Lo sagrado y lo insignificante

Lo sagrado y lo insignificante

[bctt tweet=»¿Por qué casi todos odian tanto la palabra fracaso si la humanidad es un fracaso continuo?» username=»crisolhoy»]

 

¿Cuántas veces creí conocer el fondo del abismo confundiéndolo con mi desencanto? A la muerte la miro de frente cada que miro el reloj, mientras el nihilismo inunda mi confusa razón, abro mi pequeña caja de Pandora y enciendo un  cigarrillo más. 

¿Cuantas palabras duras e hirientes  he pronunciado contra mí? Conforme pasan los años, se me acumulan los odios, los hubieras , los no debiste; el fracaso es el duro maestro de mi vida, es mi principio de autoridad.

¿Por qué casi todos odian tanto la palabra fracaso si la humanidad es un fracaso continuo?

La  brevedad, el camposanto, la suplica por ser recordado, la insignificancia detrás de mí,  cualquier epitafio inscrito en cualquier piedra, cualquier nombre grabado en una piedra; objetos inanimados  que son sagrados; las lápidas, el dolor mudo, la palabra escrita e inscrita hace sagradas hasta a las piedras.  Las lapidas del cementerio, son piedras ideológicamente distintas a las piedritas que pateo en el camino baldío que recorro en el paisaje  bucólico junto a mis caninos cada obsequioso amanecer, unas son sagradas otras son insignificantes.

Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie dijo Theodor Adorno. Soñé  19 años después del inicio del nuevo milenio que mis metáforas se hacían poesía, quise recordar a tantas víctimas insignificantes de todo el mundo y de todas las naciones, poner la palabra una vez más al servicio de los olvidados. 

Las  piedritas pequeñas e insignificantes, inanimadas, sin letras inscritas; las piedritas del camino pequeñas y amorfas,  solían ser el símbolo de las almas de los difuntos en las obscuras ruinas que quedaron después del genocidio que exterminio a la poesía.

 Las piedritas me recuerdan el tamaño adecuado para mi vanidad. Soñé que cada piedrita que pateaba en mis caminatas, era una de nuestras almas emigrando a otro mundo, a otra vida donde en la historia de todos aún podía existir la armonía; un mundo sin genocidas, una vida sin víctimas, la inalcanzable utopía, soñé que mis versos eran poesía.

Alejandro Marengo

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

Alejandro Marengo

Mendigo de sueños, distópico, surrealista.   La enajeción desiderativa a la mercancía dinero, se paga siempre con libertad.

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