¿GENTE BUENA? ¿ASÍ COMO PARA QUÉ? 2/2

¿GENTE BUENA? ¿ASÍ COMO PARA QUÉ? 2/2

Hace unos días se presentó el libro “Rebelión Ciudadana y Justicia Fiscal. El movimiento predial de 1948 en Aguascalientes”, de la autoría del doctor Andrés Reyes Rodríguez, un texto de que pone de manifiesto la progresiva importancia del gremio ferrocarrilero. En opinión de Noé García, uno de los presentadores, junto con Socorro Ramírez, el movimiento del 48 fue una “escuela de cuadros”, que luego se pondrían en acción en el más profundo y trascendente movimiento rielero de 1958-59. Las movilizaciones en contra del incremento del predial, que vivieron un importante capítulo en la huelga de hambre realizada a las puertas del Palacio de Bellas Artes de la ciudad de México, tuvieron una enorme trascendencia, no sólo en lo ocurrido en ese momento, que vino, pasó y a otra cosa. Lo que quedó en el fondo de estas luchas fue que la sociedad aprendió a movilizarse; supo que no tenía que tolerar de manera forzosa determinadas situaciones. Noé hizo una cita del texto que recojo aquí, dada su importancia. Y dice Andrés, que por cierto es mi amigo: “La Liga de Contribuyentes fue la primera escuela de resistencia para rechazar las decisiones gubernamentales, especialmente en lo hecho y lo declarado a través de la prensa para combatir decisiones gubernamentales de carácter fiscal y, en segundo lugar, para ensayar formas de comunicación con los inconformes y estructurar una organización que serviría de mucho en los siguientes días.”

De aquí que pueda afirmarse que este movimiento hizo escuela, la sociedad aprendió pero, según señaló Noé, también el gobierno lo hizo, a procesar las movilizaciones sociales, a manejar conflictos, no forzosamente para resolverlos, pero sí para mediatizarlo.

Andrés contó la manera como tuvo conocimiento en el asunto y se interesó en él. En el proceso de revisión de la prensa local para otra investigación, fue apareciendo este otro, un tema que rompía con la idea de que somos la tierra de la gente buena, cosa que más o menos quería decir gente que no se manifiesta, no protesta, no hace huelgas, no se moviliza, es pasiva, y sin embargo ese conflicto daba cuenta de lo contrario.

En rigor ha habido muchos movimientos en Aguascalientes que muy probablemente no se conocen porque no han sido estudiados; movimientos de distintos tamaños, asuntos y trascendencias, y en todo caso este que estudia en su más reciente producción bibliográfica, es el más importante, la gran anomalía en el bucólico paisaje de Pueblo quieto (¿Quién llamó así a nuestra ciudad, acaso Enrique Rodríguez Varela, o lo habré soñado?). Andrés, para demostrar que en rigor no había tal; que esta idea de la gente buena es un mito, hizo también un recuento rápido y superficial de los conflictos que ha habido durante el siglo XX, los ejidatarios de Valladolid, la invasión de tierras semi urbanas en La Huerta, en busca de vivienda, taxistas en busca de concesiones, colonos de Bosques para evitar que les birlaran espacios públicos de aquella urbanización, etc., para concluir que nunca hemos sido lo pacíficos que se nos ha hecho creer, y entonces difícilmente se sostendría esto de gente buena como sinónimo de pasividad.

Por mi parte tengo mis dudas… Ciertamente las turbulencias han estado a la orden del día, pero también creo que hay otras situaciones que afirman el mito, le dan sustancia.

En verdad el asunto es complejo, porque toda organización social que se transforma en política democrática, más temprano que tarde recurrirá a la representación. Es imposible que todos sepamos de todo y nos ocupemos de todo. Por eso contratamos -elegimos- a los gobernantes, en todos los niveles de gobierno, pero esta delegación; esta representación, puede convertirse en un campo de lo más nebuloso que puede llevarnos a donde no queríamos y hacernos aceptar cosas que ni al caso. Por eso es importante; de la mayor trascendencia, que estos gobernantes sean honestos, inteligentes, visionarios y conozcan los ámbitos de actividad donde deberán actuar… ¡¡¡Ufff!!!

Por cierto que próximamente la sociedad será puesta a prueba en cuanto a su capacidad de organización y movilización. El motivo, usted lo sabe muy bien: el fin de la concesión del servicio de agua potable y la definición sobre quien lo operará en el futuro. Hasta donde alcanzo a vislumbrar, y en mi inútil opinión, el asunto no se está procesando ni con la debida transparencia ni con la debida participación social, por lo menos de aquellos segmentos de la sociedad organizada que podrían hacerlo. Esto puede significar que si de por sí el tema es delicado, por el profundo estrés hídrico que padecemos -¿qué agua se va a administrar y a distribuir, si ya se acaba?-, más se puede complicar con un manejo equivocado y/o favorecedor de intereses insuficientemente claros. Entonces veremos si alguien se quiere pasar de rosca y/o qué tan dejados somos, es decir, que tan de esa gente buena somos…

Noé culminó su participación afirmando que textos como este de Andrés Reyes tendrían que ser llevados a las aulas de las secundarias, de los bachilleratos y las universidades, para que todos conozcan, al menos, un fragmento de la historia de Aguascalientes, como conocen (conocemos) la de México, de la independencia, de la revolución. Por mi parte agregaría a quienes dirigen las diversas oficinas públicas del estado.

No hay pretexto para no leer, y más aún si el libro está a su disposición de manera gratuita, como es el caso. Nomás píquele a la siguiente dirección electrónica y se le va a aparecer: https://libros.uaa.mx/index.php/uaa/catalog/view/167/158/738.

Carlos Reyes Sahagún

Profesor investigador del departamento de Historia en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Cronista del municipio de Aguascalientes.

Carlos Reyes Sahagún

Profesor investigador del departamento de Historia en la Universidad Autónoma de Aguascalientes, Cronista del municipio de Aguascalientes.

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