Silencio y abandono
Primero las sombras,
luego la lluvia,
también pasó el polvo,
el aire y el tiempo.
Dejaron su huella de áspera rudeza
sobre el rostro terso del granito blanco.
El aliento brusco de las tempestades
huellas ha dejado sobre un libro sucio
de pastas abiertas.
Las adversidades y noches heladas
han puesto en la cripta
rasguños de olvido.
El aire reseco que viene del Norte
ha soplado intenso, casi sin descanso
sobre este recinto de incierto reposo.
Briznas de recuerdos
bailan una danza en el desenfreno;
emiten, en plena locura de la tolvanera,
el grito hilarante por el desconcierto:
Crece la yerba.
Muere la yerba
Vuela la yerba.
Renace la yerba.
El silencio, masculla su impaciencia
en el limbo perenne del otoño.
El silencio, cordel de ansiedad
que no termina de desenrollarse,
se aposenta por las noches
en infinita y muda charla con las estrellas.
De vez en vez,
el búho irrumpe el silencio nocturno.
De vez en cuando,
el cometa ilumina el monumento herrumbroso,
extendido sobre el reino de las tumbas.
He venido a la casa sin tiempo,
he vuelto para ser herido
por la filosa obsidiana del oprobio,
para ser conmovido por el páramo de fosas,
para ser arañado por la yerba muerta.
Marzo, mes del aire desconcertado,
mes del aire reseco,
del tiempo incierto,
del final de los días.
Viento polvoso de febrero y marzo,
silba entre senderos,
lija los rostros de las criptas,
los brazos de las cruces;
dobla la cintura de los cipreses
y se divierte en las espinas de los cactus.
Hermano,
el polvo de tus huesos
se amotina en el oscuro silencio que te envuelve.
Vine aquí, a tu morada postrera,
vine aquí a limpiar con mis lamentos
el reclamo del olvido.
Vine aquí,
a remover la memoria abandonada,
a retornar mi presencia en tu recinto,
a devolver la dignidad al sitial de tu reposo.
Mario Cruz Palomino
Grupo La Cofradía
Marzo 2026
A veinticinco años

