrocálido”. 23.03.2022

 

Armando Alonso de Alba

Poeta y periodista hidrocálido.

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