Impresiones del plan económico de contingencia de AMLO: Lo que cambia en tiempos del coronavirus.

Impresiones del plan económico de contingencia de AMLO: Lo que cambia en tiempos del coronavirus.

Lo que se vivió ayer en medio de la expectativa del anuncio de medidas para atenuar los efectos económicos por el advenimiento de la pandemia por el virus COVID-19, con el llamado “Informe del Presidente de la República al pueblo de México”, que emitiera por la tarde del domingo 5 de abril el titular del ejecutivo, Andrés Manuel López Obrador, bien puede ser recordado por representar el primer gran cisma entre el rumbo del obradorismo que soporta la 4T y las practicas del viejo régimen neoliberal.

Y es que en medio de las prevenciones sanitarias para aplanar la curva infecciosa, fue muy obvio que al menos las mil familias que componen la oligarquía nacional se frotaban las manos fuertemente en espera de medidas para ellos favorables, luego de un par de semanas de cuarentena decretada, en que junto con todos sus merolicos, arreciaron hasta atiborrar las redes sociales y los medios masivos, mintiendo descaradamente con mensajes alarmistas sobre la economía del país y las medidas para contener el aún leve contagio.

Fieles a su costumbre política, muy seguramente reforzada por las prácticas judío cristianas arraigadas en nuestra mexicanidad, yacían cual arrodillados en espera del perdón, esperanzados en que llegaría finalmente la redención luego de tanto reclamo, acaecidos a lo largo del par de meses que se apretaron económicamente por la contingencia sanitaria. Como antaño, habían hecho lo mejor que saben hacer, omitir y dejar al supuesto de los incautos la interpretación de las cosas. Hubo de todas las posturas, desde los engreídos que manoteaban al presidente queriendo apantallar con sus ínfulas de poderosos, hasta los que sumisos esperaban oportunidad para exhibir sus mayores habilidades en el particular arte de la felación. A estas alturas para muchos ciudadanos comunes cualquier penitencia representaría poca cosa luego de ver tanta mentira y falsedad, que sin mucho afán, puede clasificarse de golpista.

Sin embargo, aún con los reclamos y la presión adicional que significa el incremento en el valor del billete verde, el gobierno de México optó nuevamente por beneficiar a las mayorías, generando un contrasentido frontal a las políticas neoliberales que privilegian la acumulación de los más pudientes; fortaleciendo las medidas distributivas que ya se venían ejecutando desde inicios del sexenio, entre las que destacan: El anticipo de 42 MMDP equivalentes a 4 meses en apoyos para 8 millones de adultos mayores, 10 y medio de becas destinadas a estudiantes de todos los niveles escolares, apoyos adicionales para el mantenimiento de 31 mil planteles escolares, otorgamiento de créditos a trabajadores del Estado con fondos del ISSSTE, o los 25 MMDP adicionales para infraestructura y la construcción de 50 mil viviendas, o el mantener el precio de los combustibles; así como los clásicos ya conocidos en las líneas discursivas de la 4T, de no incrementar impuestos, la austeridad republicana, el nulo incremento de la deuda y la continuidad del gasto en obra pública. Entre las novedades, que también se había anunciado un par de días antes, se encuentra la extinción de fideicomisos sin estructura orgánica por un monto de 181 MMDP, dinero que la Tesorería de la Federación recibiría por este concepto, según el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP),[1] para no generar más deuda.

Las reacciones no se hicieron esperar. Todos los y las pudientes de vuelta al aspaviento y la descalificación apenas terminó el informe. Y es que básicamente, las medidas significan una desaceleración en el retorno de las ganancias de las empresas más grandes, precisamente por el bajo nivel adquisitivo del sector al que benefician. Quienes entienden de economía mexicana, saben que el 50% de los 5 millones de unidades económicas del país son tiendas de abarrotes, así como también saben que más del 90% de las empresas son Pymes que generan más del 50% del PIB, aportando alrededor del 70% del empleo dentro de una base de contribuyentes que ronda los 60 millones. También por eso AMLO anunció la semana pasada un millón de créditos de $25,000 pesos para los pequeños negocios, como medida para enfrentar la pandemia que se vive.

Es decir, la apuesta es por el mercado interno, generado por los miles de pequeños negocios que producen la mayoría del PIB. Esta ruta del dinero gubernamental, ralentiza la llegada de ganancias a las grandes empresas porque intermediariza el dinero en muchas manos y alarga el ciclo del gasto, priorizando las transacciones en efectivo y el flujo de pequeñas cantidades, fortaleciendo los ingresos no fijos.

Para entender, hagamos una comparación. Con las políticas neoliberales se privilegiaba apoyar a las grandes empresas (más de 250 empleados) que por lo regular, son financiadas por sus proveedores (depositan a 60 y 90 días) y se dedican a pagar sueldos mínimos (fijos), mientras acumulan importantes márgenes de ganancia, que por lo regular no se quedan o reinvierten en México directamente, porque mucho de ese dinero termina en cuentas extranjeras de inversión fija, o se dedica al gasto suntuoso de importación; empresas que además, eran exentas de importantes volúmenes tributarios y como sabemos, eran en muchos casos ligadas multifactorialmente a políticos corruptos. Con las medidas implementadas ahora por el gobierno federal, se apoya por una parte la producción de los pequeños empresarios y a los comerciantes (menos de 50 empleados) que viven al día, que por lo regular no tienen acceso a grandes créditos y que sus operaciones se realizan en efectivo (como popularmente se dice “al chas chas”) con sus proveedores, que generalmente también son empresas medianas. Ellos son los que más pagan el total del 53% de la tasa tributaria del país. Asimismo la mayoría de su gasto fuera del negocio está centrado al consumo de primera necesidad, como lo es alimentación, servicios, vivienda, salud, transporte, educación; y el remanente de sus ganancias lo reinvierten en sus negocios o va a parar a cuentas de ahorro e inversión nacionales. Por otro lado con la universalización de las pensiones y becas, se apoya a los ancianos y a los estudiantes, que en cuyo caso producen menos pero que también pagan los traslados no facturados del IVA (Impuesto al valor agregado), que como sabemos es una carga fiscal sobre el consumo, que termina impactando el precio final de los productos. En ambos casos la medida atiende las condiciones materiales para que quienes no pueden estar insertos en el mercado, también tengan posibilidad adquisitiva.

En suma, lo que hizo el presidente es poner el dinero en el mercado, pero en manos de la gente humilde, no de los pudientes. Eso es evidentemente lo que ha causado malestar. Pues parece que los grandes empresarios olvidan sus pecaditos o pretenden que se les perdonen reiterando las costumbres de su fe. Esas malas prácticas que se tenían por costumbre de auxiliar con unos millonsitos para “rescatar” a cuenta de nada a los grandes consorcios sin importar su historial displicente o incluso criminal, pues en algunos casos eran quebrados intencionalmente.

Y es que aun pretextando las dificultades de la pandemia, ¿Con qué cara hoy piden apoyos los que están investigados por complicidad en el robo de combustible, o los que se les conocieron montos millonarios por evasión fiscal, así como por evitar o engañar en el pago al IMSS o el INFONAVIT, o tienen sus archivos llenos de renuncias “voluntarias”? ¿Con qué cara vienen los que en sus flamantes empresas tenían la puerta trasera de las facturadoras? ¿Con qué cara piden respaldo los bancos que toda la vida han sido rescatados y cobran casi tanto como agiotistas?

Sin que esto suene a revanchismo o que lo sea, es evidente que el soporte financiero que tendrán que realizar las grandes empresas para paliar los efectos del COVID-19, provendrá de sus propias finanzas y ahorros, literalmente como lo ha hecho siempre cualquiera de los pequeños, de los de abajo, pues la apuesta del gobierno es muy clara: Es por ellos y con ellos. Y por lo visto el presidente está decidido a no coludir al estado mexicano en la corrupción fiscal.

Finalmente debo apuntar a dos efectos inesperados pero reveladores de la cuarentena que curiosamente llevan relación con los criterios facticos de las medidas gubernamentales. Me refiero a la revalorización de las profesiones y a todo aquello que el capitalismo no paga por mano de obra en servicios de cuidado.

Lo primero tal cual lo es, significa que hemos abierto un poco los ojos frente a las actividades productivas y la construcción de su valor en la sociedad, empezando por obviedad con los servicios de salud frente a otras actividades, ya de ocio o placer que evidentemente condicionaban nuestro gasto en bienes de consumo hasta hace unas semanas prioritarios para algunos. La deconstrucción de la utilidad de tales bienes que hoy ya se tasan secundarios, es porque entendemos que es más importante un médico, un maestro o incluso alguien dedicado a la cultura o al arte, por la utilidad social que aporta su actividad y el beneficio tangible o intangible que recibimos de ella. Por eso ahora nadie cuestiona el gasto de salud o su necesaria universalidad como se hacía antes. Seguramente luego de la bacanal que algunos procuren al terminar las medidas sanitarias preventivas, habrá quienes en medio de la euforia sabrán aquilatar con mayor ahínco lo que les dejó la literatura, la educación o la buena salud que les dejó ciencia en estos días.

Lo segundo es la enorme visibilización de todo aquello que el capitalismo ha ocultado como una “obligación natural” pero que finalmente es un valor que se traslada adicionado a las fuerzas vivificantes del trabajador y que termina acumulado en la tasa de ganancia de lo producido. Me refiero a la mano de obra en servicios de cuidado que realizan principalmente las mujeres en la procuración del hogar y las personas, así como algunas tareas similares que realizan los ancianos que aún pueden. Y es que dicho a modo de queja o como cumplido para estimular a algunos hombres que jamás las habían realizado, se han manifestado visibles este cúmulo de actividades que evidentemente están destinadas a procurar el bienestar y la continuidad de la vida, y en particular la vida productiva. Desde cambiar un pañal en cualquiera de los extremos de la edad, pasando por preparar los alimentos, el aseo del hogar o las compras, todo es tiempo y fuerzas (vida al final) de alguien que las termina desgastando y depositando en la potencia para que alguien más concurra a las actividades productivas del mercado. La indiscriminada presencia de estas actividades y la dolosa ceguera del mercado (de por sí manco para muchos) ha sido permanente durante al menos los últimos 500 años, si consideramos el mercantilismo como los primeros rasgos de nuestra sociedad moderna. Es un débito histórico y material que los Estados tienen en general para con sus ciudadanos, y en particular, mayoritariamente para con las mujeres; ya como regulación normativa o acción compensatoria directa. En esa lógica, mínimamente cualquier empresa debería de aportar sin restricción a la pareja de sus obreros, pues son ellos y ellas los que garantizan en muchos casos que sus fuerzas vivificantes estén íntegras en un organismo saludable dispuestas para la producción. En ese mismo sentido, un Estado responsable también tendría que aportar de igual forma. Los servicios extensivos de salud para los cónyuges de los trabajadores son apenas la cara más primitiva de este derecho.

Y aun así, hay obscenos que no se limitan aduciendo que ayer no se presentaron medidas ningunas y que debería entregarse dinero en un plan de rescate a las empresas, cuando ellos no se saben ni freírse un huevo. Pifia de tipos, la verdad.

  1. https://heraldodemexico.com.mx/mer-k-2/fideicomisos-dejan-181-mmdp/

Manuel González

Politólogo egresado de la UAA. Maestría en Análisis y Visualización de Datos Masivos por la Universidad Internacional de la Rioja

Manuel González

Politólogo egresado de la UAA. Maestría en Análisis y Visualización de Datos Masivos por la Universidad Internacional de la Rioja

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