Mi cátedra en una hoja

Mi cátedra en una hoja

[bctt tweet=»Las palabras son extensas y  hacen delirar entendí del subsuelo mental de Dostoievski. » username=»crisolhoy»]

 

(Sentencias para un programa tardó moderno de psicología)

 

Muy pocos son capaces de imaginarse la realidad le leí a Goethe. Por esto, no se llega muy lejos sin libros ni maestros.

En la antigua Grecia están los tesoros del significado de la existencia entendí de Hölderlin.

La razón no alcanza a la realidad interpreté de Kant. La realidad se construye con conocimiento.

Lo real es el cuerpo, el  cuerpo es la voluntad que empuja y no se puede apalabrar. El hombre es un delirio que razona equivocadamente sus ansias de inmortalidad. Shopenhauer destruyó mi vanidad.

La razón es contradictoria, debe buscar la negación de lo que afirma; lo aprendí del ilustrado Hegel.

Las palabras son extensas y  hacen delirar entendí del subsuelo mental de Dostoievski. 

Los hechos son interpretaciones lo dialogue imaginariamente con Nietzsche.

La realidad para quien la  interpreta (este maldito yo) , tiene la estructura de un delirio esquizofrénico aprendí de: Artaud y Deleuze. El deseo de producir creció como un tumor en el yo.

Las palabras tienen una historia, un devenir, un sentido que se transforma, las palabras y el ser son parecidas a la metáfora de Heráclito : un río de metáforas y metonimias.

Las palabras son mi imposible intento por atrapar los sucesos de mi vida, y este fugaz intento no puede si quiera utilizar la totalidad de las palabras del diccionario de mi lengua materna. Mi intento de si quiera escribir mi vida está brutalmente limitado como Wittgenstein me enseñó,  a la cantidad de palabras que mi mente alcance a rescatar de los libros.

La realidad son las palabras que me hacen imaginar que existe otro al cual referirme. Tu lector eres el sentido de mis palabras, se puede dejar de creer en Dios pero no en el hombre; esto último  significa el hundimiento en el silencio, el retorno a el ánima animal, quedar reducido a el sonido del silencio, al cuerpo sin sujeto, a ser una casa sin habitantes, un yo sin sentido alguno, abismo infinito y obscuro, una metáfora del  más profundo nihilismo, dejar de hablar es anticipar nuestra muerte. Mis palabras son el último resto que desaparecerá de mí, no será la materia inmunda y putrefacta, serán palabras comunes: corrientes, coloquiales, insignificantes, dolientes, punzantes, lo último que quedará de mí,  será el aullido de mis versos. 

Alejandro Marengo

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

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