José José, el adiós al príncipe

José José, el adiós al príncipe

[bctt tweet=»Murió el artista José José, pero su legado ahí está en cientos de canciones grabadas, películas y programas de televisión en los que participó y que gracias al video, ahí queda para las futuras generaciones. » username=»crisolhoy»]

 

José José

 

José José: ha muerto un grande la canción

 

Al margen de datos biográficos, que en los próximos días se reproducirán como la espuma, quiero señalar la enorme importancia de José José en el ámbito musical, no sólo de nuestro país, sino del mundo hispano.

Duele saber que un artista de esa calidad ha muerto, sí, pero es mucho más doloroso reconocer que lo que hizo que perdiera esa voz inigualable fueron las drogas, legales e ilegales. El alcoholismo de que hizo gala durante años, y del que parecía recuperarse para volver a recaer una y otra vez.

Pero José Rómulo Sosa Ortiz fue y es tan grande, que hasta no ser vencido por el cáncer, ya sin voz seguía convocando al público que no cesaba de aplaudirle pese a que su afonía lo fue desdibujando cada vez más. Y no era que el público que había pagado un boleto por escucharlo se diera cuenta que le estafaban pues ya José José no emitía sonido musical alguno por momentos, no; era tan claro y genuino el amor del público por su ídolo, que la gente que pagaba un boleto por «oírlo» en sus últimos conciertos, sabía perfectamente que su artista ya no iba a poder cantar ni siquiera medianamente alguno de sus cientos de éxitos que habían comenzado en 1969 con “La nave del olvido”, de Dino Ramos, y que se consolidó en aquel marzo de 1970 con “El triste”, de Roberto Cantoral en el II Festival de la Canción Latina, predecesor del Festival OTI, pero distinto de éste.

Todos conocemos la historia de éxito y posterior desenfreno en la vida y carrera del hoy desaparecido cantante, lo que pocos saben o han notado, es que a José José jamás se le escuchó respirar. Me explico: a la gran mayoría de los cantantes, dada la cercanía con el micrófono, cuando cantan se escucha (en algunos llega a ser desagradable) como jalan aire para continuar cantando; no en José José, que si algo le aprendió a su padre, el tenor José Sosa, fue a respirar adecuadamente, así como a la musicalidad que imprimía a todas las piezas que cantó en su vida, que hoy llega a su fin.

Imposible saber si el tratamiento médico que estaba siguiendo en México, y del cual fue separado abruptamente por su hija Sara, le hubiese salvado o al menos dado un poco más de vida. Lo cierto es que aquí se le veía mejorar, si bien muy despacio, día a día. Allá en los Estados Unidos, el deterioro fue franco aunque si a sus hijos no les era permitido verle, pues a los simples mortales, menos.

Conocido por muchos como El príncipe de la canción, deja ahora el trono vacante y no vemos ni ahora, ni en el futuro inmediato un digno sucesor.

Murió el artista, pero su legado ahí está en cientos de canciones grabadas, películas y programas de televisión en los que participó y que gracias al video, ahí queda para las futuras generaciones.

Descanse en paz, José José.

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

Jesús Consuelo Tamayo

Estudió la carrera de música en el Conservatorio Las Rosas, en Morelia. Ejerce la docencia desde 1980 Dirigió el Coro de Cámara Aguascalientes desde 1982, hasta su disolución, el año 2003. Fue Coordinador de la Escuela Profesional Vespertina, del Centro de Estudios musicales Manuel M. Ponce de 1988 a 1990. Ha compuesto piezas musicales, y realizado innumerables arreglos corales e instrumentales. Ha escrito los siguientes libros: Reflejos, poesía (2000); Poesía Concertante, (2001); Guillotinas, poesía (2002); A lápiz, poesía (2004); Renuevos de sombra, poesía (inédito); Detective por error y otro cuentos (2005); Más cuentos (inédito); Bernardo a través del espejo, teatro (2006); Tarde de toros, poesía (2013).

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