Sexualidad, racismo y Poder

Sexualidad, racismo y Poder

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Conforme el <<poder>> encontró justificación en la fuerza de los discursos jurídicos y la aparición de los cuerpos burocráticos, inicia la inquietud del <<poder>> mismo, de una necesidad de “clasificar”, “agrupar” y “normatizar” por medio de las leyes las conductas y hábitos de todos los individuos en todas las esferas del orden <<público>> y <<privado>>. Buscando controlar principalmente la reproducción de los individuos quien ostenta el poder, genera discursos basados y sustentados en órdenes religiosos, morales, filosóficos y biológicos, mediante la implementación de sistemas jurídicos que tratan de controlar al mismo instante el <<tiempo>>, <<espacio>> y <<uso de los cuerpos>> de los individuos y colectivo, bajo principios de un interés superior que encuentra su motivador inicial en el <<miedo a las diferencias>> y su factor de agrupación por semejanzas de producción de <<etnocentrismo>> permite a los individuos ceder y aceptar un <<contrato social>>, que facilite a los individuos la toma de decisiones en su vida diaria.

La pérdida de la libertad individual genera seguridad en los individuos ya que los hace suponer que forman parte de un “cuerpo social” homogéneo que no les es diferente en sus usos y costumbres. Estos mecanismos de control establecidos desde el <<poder>> y que se aplican a a los individuos se extiende como manto protector en la definición de los principios que rigen la <<reproducción>> <<social>> y <<biológica>> de la especie que vive en colectivo. Siempre latente y escondidos dos discursos antagónicos productores de los elementos del desarrollo de la misma vida; el instinto de de conservación enfrentado simultáneamente al instinto innovación que permite a los sujetos “adaptarse y cambiar” ante las eventualidades.  Fuerzas que el  <<poder>> por el <<poder>> mismo, trata de someter y normatizar para evitar los cambios al sistema mismo que le da <<control>> y <<gobernanza>> a la “institución del poder” sobre los individuos.   Y así se inserta en las sociedades el <<biopoder>>. Modo de ejercer a los individuos un control desde el <<estado moderno>>; una censura que desequilibra las relaciones y permite la dominación de unos sobre otros, basados en la diferencias de edad, sexo y/o raza, permitiendo al <<poder>> normatizar y regir sobre la vida de todos por miedo a la amenaza de la pérdida de misma de la aparente “normalidad de las cosas”, ya que lo que se trata de evitar a toda costa es la “DIFERENCIA”.

Por ello los grupos de poder motivan la agrupación de individuos con valores conservadores para que nutran a la vida pública de elementos discursivos que fomenten en los individuos ha aceptar la intervención del estado en la esfera privada y volviendo cuestiones íntimas decisiones públicas.     

Por estos principios lo primero que las sociales se pusieron en mente como tarea principal y con el fin de conservar y reproducir su <<poder>>; fue el controlar la sexualidad de sus individuos estableciendo leyes y normas que rigieron el comportamiento y hábitos de los mismos, rechazando a los diferentes o anormales y dotándolos a ellos de clasificaciones estigmatizadas de <<sinrazón>> para que en el proceso de señalar, separar y agrupar a los individuos <<anormales>> se les condene al ostracismo fuera del grupo social o a la condena de su extinción. Así la <<sexualidad>> se convirtió en el algo que podía ser regido por el poder del estado y convertido en dominio público por mediación de las leyes; el estado como poder organizado se dio a la tarea de normarlo y crearon imaginarios sociales mediante discursos biologicistas y psicológicos el reconocimiento de las enfermedades y desviaciones que los individuos en sus prácticas sexuales podían o no realizar con el uso de su cuerpo o en su defecto erradicar el problema mediante procesos quirúrgicos o por asesinato.  

Contradictorio pareciera que los grupos que dicen defender la “vida” desde el primer momento de la concepción, sean los mismos grupos que están dispuestos a legislar a favor de las penas capitales, pero desde el planteamiento de estos principios de la tecnología del poder, vemos que sus motivos creadores son complementarios y autoafirmativos como elementos de conservación y normatización de la vida en sociedad por el miedo a la “diferencia” y la facilidad que permite al individuo no responsabilizarse de sus actos gracias al uso de las costumbres.

El racismo y el control de la sexualidad funcionan por los mismos mediadores discursivos.

Parafraseando a Foucault: Donde haya una sociedad de normalización sustentada en el poder del miedo a la DIFERENCIA, existirá un biopoder que ejercerá presión sobre los usos de los cuerpos, estableciendo un orden rector de conducta social para los individuos que estén dispuestos a entregarse sin cuestionar al establecimiento de una “normalidad” aunque sea artificial del orden de la vida. Permitiendo incluso la libertad para quien ostente el poder organizado que para conservar las cosas como están pueda utilizar el <<poder>> de matar.

Viendo las cosas de esta forma, se comprende el actuar del presidente Trump, que por sus miedos a la diferencia, sabe que una guerra armada puede causar la muerte de muchos individuos que considera están dentro de su misma raza y costumbres por lo que establece estrategias diferentes como la guerra económica para someter al “otro” antes de la utilización de la fuerza para imponer su visión del orden de las cosas. El peligro de sujetos en el poder como Trump que centran sus decisiones en los mecanismos de conservación productos de el  <<biopoder>>, ponen en riesgo la sobrevivencia de toda una especie al querer defender y conservar lo que consideran adecuado. Pareciera que la mayoría en el planeta prefieren <<conservar>> en lugar de <<innovar>>, en ello la capacidad de la especie para matar y controlar antes que cambiar y aceptar al otro.

Ver también: El discurso de la guerra y la construcción del racismo moderno

Diego de Alba Casillas

Dr. en Ciencias Antropológicas por la UAM-I. Sociólogo de profesión por la UAA. Aprendiz de reportero.

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